| Escrito por , on 10-01-2007 08:59 |
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Iniciando ya la estación seca, el astro solar se muestra deslumbrante, sus cálidos, pero también quemantes rayos llegan ahora a nosotros más directamente que en épocas pretéritas; y a pesar de las lágrimas de lluvia que aún vemos caer uno que otro día, las sofocantes temperaturas empiezan a exprimir nuestros cuerpos. ¿Pero qué hay de aquellos cuya cuantía pronto alcanzará a representar el 10 % de nuestra población? Se trata de los mayores de 65 años, grupo especialmente vulnerable al calor y las altas temperaturas.
Efectivamente, aquellos mayores de 65 años que frecuentemente vemos haciendo fila en las agencias del Seguro Social los días de pago, los que rondan los parques citadinos, los que acompañan a familiares a centros comerciales o áreas de recreo, aún los que todavía funcionales recorren las avenidas a pasos lentos o manejando a 40 Km./h, los que mendigan, los enfermos, los hacinados o los que en general (preparados o no) ven discurrir sus jubilaciones día tras día; tienen por el propio proceso de envejecimiento una menor capacidad de adaptación a los cambios ambientales y son entonces más vulnerables a las lesiones por calor debido a que tienen una reducción de aproximadamente un 53 % en el contenido de agua corporal y una disminución en los mecanismos de termorregulación. Por si fuera poco la sensación de sed esta disminuida y también se reduce el proceso de sudoración. El cuerpo se mantiene fresco cuando el sudor se evapora, por lo que si el sudor no es suficiente el cuerpo no logra reducir la temperatura. Todo esto en su conjunto favorece la deshidratación crónica de éstas personas si no se adoptan medidas preventivas. Hablar de sol, calor y altas temperaturas, nos lleva a pensar también en la piel. En los adultos mayores la piel tiende a ser atrófica, es decir menos gruesa, produce menos sebo, que entre otras cosas sirve de aislante; y el número de melanocitos, células que producen el pigmento cutáneo vienen disminuyendo a razón de 10 a 20 % por cada década de vida. Estas características de la piel añosa le restan protección frente a los rayos ultra violetas con todas sus secuelas y en el tema específico que nos ocupa contribuyen a que el individuo pueda experimentar agotamiento, fatigamiento o insolación por calor. Esto sucede cuando el cuerpo se calienta demasiado ya sea por actividad física o por un clima caluroso, es la llamada hipertermia que a su vez puede desencadenar un "golpe de calor" (temperatura corporal central mayor de 40º C); evento clínico inclusive fatal si no se consigue un rápido descenso de la temperatura corporal. Son señales de un trastorno relacionado con el calor: dolor de cabeza, mareos, debilidad muscular o calambres, nauseas, vómitos. Si los vómitos se hacen frecuentes, hay piel caliente sin sudor, confusión mental y sensación de falta de aire; debe solicitarse ayuda médica. El mecanismo básico de estos trastornos es la incapacidad del cuerpo para disipar el calor. Ante un evento de ésta índole las primeras medidas incluyen: buscar un lugar más fresco, con sombra, despojarse del exceso de ropa, pasarse paños húmedos por el cuerpo y beber líquidos a sorbos lentos. En términos generales la deshidratación, muchas veces imperceptible, pero una de las más frecuentes causas de hospitalización en éste grupo etareo; una pobre condición física, el uso de ciertos medicamentos como los diuréticos o aquellos con efectos en el sistema nervioso central y las enfermedades crónicas, más frecuentes pero no exclusivas de los adultos mayores, afectan los sistemas involucrados en la regulación de la temperatura corporal; que es regida por un área del cerebro llamada hipotálamo. Por lo tanto es bueno atender las siguientes recomendaciones: utilice cremas humectantes con frecuencia, al salir no realice jornadas muy extensas, evite la exposición directa al sol sin protección entre las 10:00 a.m. y 4:00 p.m. Aplíquese bloqueador solar cada 4 horas o más seguido cada 2 horas si va al río o a la playa. Ingiera suficiente cantidad de agua (aunque no sienta sed), beba menos café, te, colas o bebidas alcohólicas y lleve consigo gorra o sombrero. Además use ropa holgada, más bien delgada y de colores claros. Los cambios del envejecimiento exigen de nuestra parte una alta dosis de autocuidado y la calidez de nuestro clima requiere precisamente de mucha prevención en el ámbito de la salud. No permitamos que el calor arruine tan excepcional época del año. Si desea contactar a este especialista, haga clic aquí. Revisado el: 10-01-2007 08:59
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