La finalidad de esta nota es que usted reconozca o identifique la manera como se comporta cuando va al consultorio médico, con el médico y en relación a los tratamientos que estos le ofrecen. Si es usted uno de ellos, reflexione un poquito y haga ajustes si son necesarios, siempre pensando en su salud.
Hay personas que nunca van al médico. Algunos porque se enferman muy poco, otros porque les tienen temor y otros porque prefieren los remedios caseros, pues a las abuelitas les resultaban.
Los primeros son los más dichosos de todos, no solo porque están saludables, si no porque no tienen que invertir tanto dinero en consultas, compra de medicamentos, exámenes, etc. Claro, la recomendación es que una vez al año al menos hay que hacer una revisión general de la salud para estar atentos ante cualquier eventualidad.
Los que les tienen miedo a los médicos, prefieren resistir ante cualquier dolor y esperar hasta que ya no puedan más con una dolencia antes de ir a la consulta. Son estos aquellos que por lo general llegan con un mal que se puede prevenir, pero que al momento de la urgencia ya se ha agravado solo por terquedad.
Y quienes creen fervientemente en los remedios caseros, están convencidos que solo la miel de abeja con limón les va a curar cualquier afección de las glándulas, aunque en el fondo se trate de una bronquitis u otra enfermedad de cuidado. Que si la hierba de zorra para el dolor de estómago (y quizás se trata de una infección que amerita antibióticos); lavarse los pies con agua resultante de un hervido de hojas de coquillo, cuando lo que está presente es un pie de atleta; echarse agua de romero en la cabeza para la 'reuma' cuando lo que está presente es quizás una rinitis alérgica que amerita una acción inmediata. Y así, un sinnúmero de situaciones que muchos reconocen como jocosas, pero que en algunos casos, pueden comprometer la salud.
Ah, pero ya en la consulta los hay de aquellos que una vez le dicen al doctor el motivo de la visita, recuerdan muchos otros malestares y sueltan la historia, dejando al doctor atolondrado de tantas preguntas, al punto que algunos deben señalar que solo pueden tratar una cosa a la vez y que luego que terminen un tratamiento, verán la siguiente supuesta enfermedad.
Están los pacientes que no saben que tienen... "es un dolor, no, no, es como una punzada que me da en la pierna derecha, me sube por la espalda y me agarra hasta la nuca, doctor". Es importante que el doctor tenga una referencia específica de lo que el paciente siente para que el galeno pueda comprender mejor de qué se trata. Si el paciente divaga, cree que es una cosa, después que es otra, no está seguro de lo que le duele o siente, cree que el dolor es por el lado derecho, pero también le da por el izquierdo y a veces por el centro...
Los doctores también se encuentran con pacientes que llegan a la consulta buscando un poco de atención. Son personas que necesitan sentir que le importan a alguien y que ese alguien se preocupa por ellos. Es una necesidad de afecto que llenan con la visita al médico.
No obstante, también están los hipocondríacos, los pacientes que creen de forma infundada que padecen alguna enfermedad grave. "La característica esencial de la hipocondría es la preocupación y el miedo a padecer o la convicción de tener, una enfermedad grave, a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal u otro signo que aparezca en el cuerpo. Puede ocurrir, por ejemplo, con lunares, pequeñas heridas, toses, incluso latidos del corazón, movimientos involuntarios, o sensaciones físicas no muy claras. Aunque el médico le asegure que no tiene nada, el hipocondríaco solamente se queda tranquilo un rato, pero su preocupación vuelve", cita Wikipedia.org.
Qué decir de los pacientes tipo investigadores. Sí, esos que llegan al consultorio con libreta en mano como indicando que ya hicieron su trabajo investigativo y que el doctor no les puede echar cuentos. Tienen un cuestionario listo sobre lo que creen tener y lo que desean saber. Le explican al doctor lo que señalan las más recientes investigaciones y el próximo congreso sobre el tema. Terminan siendo una prueba a los conocimientos médicos adquiridos.
Al doctor no le queda más remedio que escuchar y luego armarse de paciencia para explicar qué es lo que en realidad tiene el paciente, cubriendo siempre todas las expectativas de información que este amerita. Estos pacientes protagonizan las consultas más largas.
También hay de aquellos que llegan a empujones. Son casi siempre hombres cuyas parejas los han obligado y quién sabe hasta amenazado para ir donde el médico porque hace meses que presentan sintomas evidentes de cualquier enfermedad, pero ellos son los únicos que están fielmente convencidos de que no tienen nada. Probablemente, se están muriendo del miedo ante los síntomas porque creen que es algo grave, piensan que los van a dejar hospitalizados, se imaginan con una inmensa herida en el abdomen u otra parte del cuerpo.
Hay quienes van por el mínimo detalle. Si les sale una mancha en la piel, si les duele el talón, tienen gases, dolor de cabeza, los picó un mosquito, etc. Ante cualquier cosa deben estar pendientes de la opinión médica, lo que no es malo, pero quizás abusan. Lo cierto es que saen de dudas.
Estos pacientes no dejan descansar a los médicos, pues mal que bien están saliendo de una terrible gripe cuando caen con gastritis y luego atraviesan por cualquier otro mal. Son de los que tienen las defensas bajas y atrapan muchas enfermedades en secuencia.
Son aquellos que acuden a cada cita, siguen sus tratamientos, van a los seguimientos y están pendientes de sus exámenes anuales.
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