En Panamá es difícil no hablar del mar. Hacia donde mires, lo ves: inmenso, hermoso, rico en vida natural y cálido. No se puede pedir más.
Por Elena MarkiegiNosotros llevamos mucho tiempo viviendo en él, en un barco llamado Naylamp, aquí en Bocas del Toro, donde además de un hermoso y calmo mar encontramos una naturaleza que permite realizar todo tipo de actividades al aire libre: snorkeling, buceo, caminatas, pesca, por sólo citar algunas.
Podríamos escribir un libro de tantas aventuras vividas en el mar, especialmente Daniel, mi compañero de vida, como Capitán de muchos mares. Hay tanto que contar de aquella gente que ha navegado con nosotros por estas aguas y que han vuelto a sus casas de algún modo transformados. Lo puedes ver en sus caras o escucharlos.
Muchos de ellos viven en ciudades contaminadas, con tráfico, a un ritmo apresurado y con mucho estrés. Esto muchas veces los lleva a desarrollar molestias de diverso tipo: dolor de espalda, estomago o articulaciones.
En nosotros encuentran una experiencia única: sentirse más en contacto con la naturaleza y sentirse parte de ella.
Comer sano es algo muy importante para nosotros y no escatimamos en ello. Se ponen a prueba en el mar buceando o intentando pescar algo que luego irá directo a la sartén.
Para quienes viajan con sus hijos, este tiempo es muy importante para disfrutar de aprender y enseñar juntos.
Cuando termina el viaje no les duele nada, se sienten relajados y con las energías completamente renovadas. A nosotros nos aporta todo lo que deseamos en la vida para ser felices y nos encanta compartirlo.
Las bondades de una vida sana es de todos conocidas: comer bien, hacer ejercicio, dormir bien. Pero disfrutar de la vida, desconectarse del trabajo y la casa por unos días, perderse por estos mares y costas tan hermosos que tiene Panamá, no sólo beneficia el cuerpo sino también al espíritu.
El que piensa que es únicamente para gente joven, está equivocado. Hace algunos años, tuvimos un grupo a bordo compuesto por mujeres, todas mayores de 65 años de edad y un único hombre, de 74. Viajamos por una semana, recorriendo las islas de Bocas del Toro. Las mujeres estuvieron muy activas, buceando con snorkel, con tanque, caminatas por la selva, por poblados indígenas, mientras que el hombre optó por escribir todo lo que sucedía en el viaje. Al tiempo, nos envió un hermoso relato de esa semana que vivió con el grupo y que plasmó en el papel. Revivió sus tiempos de marino y fue feliz escribiendo a bordo.
Como dice la canción, en el mar la vida es más sabrosa.
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