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La participación comunitaria es la clave del éxito

Si analizamos cuidadosamente la lista de cosas que el ser humano codicia, aquellas cosas que deseamos e incluso a cuya consecución dedicamos nuestra vida, esfuerzos, cariño y otras cosas más, encontraremos que todas convergen en el deseo de lograr la felicidad.

Algunos conciben esa felicidad por medio del dinero, de las posesiones materiales o de una posición social. Pero existen lugares en los que la única cosa que se desea y codicia, en medio de la inocencia de los más humildes, es sencillamente la salud.

Tal es el caso de los habitantes de las regiones del norte de Guatemala, en las zonas montañosas y selváticas, donde el fantasma de la Oncocercosis o Filaria, como comúnmente se le conoce, ha convertido la salud plena y total del ser humano en no más que un mito, y el deseo de obtenerla en una ofensa contra los Dioses.

Desde 1989, el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC), junto con la casa farmacéutica Merck Sharp & Dhome, llevan a cabo el programa de Oncocercosis de Guatemala, destinado a concienciar a la población sobre la problemática que representa esta enfermedad en las zonas montañosas de Guatemala, así como para combatirla. 

“184 mil 681 personas que viven en 58 comunidades ubicadas en las zonas cafeteras de 24 municipios pertenecientes a los Departamentos de Suchitepéquez, Chimaltenango, Sololá, Escuintla, Santa Rosa, Huehuetenago y Guatemala se encuentran actualmente en riesgo de contraer la enfermedad”, afirmó Guillermo Zea Flores, del Programa de Eliminación de la Oncocercosis, durante el Primer Seminario Centroamericano de Periodismo Médico realizado recientemente en Antigua, Guatemala.

La Oncocercosis o Filaria es una enfermedad producida por un diminuto gusanillo, que ingresa en el cuerpo de las personas a través de la picadura de una mosca. Provoca daños severos en piel y ojos, e incluso la ceguera.

La filaria puede ser contraída por cualquier persona que vive en las comunidades afectadas por la presencia de la enfermedad, sin importar edad, sexo o raza. Poblaciones de países como México, Venezuela, Brasil, Ecuador y Colombia, también se ven afectadas por esta enfermedad.

Y es que la mosca que transmite la Filaria vive en los cafetales, se cría en los arroyos de agua limpia que corren rápidamente, sobre todo en alturas de entre 500 y 1,500 metros sobre el nivel del mar, condiciones topográficas comunes en estos países.

Signos y síntomas
Zea Flores explicó que, inicialmente, las personas que tienen Filaria no presentan ningún síntoma visible. Sin embargo, con el paso del tiempo algunos signos se hacen presentes. Entre estos destacan: chibolas (nódulo que funge como nido de los gusanos) en el cuerpo o en la cabeza, marcas o señas en la piel y molestias en ojos.

El ciclo de infección y desarrollo de la Filaria se divide en fases. Comienza cuando una mosca pica a una persona infectada y chupa los gusanillos que están debajo de la piel, que tras 6 a 12 días dentro de la mosca se convierten en larvas, las cuales son dejadas por el insecto al picar a otra persona sana.

Estas larvas crecen dentro de la personas hasta volverse Filarias o gusanos adultos y se unen en chibolas, donde se reproducen. Las microfilarias (hijos) se desplazan por debajo de la piel es invaden todo el cuerpo. Cuando llegan a los ojos, ocasionan la ceguera.

El programa y la cura
Respecto a la cura de la enfermedad, Zea Flores destacó la creación de Mectizan, un medicamento creado por la casa farmacéutica Merck Sharp & Dhome, que consiste en una pastilla que elimina las microfilarias que tiene la persona en el cuerpo.

Las personas con Filaria deben tomar una pastilla de Mectizan cada 6 meses, durante 14 años aproximadamente. “El medicamento elimina únicamente las microfiliarias, mas no a los adultos que viven en las chibolas y que vuelven a reproducirse cada seis meses. Por esta razón, Mectizan debe ser administrado en las personas enfermas durante 14 años, hasta que los gusanos adultos hayan envejecido y mueran”, explicó.

El programa de Oncocercosis de Guatemala empezó a dar Mectizan en 1989, pero sin lograr medicar a un alto número de personas. En 2002, se logró por primera vez la medicación de más de 85% de la población que lo requería. Éxito que, a juicio del doctor, se debe al esfuerzo unido del personal de salud y voluntarias de la comunidad que apoyan el programa.

Mectizan es un medicamento especialmente creado para este programa. No está a la venta y se distribuye gratuitamente en las comunidades afectadas por la Filaria.

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