La autoestima es esencial para la supervivencia psicológica. Podríamos decir que es la base de la salud mental. La estima que nos tenemos a nosotros mismos, es fundamental para la salud física y la salud mental de las personas. La salud física, es decir, el estado en que se encuentra nuestro cuerpo, está muy influido por nuestro estado de ánimo. De manera que podemos decir que lo psicológico influye en lo orgánico.
Cuando hablamos de autoestima nos referimos a la opinión, idea, valor, sentimiento o concepto que tengo de mí misma(o). También es el conjunto de actitudes del individuo hacia sí mismo, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, hacia los rasgos de nuestro cuerpo y de nuestro carácter. Es la apreciación que nos damos a nosotros mismos. Además, es la capacidad de conocer nuestras virtudes y defectos de una manera que nos permita valorarnos como personas, aceptarnos a nosotros mismos y afirmar nuestra identidad propia.
AUTOCONCEPTO
El concepto o la imagen que el individuo tiene de sí mismo es el autoconcepto, es lo que pensamos de nosotros. Así, para cada imagen hay un valor, alto o bajo que le acompaña. Por ejemplo: Si un niño piensa que es inteligente y que puede resolver problemas, decimos que tiene un autoconcepto positivo y una autoestima alta, si por el contrario, piensa que es torpe y que todo le sale mal, entonces su autoconcepto es negativo y su autoestima es baja o pobre.
El autoconcepto y la autoestima son el resultado de la comparación mental que hacemos de nuestra persona frente a los demás, así como de lo que estos nos dicen y de las conductas que dirigen hacia nosotros. También los éxitos y los fracasos personales influyen en nuestra forma de valorarnos.
EL DE LOS DEMÁS
El individuo depende de la estima e interés de otros hacia él, para su propia estima, concepto este que inicia su formación desde muy temprana edad, a través del proceso de socialización, en el propio seno familiar a través de las experiencias que adquiere el niño con las personas que lo rodean y de los mensajes que ellos le comunican respecto a su valor como persona. Durante los primeros años la autoevaluación la aprende el niño en la familia; posteriormente intervienen otras influencias, pero estas tienden a reforzar los sentimientos de valor o falta de él que haya aprendido en el hogar, tal es el caso de maestros, profesores, amigos. etc.
Podríamos decir que la autoestima se forma del autoconcepto, o sea del concepto que tienen los demás de mí y de lo que pienso que los demás piensan de mí.
Tanto la autoestima y el autoconcepto se desprenden de mensajes repetitivos, verbales (por ejemplo, palabras, sobrenombres, frases) y no verbales (por ejemplo, miradas, tono de voz, postura corporal, actitudes), que recibimos de personas significativas (como los padres, los familiares más cercanos, los maestros y amigos) durante la niñez y adolescencia.
Dependen también del tipo de oportunidades que recibimos, de las experiencias significativas (de éxito o de fracaso) que vamos teniendo durante nuestro desarrollo a lo largo de la vida. Un chico(a) con experiencias de éxito tenderá a considerarse capaz de lograr metas; por el contrario, un chico(a) que se encuentra con el fracaso de manera repetida, tenderá a sentirse derrotado y poco capaz para vencer obstáculos.
Podemos decir que van a estar influidos en algún grado por la valoración social que caracteriza a nuestro entorno (como por ejemplo, el valor que la sociedad da a la fuerza física o cuerpo musculoso y el valor que da a la inteligencia aunque no esté dentro de un cuerpo musculoso).
La autoestima y el autoconcepto también van a estar íntimamente relacionados con los siguientes aspectos:
1. La imagen corporal interiorizada: Si físicamente no nos aceptamos a nosotros mismos; si nuestro cuerpo no es parte integral de nuestro yo, si lo rechazamos, entonces probablemente nuestro auto concepto será negativo y nuestra autoestima será baja.
2. El entorno familiar: ¿Cómo nos ven y tratan nuestros padres, hermanos y familiares más cercanos? (Por ejemplo, si nos toman en cuenta para participar en las actividades familiares o nos hacen sentir como una carga para ellos) ¿Qué tanto dejamos que hagan y decidan por nosotros y para nosotros? (Por ejemplo, si nos piden o no nuestra opinión en asuntos que nos atañen o que son tema de toda la familia; si espero que los demás decidan siempre por mí).
3. Las relaciones con los demás: ¿Cómo nos ven los demás? ¿Qué piensan de mí? ¿Cómo se relacionan conmigo? (Por ejemplo, me toman en cuenta para actividades o no me invitan nunca; si tengo o no amigos y si los que dicen que son mis amigos me visitan o no me llaman nunca) ¿Cómo creemos que impactamos la vida de los demás? ¿Tengo algo importante, interesante que ofrecer, que dar de mí a los demás o solo puedo recibir de ellos?
La autoestima sana y el autoconcepto positivo suelen venir acompañados de optimismo, esa capacidad para darse cuenta, para percibir los aspectos positivos de la realidad por muy difícil que esta sea. La persona con una autoestima sana y un autoconcepto positivo de si mismo(a) se siente con capacidad para mejorar, se propone metas y persevera, vence obstáculos y alcanza objetivos. Y, cuando no sucede así, cuando fracasa en su propósito, puede reconocer los errores cometidos sin que el valor y aprecio de sí mismo ni lo que piensa de sí, se vean afectados de manera significativa.
Existen dos tipos de autoestima: Positiva, normal, alta o buena y la otra, negativa, baja, pobre o mala.
EN LOS NIÑOS
En investigación realizada por el filósofo y psicólogo Stanley Coopersmith, con niños entre 10 y 12 años, se encontró que los niños con una elevada autoestima son más independientes, creativos, confiados en el juicio e ideas personales, valerosos, socialmente autónomos, psicológicamente estables, ansiosos y eficientes en sus actividades cotidianas.
A los niños con baja autoestima les falta confianza en sí mismos, son renuentes a expresarse en grupo, especialmente si sus ideas son nuevas o creativas, se centran más en sus problemas logrando menos relaciones interpersonales afortunadas. Se sienten incapaces, faltos de valor, ansiosos, temen ser rechazados y constantemente viven acosados por las dudas acerca de su capacidad.
ALTA AUTOVALORACIÓN
La psicóloga Virginia Satir coincide con Stanley Coopersmith, agregando que en las personas con una alta autovaloración fluyen la integridad, honestidad, responsabilidad, amor y compasión; se sienten importantes, que el mundo es un mejor lugar porque ellos están allí, tienen fe en su propia competencia y decisiones, irradian confianza y esperanza y se aceptan totalmente como seres humanos. Cuando estas personas tienen momentos difíciles y enfrentan problemas, toman estas situaciones y los sentimientos que las acompañan como algo pasajero, como una crisis momentánea de la que saldrán adelante. Aprecia debidamente su propio valor, está dispuesta a aquilatar y respetar el valor de los demás.
RECONOCER LIMITACIONES Y DEBILIDADES
La autoestima alta no significa un estado de éxito total y constante: es también reconocer las propias limitaciones y debilidades y sentir orgullo sano por las habilidades y capacidades, tener confianza en la naturaleza interna para tomar decisiones.
En verdad que todo ser humano tiene momentos difíciles, cuando el cansancio le abruma, los problemas se acumulan y el mundo y la vida le pareen entonces insoportables. Una persona con autoestima alta toma estos momentos de depresión o crisis como un reto que pronto superará para salir adelante con éxito y más fortalecida que antes, ya que lo ve como una oportunidad para conocerse aún más y promover cambios.
BAJA AUTOESTIMA
Contrariamente, los individuos con baja autoestima, piensan que valen poco, esperan ser engañados,pisoteados, menospreciados por los demás y como se anticipan a lo peor, lo atraen y generalmente les llega. Como defensa, se esconden tras su desconfianza y se hunden en su estado de soledad, temor y aislamiento, se vuelven apáticos, indiferentes hacia sí mismos y con las personas que los rodean, les resulta difícil ver, oír y pensar con claridad y por consiguiente, tienen mayor propensión a pisotear y despreciar a otros.
Cuando viven momentos difíciles y enfrentan problemas, se sienten desesperados y pueden recurrir a las drogas, alcohol, suicidio o asesinato. Los sentimientos de inseguridad e inferioridad que sufren las personas con autoestima baja, las llevan a sentir envidia y celos de lo que otros poseen, lo que difícilmente aceptan, manifestándose con actitudes de tristeza, depresión, renuncia y aparente abnegación o bien con actitudes de ansiedad, miedo, agresividad y rencor, sembrando así el sufrimiento, separando a los individuos, dividiendo parejas, familias, grupos sociales y aún naciones.
Cuando tienen éxitos, no los disfrutan porque siguen sintiendo una duda respecto a su propio valor.
Básicamente sentir una baja autoestima significa experimentar sentimientos indeseables hacia sí mismos y comportarse como si no existieran.
EXTREMOS
Existen personas que tienen excesivamente elevada la autoestima. Se creen que todo lo pueden y que no necesitan de nadie. El irse al otro extremo es indicativo de que esa persona tiene problemas de inseguridad y confianza de sí mismo y de los demás.
Coopersmith señala que los niños con alta autoestima tienen padres con alta autoestima, y amorosos mientras que los niños con baja autoestima provienen de padres con baja autoestima, rudos, hostiles, fríos, dominantes, castigadores o con reglas disciplinarias débiles y excesivamente permisivos.
El psiquiatra Eric Berne nos habló de caricias positivas y negativas. Las primeras son los elogios, piropos, halagos que nos hacen ya sea por nuestra forma de ser o nuestro físico o por algo que tenemos, mientras quelas caricias negativas son las críticas tanto en nuestra forma de ser o nuestro físico o por algo que tenemos.
TIPS PARA MEJORAR LA AUTOESTIMA
Ahora bien, todos nos preguntamos ¿Cómo podemos mejorar nuestra autoestima? He aquí algunos tips para lograrlo:
Aprendiendo a dar y a recibir caricias positivas.
Amándonos a nosotros mismos.
Reconociendo que las experiencias de haber recibido un rechazo pueden ser dolorosas, pero no tienen que repetirse.
Dándonos cuenta de que recibimos a diario más caricias positivas que negativas y que son las positivas las que nos deben importar.
AYUDA PROFESIONAL
Existen casos graves de baja autoestima que pueden afectar muchas aéreas de nuestra vida, ya sea personal o laboral, por mencionar algunas, y a su vez que podrían desencadenar en depresión, ansiedad o problemas para relacionarnos con las demás personas.
Estos casos requieren de la atención psicológica proporcionada por un psicólogo clínico.
No permita que la baja autoestima le impida disfrutar de la vida. Si cree que necesita ayuda, búsquela lo más
pronto posible. ¡Usted merece una vida mejor!.