Las heridas que pueden hacerse crónicas durante muchos años, produciendo dolor y todo tipo de mortificaciones a quienes las padecen, han encontrado la horma de su zapato.
“Gracias a nuevos procedimientos ahora podemos curar heridas difíciles a una gran cantidad de pacientes, para los cuales hace algunos años las únicas alternativas eran los medicamentos o las amputaciones. Uno de los avances es la aspiradora de presión negativa. Los resultados son increíbles. Los mismos pacientes se sorprenden de la rapidez con que se curan”, dice el Dr. Carlos Luís Trabanco, diplomado por la Junta de Cirugía y director del Centro de Heridas del Kendall Regional Medical Center de Miami.
El especialista explica que tal invento resulta efectivo en el tratamiento de heridas crónicas, que pueden haber estado abiertas inclusive durante 50 años. A esta terapia se le conoce como Vacuum Assisted Closure (VAC), que es el nombre comercial dado por la compañía KCI, una de las fabricantes de este tipo de máquinas.
Eric Torrella, representante de esta firma, explica que básicamente esta forma de terapia consiste en introducir a la herida una espuma especial granulada y porosa que tiene una sonda para drenar. Luego se cubre toda el área con una cinta que sella la herida y la piel alrededor de la misma, para que la presión que se va a aplicar no escape. Por medio de una bomba eléctrica se aplica presión negativa que succiona la herida de manera intermitente o continua. De esta forma la espuma recoge y pasa a la sonda de drenaje todo el tejido que no ha podido sanar, generalmente tejido muerto (necrótico), a la vez hace que los bordes del tejido sano se junten o peguen para que sanen. Por último, se quita la cinta de sellar y se retira la espuma que ha atrapado el tejido malo que no haya alcanzado a salir por el tubito de drenaje. Por último, se trata la herida como una lesión normal.
Otros procedimientos de alta tecnología que han resultado de gran efectividad en el tratamiento de heridas que no cierran, incluyen los injertos o grafs.
Estos injertos pueden ser de varios tipos. Los hay de piel humana gelatinosa y casi transparente desarrollada en laboratorio. Uno de los más utilizados se llama ‘apligraf’, que tiene dos capas, epidermis y dermis. Los hay también de una sola capa. No son de piel del mismo paciente, sino que son hechos con fibroblastos, o sea células cultivadas desde hace años. Con esos cultivos se puede crear piel humana que no tiene células de la sangre que podrían causar rechazo. De esta forma, no hay que poner al paciente ningún medicamento antirrechazo y funcionan en la gran mayoría de los casos.
"Los resultados son fabulosos. Pacientes que no se curaban, ahora se curan con estos injertos y muchas veces no les queda ni cicatriz. En muchos casos el dolor se elimina casi inmediatamente”, comenta el Dr. Trabando
Por otro lado hay los injertos de factor de crecimiento. Es una sustancia que sin ser piel, también se pone dentro de la herida para que estimule el nacimiento de piel nueva. Anteriormente se utilizaba factor de crecimiento extraído de la sangre del mismo paciente. Ahora se fabrica todo en laboratorio, sin necesidad de tomar nada del paciente. Es como una crema o gelatina que estimula el crecimiento del tejido en las heridas.
“Tengo ahora mismo dos casos de dos pacientes diabéticos que estaban para amputación, y gracias a la aplicación de factor de crecimiento prácticamente desarrollaron la parte posterior del pie, el talón completo. Se les salvó la pierna”, comenta el experto.
Estos tratamientos van siempre precedidos de limpieza quirúrgica de la herida, así como control de la infección por medio de antibióticos.
Otro de los avances para el tratamiento de heridas crónicas son las camas especiales que permiten programar cambios en su superficie, de tal forma que alivien la presión sobre ciertas zonas. Estas camas para hospitales y para el hogar son particularmente efectivas para el tratamiento de ‘úlceras de presión’, o ‘decúbito’; es decir, lesiones de la piel comunes en pacientes que pasan mucho tiempo en una misma posición.
Las heridas que no sanan son comunes en los pacientes con problemas vasculares. Las úlceras venosas se deben a problemas en las válvulas de las venas, que producen retención de líquido e inflamaciones e infecciones que afectan la piel. Así mismo, se pueden presentar ulceras varicosas, por complicaciones evolutivas de las varices. Otro caso común es de las úlceras arteriales, debido a falta de irrigación, lo que origina vesículas y necrosis o muerte de la piel.
Otro tipo de heridas que pueden tornarse crónicas son las que se presentan en pacientes diabéticos. La circulación de la sangre a los pies puede ser deficiente, así que se hace difícil para el cuerpo combatir las infecciones y curarse por sí mismo.
Artículo cortesía de Alfredo Arango
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