
Hasta principios del siglo XX, la mayoría de los médicos eran “generalistas”; el advenimiento de la tecnología y progresos científicos nos han conducido a un gran avance en las ciencias médicas, sin embargo esto nos ha llevado a que nuestros pacientes sean vistos en muchas ocasiones como órganos o sistemas enfermos perdiendo un poco el concepto de la visión global de la persona y de los aspectos psicológicos y sociales que influyen en las dolencias o enfermedades.
En respuesta a lo anterior, nace en la década de los sesenta en Estados Unidos y Canadá una especialidad médica llamada “Medicina Familiar” cuyo principal objetivo es evocar y traer al escenario al antiguo “Médico de cabecera”, aquel médico capaz de resolver la mayoría de nuestros problemas de salud: agudos o crónicos, sin verse limitado por edad, sexo, órgano o sistema afectado. Es decir, un médico capacitado y entrenado para atender niños, mujeres, adultos, adultos mayores; ya sea con problemas digestivos, músculo-esqueléticos (artritis, dolores crónicos), respiratorios, cardiovasculares (hipertensión), metabólicos (colesterol, diabetes, obesidad), urinarios, salud de la mujer, problemas comunes de la piel, problemas de salud mental y del ambiente, realizar procedimientos y cirugías de consultorio entre otros padecimientos comunes de nuestra población. Es un médico que atiende en el consultorio, domicilio y de ser necesario ofrece manejo intrahospitalario.
La especialidad integra las ciencias biomédicas, conductuales y sociales lo cual nos impulsa a darle un enfoque bio-psico–social a la atención ofrecida a nuestros pacientes, así determinamos cómo un padecimiento biológico está afectando a la persona y a su entorno y a la vez definimos como el medio ambiente influye sobre sus dolencias.
PAPEL DE LA FAMILIA
Es así como la familia es un pilar fundamental en la atención de nuestra especialidad, ya que es un sistema dinámico con estructura muy propia donde se desarrollan interacciones de diferentes tipos, donde hay crecimiento y evolución de sus miembros por fases muy bien descritas (matrimonio, los hijos, partida del hogar, nido vacío, jubilación). Todas estas fases conllevan la aparición de crisis esperadas y no esperadas. El entendimiento de estas etapas y sus crisis capacita al Médico Familiar a intervenir ayudando con consejerías así como a la comprensión del papel de la familia en el proceso de la salud-enfermedad.
PREVENCIÓN
Al ofrecer cuidado continuo a nuestros pacientes, es obligatorio la prevención. Esto lo hacemos en base a la identificación de factores de riesgo, ya sea individuales o familiares; además, con la aplicación de los estándares y conocimientos más actuales en la detección de enfermedades, con el uso apropiado de estudios de acuerdo con la edad y sexo de nuestro paciente.
EDUCACIÓN
La educación al paciente y su familia es otro pilar del manejo que usted recibirá por un Médico Familiar, ya que entendemos que el conocimiento del problema, sus causas, sus consecuencias y sus tratamientos constituyen la herramienta más importante a la hora de establecer puentes de comunicación y una relación médico-paciente óptima donde exista confianza durante la enfermedad y la salud.
TRABAJO EN EQUIPO
El trabajo en equipo debe caracterizar a todo Médico Familiar, quien debe realizar las consultas pertinentes a otros especialistas cuando así sea necesario, pero nunca debe perder la responsabilidad del manejo del paciente que ha depositado en él su confianza como médico de cabecera.
La Medicina de Familia debe combinar el trato personal del médico de cabecera de antaño con los avances científicos y psicológicos de nuestra medicina actual; es “un especialista en la gente”, no será un especialista en un órgano o un sistema específico sino en usted y su familia.
Bibliografía:
Owens, Tomás, et.al ¿Qué es Medicina Familiar? 1996
Owens, Tomás, “La Medicina Familiar en Panamá”
Rakel, Robert, “El Mëdico Familiar”
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