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Cirugía laparoscópica de hígado y páncreas


El hígado es la fábrica en nuestro organismo de numerosas moléculas que tienen que ver con la producción de nuevas fuentes de energía durante los períodos de ayuno, síntesis de proteínas, ácidos grasos y triglicéridos.

Este órgano produce elementos fundamentales para que se de el proceso de coagulación de la sangre (factores de coagulación), constituye un órgano de depósito de moléculas energéticas que son activadas ante el estímulo de hormonas como el glucagón, en situaciones de estrés metabólico.

Adicionalmente, el hígado tiene un papel fundamental en la activación de numerosos medicamentos, una vez que han sido absorbidos por los intestinos y llevados a la circulación del hígado. Participa en la neutralización y eliminación de productos del metabolismo que pudiesen resultar nocivos si se acumulasen.

El páncreas, por su parte, desarrolla principalmente dos funciones: la exocrina y endocrina. La primera está relacionada con la producción de sustancias (enzimas digestivas) vertidas al tracto digestivo que convierten proteínas, carbohidratos y grasas de sus formas complejas (alimentos) a sus formas más básicas para que puedan ser absorbidas a través del intestino y llevadas al torrente sanguíneo.

La segunda está relacionada con la producción de hormonas que tienen efectos metabólicos en distintos sitios del organismo: la insulina y el glucagón. La insulina, esencialmente incorpora la molécula de (glucosa) a las células para que pueda ser utilizada y por tanto reduce el nivel de azúcar en la sangre. A su vez el glucagón, promueve la liberación de glucosa a la sangre a partir de los depósitos (glucógeno) de diferentes órganos, por ejemplo el hígado. Ambas tienen la importante función de mantener en equilibrio las concentraciones de azúcar en la sangre.

Principales afecciones
De acuerdo con el médico especialista en cirugía laparoscópica hepatobiliar y pancreática José Miguel Cabada, los principales problemas relacionados con el hígado y el páncreas que ameritan cirugía son los tumores, entendiéndose estos como masas que en su naturaleza y en comportamiento pueden clasificarse como malignas o benignas.

"Los tumores malignos (cáncer) que encontramos en el hígado pueden ser originados de las propias células que constituyen el órgano (tumores primarios), de los conductos biliares contenidos en él o con mayor frecuencia por tumores implantados (metástasis) a partir de tumores localizados en órganos distantes, pero vinculados por su circulación sanguínea, principalmente los órganos del tracto digestivo", explica.

Cabada señala que su propia naturaleza hace necesario que el individuo que presente tumores, sea evaluado entre los especialistas entrenados en las diferentes disciplinas relacionadas al hígado y sus padecimientos, para definir si se beneficia de una intervención quirúrgica.

"Los tumores benignos del hígado pueden ser quistes simples o compuestos, adenomas hepáticos, hemangiomas (masas de vasos sanguíneos) y abscesos. Estos también debe ser valorados por el especialista para definir si están ocasionando síntomas y si constituyen un riesgo para la salud del individuo, ya sea por su localización, tamaño, compresión sobre órganos vecinos, o tasa de crecimiento", añade.

En el páncreas existen también tumores benignos y malignos. En los tumores benignos se incluyen los pseudoquistes de páncreas, que son grandes acumulaciones de fluido pancreático que se presentan en los pacientes que han sufrido de pancreatitis aguda. También se incluyen en esta categoría algunos tumores quísticos como el cistadenoma seroso (tumor de estructura quística pero sin potencial maligno), los cistadenomas mucinosos, tumores quísticos que en principio no son cáncer pero tienen el potencial de transformarse en cáncer. Por último, se incluyen los tumores productores de hormonas, los cuales ocasionan síntomas por la producción no regulada de la correspondiente hormona que puede ser insulina, glucagon, VIP, somatostatia.

"Los tumores malignos como tal incluyen el Adenocarcinoma de páncreas (surge a partir de las propias células glandulares del páncreas), los cistadenocarcinonmas (tumores malignos de naturaleza quística). También se consideran en esta categoría los colangiocarcinomas distales (tumores de los conductos biliares incluidos dentro del páncreas), que a pesar de no originarse en células propias del páncreas ameritan un tratamiento semejante por estar incluidos dentro de la estructura del órgano", señala.

Cirugía laparoscópica como opción
Según el cirujano, las diferentes intervenciones que son necesarias para la atención de los problemas que se presentan en el hígado, el páncreas y los conductos biliares pueden ser tratados mediante cirugía laparoscópica (cirugía mínimamente invasiva).

"En muchas ocasiones esta es la manera ideal de tratar estos casos, toda vez que se demuestre que el problema es meritorio o se beneficia de un procedimiento quirúrgico y aquél que esté a cargo de la atención del paciente tenga la preparación para llevar a cabo la misma", explica.

Cabada precisa en que entre los principales beneficios que aporta la cirugía laparoscópica están que evita la disfunción de la pared abdominal luego de la cirugía (menor daño ocasionado por el acceso), ya que en cirugía abierta se secciona los músculos, nervios y vasos sanguíneos de la pared abdominal en una gran extensión y condiciona el desarrollo de hernias, que en futuro requieren también intervención quirúrgica.

Asimismo, debido a que se requiere de incisiones más pequeñas, hay menos dolor. El dolor es notablemente menor al producido por la cirugía abierta, lo que a su vez repercute en reducción de costos de medicamentos postoperatorios.

"Este tipo de procedimiento ofrece una recuperación más corta, ya que al reducirse la disfunción de la pared abdominal y experimentar menor dolor, el individuo se incorpora en menor tiempo a sus actividades cotidianas. También hay una reducción en el tiempo que se requiere para iniciar otros tratamientos, por ejemplo terapia adyuvante (quimioterapia), en los pacientes atendidos debido a cáncer", comenta.

Este tipo de procedimientos solo puede ser llevado a cabo por un cirujano con educación y entrenamiento especializado para cirugía de las enfermedades del hígado, páncreas y conductos biliares, que cuente con los conocimientos pertinentes de la enfermedad y el enfermo, y que a su vez posea las destrezas avanzadas en laparoscopia y el entrenamiento que le permite desarrollar por esa vía las resecciones de los órganos afectados y realizar la reconstrucción de órganos correspondiente.

Modificado por última vez elMiércoles, 26 Junio 2019 19:48
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