La reparación o reemplazo de válvulas cardiacas tradicionalmente se ha venido haciendo por medio de una operación de corazón abierto. Sin embargo, nuevos avances tecnológicos han permitido que el implante o reparación de dichas válvulas ahora pueda realizarse efectivamente mediante catéteres, sin necesidad de realizar una gran cirugía. El beneficio de esta intervención adquiere importancia en pacientes que corren un riesgo muy alto al operarse. El implante de válvulas sin operación se suma a la creciente lista de procedimientos cardiacos que pueden realizarse mediante cateterismos, lo cual constituye “una nueva disciplina en el campo de la cardiología actual, conocida como Intervencionismo de Enfermedades Estructurales del Corazón”, explica el Dr. Roberto J. Cubeddu, médico internista y cardiólogo de origen venezolano, quien además de haber hecho una subespecialización en cardiología intervencional en el Massachusetts General Hospital, de la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston, se ha subespecializado también en este nuevo campo intervenciónal de enfermedades estructurales del corazón.
El médico explica que la base fundamental de esta nueva disciplina surge de la amplia experiencia adquirida en los últimos treinta años con el uso de catéteres para realizar angioplastias e implantar stents que destapan las arterias coronarias del corazón. “Ahora esta manera menos invasiva se está usando también para tratar no solo las válvulas del corazón, sino muchos otros problemas cardiacos adquiridos o de origen congénito”, agrega el Dr. Cubeddu, quien está afiliado actualmente al Aventura Hospital and Medical Center, en Miami-Dade, Florida.
Las válvulas que se implantan vía catéter se conocen como percutáneas. El primer implante valvular percutáneo humano fue realizado sobre la válvula pulmonar en el año 2000, y seguidamente en la válvula aórtica en el año 2002. Desde entonces se estima que más de 8,000 pacientes a nivel mundial han recibido el beneficio de esta nueva tecnología.
“Las válvulas percutáneas tienen una tecnología muy interesante y compleja”, comenta el especialista. Son naturalmente de origen porcino y al ser procesadas se suspenden sobre un marco metálico tipo stent, que tiene la propiedad física de ser comprimido sobre la superficie de un catéter balón. Al comprimir la válvula, esta puede ser introducida por la arteria femoral o la vena femoral y ser avanzada hasta el corazón con el uso apenas de un pequeño agujero a nivel de la ingle. Una vez allí, se infla el balón a alta presión para expandir y liberar la nueva válvula artificial, que quedará implantada dentro de la válvula dañada. Luego, se saca el balón y el catéter. En otras palabras, la válvula artificial al abrirse dentro de la natural asume su función, y la reemplaza sin removerla.
Para el caso de la válvula aórtica, la cual controla la salida de sangre del ventrículo izquierdo del corazón hacia la arteria aorta, existen distintas opciones. Las dos válvulas percutáneas más conocidas y utilizadas son la válvula de Edward-Sapien y la CoreValve.
La compañía fabricante de la válvula SAPIEN explica que este dispositivo “está siendo evaluado en el tratamiento de pacientes con calcificación aórtica severa (estenosis), los cuales son considerados de alto riesgo o no candidatos para la cirugía convencional de reemplazo de válvula con corazón abierto. Edwards Lifesciences recibió aprobación de la Administración de Medicinas y Alimentos (FDA) de los Estados Unidos, para comenzar un estudio clínico fundamental de su tecnología de válvulas Edwards SAPIEN Transcatéter para el corazón”.
En cuanto a la válvula CoreValve su fabricante, la firma Medtronic, coincide al decir que ésta “fue diseñada para permitir el reemplazo de la válvula aórtica con el corazón latiendo en un procedimiento que puede ser realizado en la sala de cateterismos. Estos avances hacen que el reemplazo de válvulas del corazón esté disponible para pacientes que anteriormente no eran elegibles para esta terapia que salva vidas”.
Estas válvulas aórticas bioprostéticas, se usan cuando la válvula natural se calcifica y obstruye el paso o la salida de la sangre del corazón, generalmente en pacientes de edad avanzada. Una válvula aórtica saludable debe tener una apertura de unos 3 a 4 centímetros cuadrados. Sin embargo, cuando se calcifica y degenera, la apertura de la válvula puede llegar a ser de menos de un centímetro (1cm2), de tal forma que cuando el corazón bombea, se encuentra ante una gran resistencia. En cierta forma la sangre se queda atrapada en el corazón. Estos pacientes pueden sufrir de dolores de pecho, insuficiencia cardiaca y desmayos (síncope). Esta enfermedad se llama ‘estenosis aórtica’ y debe ser tratada con una nueva válvula artificial. En los pacientes que no son tratados, esta enfermedad es mortal en 3 años. Según el Manual Merck, la principal causa de esta enfermedad en los países en vía de desarrollo es la fiebre reumática. La otra causa principal en todo el mundo es la degeneración por envejecimiento.
“No debemos olvidar que el remplazo de la válvula aórtica con una operación de corazón abierto sigue siendo un procedimiento de elección que resulta en una mejoría clínica importante y un aumento en sobrevida. Lamentablemente, en un porcentaje alto de pacientes con estenosis aórtica la cirugía abierta es prohibitiva y representa un riesgo mayor que la misma enfermedad. Estos pacientes al no ser aptos, se quedan sin un tratamiento efectivo. Surge así la necesidad de una intervención alterna y el desarrollo del reemplazo valvular percutáneo”, dice el Dr. Cubeddu, quien ha realizado estos implantes de válvulas percutáneas cardiacas y ha escrito sobre este tema para las revistas médicas especializadas.
El experto concluye: “Debemos mantenernos a la expectativa de este nuevo campo de la cardiología intervencionista, que crece exponencialmente y que nos ofrece nuevas alternativas menos invasivas para el cuidado de los pacientes”.
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