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Verduras y frutas: La importancia de su ingesta en la alimentación infantil

No siempre los niños son receptivos a probar nuevos sabores y texturas, por lo que comer las verduras y frutas puede ser en ocasiones algo no de todo agradable para ellos. Afirman que nos les gustan y ponen a su padres ante el reto de cómo conseguir que las coman sin rechazarlas.

La pediatra Mireya Alvear de Moreno parece tener a la mano algunas claves, que pueden llevar a que ese difícil objetivo se consiga sin mayores contratiempos. De acuerdo con sus recomendaciones, la primera opción para los padres debe ser la de introducir desde el momento de la ablactación, aproximadamente a los seis meses de nacido, vegetales, verduras y frutas en la dieta de sus hijos, con el fin de que los mismos aprendan el sabor y la texturas de estos. "Esta iniciativa debe ser reforzada mediante la imagen de los padres comiendo los mismos alimentos y disfrutándolos", dice.

La aceptación de un alimento por parte de un infante tiene también su base en la perseverancia. "Según estudios realizados, la preferencias alimenticias de los niños están fuertemente influenciadas por las veces que los padres sacan la comida a la mesa y por su perserverancia en volver a enseñar la comida que los niños rechazan. Si lo niños ven de nuevo la comida y de nuevos platos, llegará un momento en que terminarán probándolo", señala.

Alvear de Moreno recomienda también intentar varias veces dar el alimento rechazado. Explica que existen mutlitud de sabores en las frutas y verduras que los niños aprenden a descubrir cada vez que prueban algo nuevo. "No siempre les gustará lo que comen a la primera, así que habrá muchas ocasiones en la que necesitarán intentarlo varias veces hasta que se acostumbren al sabor. Si no le gusta, no lo fuerces demasiado. De esa manera evitas que haga una mala asociación del sabor y la comida".

Asimismo, hace hincapié en que nunca es tarde para intentar incluir en la dieta de los niños verduras y frutas, afirmación que relaciona con los criterios de algunos especialistas en nutrición infantil, que aseguran que la aceptación de los nuevos alimentos es más fácil en los niños cuando tienen entre 2 y 4 años de edad, ya que en la franja de edad de 4 a 8 años el número de comidas que a los niños les gusta no cambia demasiado. "Realmente comer diferentes frutas no estan problemático como comer verduras y es ahí donde reside el reto para los padres", destaca.

¿Por qué no quieren comerlos?
De acuerdo con la pediatra, los bebés en cuanto empiezan a comer sólidos también comienzan los problemas de los sabores y texturas. "Si no se intenta varias veces rechazará el alimento por su sabor. Los padres generalmente son la referencia en la mesa y si no se sirven frutas y verduras suficientes, el niño no querrá probarlas o las rechazará".

La primera hipótesis sobre este rechazo defiende la idea de que los niños instintitvamente comen para calmar su hambre. Los cereales, los azúcares o las féculas sacian mucho más que las verduras o la fruta. De ahí su inclinación a elegir los primeros.

Asimismo, las verduras tienen un sabor fuerte y en ocasiones amargo. Algunos estudios afirman que el gusto dulce es innato, razón por la cual algunos bebés lo aceptan sin problemas; en cambio los gustos ácido, salado y amargo se aprenden y, en el momento de conocerlos serán mejor o peor aceptados por el niño.

La especialista manifiesta que otra realidad es que cuando menos acostumbrados a tomarlas estén menos les gustarán. Reitera que si se pierde el hábito de incluirlas en el menú, el niño acabará por olvidarlas. "Los padres tienen un rol muy importante en el aprendizaje de la ingesta de verduras, vegetales y frutas ya que son los que deciden la dieta del niño y son el ejemplo para ellos en la dieta"

Porciones
Alvear de Moreno señala que un niño de entre uno y tres años de edad debería comer cada día alrededor de 200 g de verduras y al menos una pieza de fruta.

La importancia de la ingesta de estas cantidades es porque las verduras juegan un papel muy importante en la correcta alimentación, ayudando al equilibrio alimentario. Contienen una gran cantidad de elementos nutritivos, son ricas en vitaminas A y C, de las cuales, ésta última posee propiedades antibacterianas, muy necesarias para los niños. Ambas, las verduras y frutas, son importante fuente de minerales como el magnesio, el potasio, el calcio y el hierro. Asimismo, contienen fibra, esencial para el correcto tránsito intestinal, además de agua, que es sumamente importante (alrededor de un 90% de su peso es agua), ya que contribuye a la hidratación del organismo. Finalmente y de forma resumida, para que los niños tengan el hábito de comer frutas y verduras, la pediatra recomienda: intentarlo varias veces hasta que se acostumbren al sabor, ser su modelo comiendo verduras, fomentar la elección tratando de probar entre la variedad de verduras que hay hasta descubrir las que le gusten, poner la imaginación a trabajar; presentar la verduras en el plato de forma que los anime a comerla y añadir frutas y verduras a comidas que al niño le gusten.

"La constancia y una buena educación en alimentación es importante para llevar una dieta equilibrada y desempeñar un papel importante en cualquier etapa de la vida", recalca.

Dra. Mireya Alvear de Moreno
Especialista en Pediatria General

Modificado por última vez elViernes, 31 Enero 2014 10:07
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