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10El dolor de espalda no es una enfermedad, sino un conjunto de condiciones patológicos que dan lugar a aflicción en esa zona. Son muchos los procesos con distintos pronósticos que pueden afectar a la columna lumbar.

Por Dr. Elías Atención
Algiología
www.inpadolor.com

La lumbalgia y la lumbociatalgia son síntomas, no enfermedades. Son manifestaciones clínicas de diversas patologías, con pronósticos diferentes,  algunos de gravedad.

Al igual que cualquier persona, uno tendrá al menos un dolor de espalda en su vida. Aunque tal dolor o molestia se puede presentar en cualquier parte de la espalda, el área afectada más común es la parte baja, debido a que esta zona soporta la mayor parte del peso corporal.

La prevalencia de dolor de espalda en la población panameña adulta ronda entre 14% y 34%, y es más frecuente entre los hombres (26%) de la población económicamente activa. Además, se registra un aumento de 32% en la población de más de 60 años.

Es una de las primeras causas de baja laboral y la segunda razón  por la que los panameños acuden al médico, superada sólo por los resfriados y la gripe.

Muchas lesiones relacionadas con la espalda suceden en el trabajo. La mayoría de los problemas de espalda mejoran por sí solos, la clave está en saber cuándo buscar ayuda médica y cuándo los cuidados personales permitirán una mejoría.

El dolor de espalda puede ser agudo (menos de un mes) o crónico (más de 3 meses). La mayoría de los episodios son benignos y autolimitados, pero recurrentes. El 7% de las lumbalgias se cronifican y consumen 85% de los recursos.

La etiología de la lumbalgia es muy compleja. Hay un número importante de pacientes cuyas quejas de dolor no se acompañan de datos objetivos que las justifiquen, lo que ha motivado el concepto de "dolor lumbar no especifico".

Como factores generadores del dolor está el estrés, la ansiedad, la insatisfacción con el trabajo y la depresión. Pocos pacientes se reincorporan  al trabajo después de una baja laboral superior a 6 meses y casi ninguno después de 2 años. 

Por lo general, la primera vez que se siente dolor de espalda es justo después de levantar un objeto pesado o luego de levantarnos de manera súbita y abrupta, tras permanecer sentados en una sola posición durante largo tiempo, por una caída o un accidente.

Cualquiera que sea la causa del dolor de espalda, este usualmente involucra espasmos y rigidez de los grandes músculos de soporte que se encuentran  a lo largo de la columna, lo que provoca situaciones incomodas.

Entre las causas responsables de dolor en la espalda se puede mencionar: osteoporosis, que no es más que pequeñas fracturas en la columna vertebral; herniación o ruptura de disco; estenosis espinal o estrechamiento del canal vertebral; distensión o desgarro de los músculos que sostienen la espalda; curvaturas de la columna  (escoliosis o cifosis) que  pueden ser heredadas y que se observan en los niños y adolescentes; entre otras condiciones médicas como la fibromialgia y esclerosis múltiple.

Muchas personas se sienten mejor después de una semana de haberse presentado el dolor de espalda y es probable que después de otras 4 a 6 semanas el dolor haya desaparecido completamente.

Una de las creencias erróneas comunes acerca del dolor de espalda es que es necesario descansar y evitar actividades durante un largo tiempo. De hecho, el descanso en cama NO es recomendable.

Más bien, se recomienda reducir la actividad física durante los dos primeros días y después de esto reiniciar gradualmente las actividades de rutina para calmar los síntomas y reducir la inflamación. Aplicar calor o frío de 48 a 72 horas en el área afectada. Tomar analgésicos anti-inflamatorios como por ejemplo ibuprofeno, acetaminofen y otros, siempre y cuando no haya trastornos hepáticos, ulceras estomacales, en cuyo caso se debe consultar con el médico.

Al momento de dormir, es recomendable tratar de acostarse en posición fetal y con una almohada entre las piernas. No se debe realizar actividades que impliquen levantar objetos pesados durante las primeras 6 semanas y evitar el ejercicio los días posteriores al inicio del dolor.

Se debe consultar al médico si se ha perdido el control de la vejiga y del intestino; si presenta fiebre inexplicable; enrojecimiento o inflamación en la espalda; pérdida de peso involuntaria y debilidad o entumecimiento de las caderas, muslos, piernas o pelvis.

La orientación diagnóstica debe y puede hacerse inicialmente por la clínica, y de la clínica deducir las pruebas complementarias a solicitar.

Consideramos fundamental la concordancia entre la clínica, la exploración física y las imágenes para llegar a un diagnóstico preciso.

La mayoría de las personas se recuperan entre 4 y 6 semanas, por lo tanto es probable que en la primera cita el médico no ordene ningún tipo de examen.

Entre algunos de los exámenes que se pueden ordenar se incluyen radiografías, tomografía axial computarizada y resonancia magnética nuclear de la columna lumbosacral.

La hospitalización, la tracción o la cirugía de columna deben considerarse sólo si presenta lesión del nervio o radiculopatía; o si la enfermedad no se cura después de 6 semanas, por lo que el médico de atención primaria lo referirá  a un especialista en columna.

Muchas personas se han beneficiado de la fisioterapia para reducir el dolor y posteriormente le enseñara al paciente la manera de prevenir un nuevo  dolor de espalda.

La prevención en el dolor de espalda juega un papel importante en no permitir la cronicidad. Para ello, se debe mejorar la postura, fortalecer la espalda y mejorar la flexibilidad. Con solo bajar de peso se mejora significativamente el dolor. Se deben evitar las caídas.

Un programa completo de ejercicios aeróbicos, como caminar, nadar, aprender a levantar objetos y agacharse apropiadamente contribuyen en el tratamiento y, sin duda, evitará a que más panameños económicamente activos sufran dolor de espalda y engrasen con ello las filas de discapacitados.

En la actualidad, la hernia discal se trata ambulatoriamente por vía percutánea y mediante la nucleoplastía con termolesión a 85 grados centígrados por radiofrecuencia, con lo que se obtiene una mejoría de 90% del dolor. 

Desde que el Homo Erectus dejó de utilizar sus brazos y manos como extremidades de soporte, hace 12 millones de años, el hombre ha tenido que pagar como tributo el sufrimiento y desgaste de las articulaciones de carga.

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