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Cirugía bariátrica: una opción para el tratamiento de la obesidad y sus enfermedades asociadas


La obesidad continúa siendo uno de los principales problemas que enfrenta la población mundial y ya no es desconocido que debido a las consecuencias que esta condición trae consigo se le considere una enfermedad y específicamente, un problema de salud pública.

El último informe publicado por la Organización Mundial de la Salud, de junio de 2012, señala que la obesidad se duplicó entre 1980 y 2008 en todas las regiones del mundo. En el caso de Panamá, el informa da cuenta de que de los 3 millones y medio de habitantes, el 60.6% padece de sobrepeso; y el 25.4% de obesidad.

Para el momento de la publicación del informe, especialistas consultados por diferentes medios de comunicación subrayaban que las cifras del organismo internacional correspondían a cuadros con información de cuatro años antes, lo que reflejaría entonces una realidad más preocupante, ya que a julio de 2012 las cifras serían mayores.

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Las estadísticas de la OMS también reflejan que anualmente mueren, como mínimo, 2,6 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso y que aunque hace unos años se consideraba un problema confinado a los países de altos ingresos, en la actualidad la obesidad también es prevalente en los países de ingresos bajos y medianos.

Por su parte, cifras del Ministerio de Salud (MINSA) dan cuenta de que uno de cada dos adultos está en una situación de sobrepeso, una condición que es un resultado acumulativo con respecto a la infancia, considerando la frecuente ingesta que lleva a cabo la población de alimentos principalmente fritos.

Asimismo, otras cifras de este organismo local indican que el 11% de los infantes en el país tiene sobrepeso, que el 25% de aquellos niños y niños que están en edad escolar están en la misma condición, así como el 27% de los adolescentes.

La obesidad es el principal factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares y otras afecciones como la dislipoproteinemia, difícil control de la hipertensión, nefropatía, retinopatía, neuropatía y cáncer.

Aproximadamente 346 millones de personas en el mundo padecen diabetes, según cifras de la OMS. De este total, el 90% tiene diabetes tipo 2 y el 85% de estos son obesos. La obesidad es el principal factor de riesgo para desarrollar diabetes tipo 2.

Respecto a las enfermedades cardiovasculares, en la actualidad el istmo centroamericano no cuenta con un estudio epidemiológico detallado de los registros de mortalidad por este tipo de afección. No obstante, indicadores de la base de datos del Sistema de Información de Enfermedades Cardiovasculares en Panamá 2001 – 2011, publicado por el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, dan cuenta de que las enfermedades cardiovasculares o circulatorias eran en 2011 la principal causa de muerte en el país.

Las mismas representaban el 27% del total de las muertes que por problemas de salud ocurrieron en Panamá durante ese año. Segregando estas cifras, las enfermedades isquémicas del corazón y la enfermedad cerebrovascular son la primera y segunda causa de muerte más frecuente, al representar el 9.9% y 7.9% del total de las muertes, respectivamente.

Definición y clasificación
El Índice de Masa Corporal es el sistema de medición que se utiliza para determinar si una persona es obesa o no y el grado de severidad de esta condición.

“El IMC en un cálculo que relaciona peso y estatura, con el que podemos determinar si el peso de una persona es saludable”, explica la cirujano general y especialista en cirugía de obesidad y metabólica Debbie Wong.

Si el IMC oscila entre 25 y 29.9, la persona tiene sobrepeso; si se ubica entre 30 y 34.9 es obeso tipo I, si está entre 35 y 39.9 obeso tipo II y si es superior a 40 o equivale a 100 libras por arriba del peso ideal es obeso tipo III o mórbido.

La especialista señala también que el perímetro abdominal a nivel de la cintura es un indicador importante en la ecuación que forma la obesidad y sus enfermedades asociadas, tales como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Si el perímetro abdominal es mayor de 40 pulgadas en los hombres y más de 35 pulgadas en las mujeres, estas personas tiene mayor riesgo de presentar problemas cardiovasculares u otras enfermedades relacionadas a la obesidad.

De acuerdo con la doctora Wong, además de la clasificación de la obesidad según el IMC, está también se puede clasificar según la distribución de la grasa en el cuerpo: obesidad androide, obesidad ginecoide y obesidad de distribución homogénea.

La primera, llamada también obesidad central o abdominal (cuerpo con forma de manzana), el exceso de grasa se localiza preferentemente en la cara, el tórax y el abdomen. “Este tipo de obesidad se asocia a un mayor riesgo de diabetes, de enfermedades cardiovasculares, dislipidemia y de mortalidad en general”, explica la doctora.

En el segundo tipo, conocido también como obesidad periférica (cuerpo en forma de pera), la grasa se acumula básicamente en la cadera y en los muslos. “Esta distribución de la grasa se relaciona principalmente con problemas de artrosis de rodilla y con problemas de retorno venoso en las extremidades inferiores, que son las llamadas varices”, comenta.

Por último, en la obesidad de distribución homogénea, como lo dice su nombre, el exceso de grasa no predomina en ninguna parte del cuerpo, si no que está distribuida de manera homogénea.

Componentes y comorbilidades
Respecto a los componentes o factores de riesgo de la obesidad, Wong señala que no se trata únicamente de mala alimentación. “En la obesidad juega un papel importante la predisposición genética, si esta existe, y los factores ambientales. El sedentarismo y la falta de actividad física también influyen mucho. Si se consume más calorías de lo que se gasta, esto contribuye en gran parte”.

“Adicionalmente, hay estudios que relacionan los malos hábitos de sueño con la obesidad, al demostrar que las personas que duermen menos de cinco horas diarias son más propensas a la ganancia de peso. Por otra parte, hay muchos medicamentos que pueden causar aumento de peso, como lo son los antidepresivos, los antihipertensivos y los hipoglucemiantes). El alcoholismo, el consumo de tabaco, los trastornos del ánimo y de la conducta alimenticia también pueden influir”, agrega.

Wong enfatiza en que cualquier explicación para la epidemia de obesidad en la actualidad debe incluir el rol de la genética, así como el del ambiente y que la explicación comúnmente usada para el aumento de la obesidad reside en la disparidad entre el factores ambientales de hoy día y la hipótesis de los “thrifty genes”, los cuales – según señala- se multiplicaban en el pasado bajo diferentes condiciones, cuando la fuentes alimenticias eran escasas e impredecibles.

“De acuerdo con la hipótesis del “thrifty genotype”, éstos mismos genes ayudaron a nuestros ancestros en los periodos de escasez de comida y ahora se ven retados en ambientes donde la comida es abundante y exagerada, en ocasiones durante todo el año. Aunque los cambios en la genética se dan muy lentamente como para ser responsables del rápido aumento de la obesidad, siguen jugando un papel importante. Los genes regulan la forma cómo nuestro cuerpo captura, almacena y libera energía de los alimentos”, precisa.

En la mayoría de las ocasiones, la obesidad cursa con diversidad de comorbilidades. Respecto a ello, la especialista en cirugía de obesidad y metabólica indica que la obesidad es una condición que predispone a múltiples problemas de salud, entre los que destacan la presión alta, la diabetes tipo 2 y la apnea obstructiva del sueño (obstrucción parcial de las vías áreas).

Asimismo, señala que la obesidad también trae consigo otro tipo de afecciones como reflujo gastroesofágico, hígado graso, problemas en las articulaciones, especialmente las rodillas y la espalda; empeoramiento de los cuadros de asma, insuficiencia venosa en las extremidades, lo que predispone a várices; además de aumentar el riesgo de padecer de ciertos tipos de cáncer, como el de colon, recto, endometrio, seno (en las mujeres post menopáusicas), próstata, páncreas y riñón, entre otros.

“El impacto de la obesidad en la cotidianidad y calidad de vida es muy grande. Los pacientes obesos que se complican médicamente, pueden tener infecciones en la piel, problemas para deambular, problemas para controlar su presión alta o diabetes. Sufren en ocasiones de problemas de autoestima, trastornos del humor incluyendo depresión, esquizofrenia, bipolaridad. A veces tienen miedo o se reservan de participar en actividades sociales por ser objeto de crítica y escrutinio por el resto de la población. Los pacientes obesos, se enferman más, por lo que pierden más días laborales. Tienen dificultad para realizar actividades diarias, que incluyen asearse, vestirse, agacharse y movilizarse”, recalca.

La cirugía: una opción de manejo
“Siendo la obesidad una enfermedad multifactorial, asimismo debe enfocarse su manejo. Se debe evaluar ampliamente los factores que contribuyen a la obesidad del paciente y ofrecer un manejo multidisciplinario. El tratamiento inicial de la obesidad debe incluir cambios en el estilo de vida, cambios en los hábitos alimenticios y tratar de incorporar la actividad física gradual a la vida del paciente”, señala Wong.

La doctora comenta que existen medicamentos que pueden ayudar al paciente a perder peso; sin embargo, los mismos tienen efectos secundarios a veces muy significativos, deben tomarse por largos periodos y siempre existe el riesgo de volver a ganar el peso perdido una vez dejan de consumirse.

Por otra parte, una vez que el paciente se encuentra en estado de obesidad mórbida u obesidad complicada médicamente; es decir, que cursa con problemas de salud como la presión alta, la diabetes tipo 2, entre otras; y ya ha intentado con el manejo médico (dieta, ejercicio y cambios en estilo de vida) y no ha podido obtener una pérdida de peso sostenida, se recomienda considerar el tratamiento quirúrgico de la obesidad.

“La cirugía bariátrica ha evolucionado mucho en los últimos años, considerándose eficaz y técnicamente segura. Hoy, las dos cirugías más comunes son la manga y el bypass gástrico laparoscópico. En ambos, no sólo hay una creación de un estómago más pequeño, que produce restricción de la cantidad de alimentos, sino que también se dan cambios hormonales que ayudan a que el paciente pierda peso, sienta saciedad y mejoren su problemas de salud”, explica.

Los pacientes que se someten a alguna de estas cirugías deben reducir el tamaño de sus porciones, consumir principalmente proteínas (carne, pollo, pescado) y mantenerse hidratados, ya que al consumir porciones más pequeñas, el consumo de líquidos es menor. Adicionalmente, deben suplementarse a diario con vitaminas, sin importar el tipo de cirugía a la que se hayan sometido e incorporar el ejercicio cardiovascular y los ejercicios de resistencia, para mejorar la elasticidad de la piel y potenciar la pérdida de peso.

La cirujana destaca que la cirugía bariátrica no es para todo el mundo. Es una herramienta para perder peso, pero es imperativo que el paciente haga cambios en su vida que favorezcan y potencien la pérdida de peso, cambiando sus hábitos de comer e incorporando la actividad física en su rutina diaria.

“Con la cirugía y posteriormente, con la pérdida de peso, el paciente experimenta muchos cambios que en última instancia ayudan a mejorar sus problemas de salud, incluso están libres de medicamentos. El paciente se siente más feliz, más motivado, se puede movilizar mejor y encuentra una segunda oportunidad de vida, convirtiéndose en una persona más enérgica, más saludable y con una mejor calidad de vida”, sentencia.

Modificado por última vez elMiércoles, 27 Abril 2016 12:20
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