Es 31 de diciembre de 2006 y me aíslo en una habitación de mi casa para hacer un pacto conmigo misma, pues está cerca el 2007 y este año las cosas serán mejores.
Ya es 8 de enero de 2007 y parece que voy cumpliendo con mis objetivos, pero a mitad de mes ya siento aburrirme con la idea de hacer ejercicios o dedicarme a estudiar y ver menos televisión.
Para muchos, sus propósitos se enfocarán en dejar de fumar, perder peso y tener una dieta más saludable, pero en resumen, todos nos encontramos con el mismo dilema: hacer un cambio en nuestro comportamiento.
Este cambio involucra modificar nuestra actitud tanto como nuestro pensamiento, lo que no resulta fácil. Pero podemos aligerar nuestra carga si ese propósito que queremos conseguir lo diseñamos como un proyecto a seguir, con sus respectivas etapas.
Reconocer que se debe dar el paso y comprometerse con la meta a lograr es el primer escalón. Asumir la responsabilidad, aceptar que tenemos en nuestras manos el poder de cambiar y que no somos simples títeres de los hechos o de las personas que nos rodean. Tenemos mucho más poder del que creemos y el comenzar por plantearnos propósitos para mejorar nuestra calidad de vida es una muestra de ello.
Empezaremos por hacer una lista de esos aspectos que queremos cambiar y establecer un orden de prioridad, que nos ayudará a identificar lo que queremos cambiar realmente y enfocarnos en un propósito en particular, bien definido.
En el segundo escalón, una vez definido nuestro propósito, determinaremos hasta donde queremos llegar con el mismo. En esta etapa es muy importante que seamos realistas y que nos fijemos expectativas razonables, pues así será menos probable que abandonemos nuestro propósito. Pretender que podemos realizar muchos cambios a la vez, y que no podemos fallar en ningún momento con nuestro objetivo, favorece que estemos más incómodos con una tarea que de por sí requiere mucho esfuerzo. Es mejor plantearnos objetivos de uno en uno, aunque sea un único gran objetivo, podemos dividirlo en pequeñas metas a lograr, que nos hará sentir más motivados, notando como cada paso se hace más fácil. Para adquirir un buen hábito primero debemos definir qué queremos; segundo, marcar un horario; tercero, vigilar que pensamos cuando hacemos el esfuerzo y cuarto, que pensamos tras el esfuerzo. Valorar la satisfacción nos ayudará a ser constantes.
El tercer escalón, y el más importante, es el mantener el cambio e incorporar el nuevo comportamiento a nuestras vidas a largo plazo.
Un tema que debemos mencionar en estos procesos es el de estar conscientes que podemos volver al comportamiento anterior. Las recaídas son normales en un proceso de cambio de comportamiento y si llegamos a tenerlas lo mejor es aceptarlas y reforzar nuestro compromiso en vez de darnos por vencidos, convencidos que no tenemos remedio ante las tentaciones y que es imposible cambiar. Las recaídas deben ser vistas como una oportunidad de desarrollo, depende de cómo lo enfoquemos; salir fortalecidos supone una inyección de autoestima, que inspirará proyectos más ambiciosos. Ante todo esto es necesario ser sincero con uno mismo y no renunciar, pues es posible que tengamos que volver al primer escalón antes de lograr incorporar el cambio como parte de la vida diaria.
Visualizar las consecuencias positivas de nuestro nuevo comportamiento es una buena estrategia para lograr el cambio. El imaginarse con 20 libras menos o el bienestar físico que sentiremos al realizar ejercicios frecuentemente, no sólo nos anima si no que nos ayuda a creer en nosotros mismos. Igualmente, el visualizar las consecuencias negativas nos ayuda a anticipar las dificultades que podamos encontrar frente a situaciones que faciliten que recaigamos y las estrategias que podemos desarrollar para hacerle frente a estos problemas.
Un buen ejemplo sobre anticipar las dificultades en personas que quieren perder peso o tener una dieta más saludable, es evitar ir al supermercado con hambre. Muchas personas manifiestan que al estar hambrientos compran más comida basura, baja en nutrientes y altas en calorías, por lo que una estrategia aconsejable seria ir después del almuerzo con una lista de lo que necesitamos y evitar deambular por lo pasillos cerca de tentaciones. Otra estrategia que funciona bien es establecer un cronograma de las actividades que queremos realizar al día. Es importante que ese horario incluya aspectos personales y profesionales, porque sí no nos ponemos una hora, corremos el riesgo de aplazar las cosas y no hacerlas. A veces, gente que tiene mucho tiempo libre ve como se le va la tarde sin hacer nada, cansado, recriminándose luego en la cama por no haber hecho nada en todo el día. Con un plan de actividades, aunque no hagamos todo lo que queremos, al siguiente día estaremos más motivados y será fácil el ir estableciendo una disciplina.
Por ultimo, el compartir su objetivo con personas cercanas brindará ánimo y apoyo. Si estamos seguros que nuestra pareja o un amigo puede ayudarnos a perseverar hasta lograr el éxito, no dudemos en hacerlo, no tenemos porque estar solos al llegar a la meta. Entre más apoyo tenga para conseguir su propósito, mayores serán sus probabilidades de éxito.
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