Alzheimer precoz: perdiendo la memoria a los '30


El Alzheimer es una alteración neurodegenerativa primaria que suele aparecer a partir de los 60 años de edad. Sin embargo, también puede presentarse entre gente más joven, como por ejemplo personas de entre 30 y 40 años de edad, condición que se denomina Alzheimer Precoz.

Cuando una persona padece la enfermedad de Alzheimer, experimenta cambios microscópicos en el tejido de ciertas partes de su cerebro y una pérdida, progresiva y constante, de una sustancia química vital para el funcionamiento cerebral, llamada acetilcolina. Esta sustancia permite que las células nerviosas se comuniquen entre ellas y está implicada en actividades mentales vinculadas al aprendizaje, memoria y pensamiento.

"Se habla de Alzheimer precoz cuando se presenta desde los 30 y hasta los 40 años de edad. Su causa es generalmente hereditaria y su frecuencia en menos del 1% de los casos de Alzheimer registrados. Se estima también que aproximadamente el 40% de los pacientes con Alzheimer tienen antecedentes familiares", explica el médico especialista en neurología Felipe Villarreal.

Más información sobre el Dr. Felipe Villarreal en este enlace.

Signos y síntomas
De acuerdo con el médico, los signos y síntomas del alzheimer precoz varían en función del avance de la enfermedad. Pero por lo general son los mismos que los del Alzheimer del adulto mayor, sólo que se registran a una edad más temprana.

"Primeramente se registran pequeñas e imperceptibles pérdidas de memoria, pero con el paso del tiempo, esta deficiencia se hace cada vez más notoria e incapacitante para el afectado, que tendrá problemas para realizar tareas cotidianas y simples, y también, otras más intelectuales, tales como hablar, comprender, leer o escribir", dice.

La enfermedad de Alzheimer afecta a la memoria en sus diferentes tipos. Estos son los deterioros sufridos:

  • Pérdida de memoria a corto plazo: incapacidad para retener nueva información.
  • Pérdida de memoria a largo plazo: incapacidad para recordar información personal como el cumpleaños o la profesión.
  • Alteración en la capacidad de razonamiento.
  • Afasia: pérdida de vocabulario o incomprensión ante palabras comunes.
  • Apraxia: descontrol sobre los propios músculos; por ejemplo, incapacidad para abotonarse una camisa.
  • Pérdida de capacidad espacial: desorientación, incluso en lugares conocidos.
  • Cambios de carácter: irritabilidad, confusión, apatía, decaimiento, falta de iniciativa y espontaneidad.

"El Alzheimer precoz es más grave o severo que el Alzheimer del adulto mayor, porque el paciente va a presentar un deterioro severo más rápidamente, en plena edad productiva, ocasionando una dependencia completa hacia los familiares. Adicionalmente, su expectativa de vida se acorta severamente", señala Villarreal.

Diagnóstico
Según la SEN, entre el 30 y 40 por ciento de los casos de Alzheimer podría estar sin diagnosticar, de los cuales el 80 por ciento se ubicarían en un estadio leve. La enfermedad se diagnostica mediante el análisis de datos recabados sobre los problemas del paciente de memoria y aprendizaje, para llevar adelante la vida cotidiana y preguntando a familiares o personas que conviven con el supuesto enfermo. Los análisis de sangre y orina descartan otras posibles enfermedades que causarían demencia y, en algunos casos, también es preciso analizar fluido de la médula espinal.

Entre las pruebas más empleadas para observar los cambios que esta enfermedad produce en el cerebro destaca la resonancia magnética (RM), la tomografía por emisión de positrones (conocida por su acrónimo inglés, PET) y una combinación de ambas. Con la RM, se visualiza la forma y estructura del cerebro. Con la PET se pueden detectar los primeros cambios en el tejido cerebral, incluso antes de que aparezcan los síntomas visibles (como el deterioro de la memoria).

Para detectar si una persona cuenta con deterioro cognitivo se realiza una prueba de cribado o screening cognitivo. Se trata de una serie de tests que tratan de determinar si las habilidades cognitivas de una persona se han visto afectadas de alguna manera. Son tests sencillos, que no implican grandes costes, y cuya rapidez en realización permiten obtener rápidamente un resultado. Algunos de estos tests son:

  • Eurotest: consiste en la manipulación de monedas de euro para estudiar la memoria o la capacidad para manejar dinero.
  • Exploración Neuropsicológica Mínima en Demencias: consiste en siete pruebas con diferentes fines.
  • Memory Impairment Screen: para la memoria verbal.
  • Test de los siete minutos: es una prueba que permite diagnosticar la enfermedad de Alzheimer en las primeras fases y en pacientes de todas las edades, midiendo la orientación temporal, la capacidad del paciente para recordar y aprender, la fluidez del lenguaje y su habilidad para realizar un dibujo.

"Resulta importante que el paciente cuente con un apoyo cercano de un familiar o una persona de su entorno, ya que el propio enfermo puede tratar de minimizar los síntomas del Alzheimer que sufre a la hora de explicarlos. Además, debido a los trastornos de memoria que sufre o el resto de problemas puede que el propio paciente no dé a conocer todo lo que percibe que le ocurre", indica el neurólogo.

Tratamiento
La enfermedad de Alzheimer es una patología de evolución lenta. Por el momento no existe ningún tratamiento que revierta el proceso de degeneración que comporta esta enfermedad. Sin embargo, sí se dispone de algunos fármacos que pueden retrasar, en determinadas etapas de la enfermedad, la progresión de la patología.

Según Villarreal, se utilizan los anticolinesterásicos o inhibidores de la acetilcolinesterasa, fármacos que elevan los niveles de acetilcolina en el cerebro. Tacrina, donepezilo, galantamina, memantina y rivastigmina son los fármacos indicados en las primeras etapas de la enfermedad. Con estos medicamentos se mejoran las fases iniciales y moderadas de la patología, retrasando el deterioro de la memoria y la atención. En el 20 por ciento de los casos, estos medicamentos pueden tener efectos adversos que causan trastornos gastrointestinales como náuseas, vómitos o diarrea. Sin embargo, no tienen ningún tipo de interacción con otros fármacos.

De manera general, los anticolinesterásicos suelen retrasar medio año el deterioro cognitivo de los pacientes. Este tipo de tratamiento se combina con otro sintomático, que se administra, a medida que el paciente va denotando diversos síntomas que acompañan al mal de Alzheimer, tales como la depresión, estados de agitación, alteraciones del sueño, o complicaciones más tardías del tipo incontinencia de esfínteres, estreñimiento, infecciones urinarias, úlceras provocadas por la inmovilidad o tromboflebitis.

Para los síntomas psicóticos, que suelen aparecen cuando la demencia es moderada, se pueden administrar fármacos neurolépticos, aunque sólo se recomiendan en casos extremos, ya que también afectan a otros sistemas neuronales.

La vacuna AN-1792, se basa en una forma sintética de la proteína beta amiloide, proteína que conforma las placas en los cerebros de los pacientes con Alzheimer y estimula al sistema inmunológico para eliminar las placas ya formadas y evitar la aparición de otras nuevas.

"Es importante también la disposición que deben tener aquellas personas encargadas del cuidado del paciente. Cuidar a alguien con Alzheimer puede ser complicado debido a los cambios de humor o problemas de memoria, pero si se adopta la actitud adecuada el tratamiento puede hacerse más llevadero", dice el doctor.

Complicaciones
Las complicaciones del alzheimer precoz son varias y de muy diversa índole. Los problemas que pueden surgir son:

  • Físicos: infecciones urinarias, neumonías, fracturas, atragantamientos con comida, líquidos o secreciones, aspiraciones respiratorias, falta de apetito, perdida de peso.
  • Psicológicos: depresión, apatía, insomnio
  • Conductuales: Agitación, agresividad, gritos, alucinaciones

"Especial atención merece por su frecuencia y la especificidad de su manejo, el Síndrome de la Puesta del Sol, que se trata de un empeoramiento de los síntomas psicológicos y conductuales, sobre todo por las tardes y noches (al caer el sol) y que tiende a que se aumenten en gran cantidad los fármacos para controlarlo, siendo así que el manejo fundamental no debe ser farmacológico y que el exceso de medicación solo aportará efectos secundarios siempre indeseables", precisa.

La alimentación merece un capítulo especial, ya que es una fuente de estrés para el paciente y para la familia. Los atragantamientos especialmente con los líquidos, el rechazo de los alimentos, la introducción de sondajes para alimentación se presentarán prácticamente en la totalidad de los pacientes. Además pueden derivar en complicaciones potencialmente mortales como neumonías por aspiración. Un abordaje precoz de las mismas y una adecuada información a los familiares ayuda a su mejor control.

"Se debe acudir a una especialista ante la aparición de los primeros síntomas que tenga el paciente en cuanto a problema de memoria del pensamiento y del lenguaje, ya sea que el mismo paciente lo note o los familiares observen cambios en el paciente", destaca.

Modificado por última vez elViernes, 03 Marzo 2017 13:08
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