¿Cuánto le cuesta crecer y desarrollarse a la mujer panameña?


La mujer es considerada hoy en día como un pilar importante e influyente en el desarrollo económico de los países. No en vano, cinco de los ocho Objetivos del Milenio, pacto firmado por más de 200 países en 1990, giran alrededor de ella.

No obstante y a pesar de que las mujeres representan casi la mitad de la población total de Panamá, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC), no tienen verdaderas posibilidades de desarrollo, empoderamiento y autonomía en un país que, paradójicamente, reporta un crecimiento económico sostenido desde hace un lustro, con promedios de 9.7% anual en los últimos cinco años.

Cuando analistas económicos señalaron que Panamá registraría crecimientos de 8.1% y 7.6% al cierre de 2013 y en 2014, respectivamente, impulsados sobre todo por la inversión pública y el desarrollo de grandes proyectos residenciales, mineros y energéticos del sector privado, pudiera pensarse que el crecimiento redundará en un mayor y mejor acceso a la educación, a la salud y al mercado laboral para toda la población sin distingo de género, pero la realidad es otra.

El Índice de Desigualdad por Género del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) refleja las desventajas de las mujeres en tres dimensiones: salud reproductiva, mercado laboral y empoderamiento, este último, quizá, el más influyente en la mejora de las condiciones de los otros dos.

Estos indicadores socioeconómicos, aunque son independientes y medidos de esta forma, una vez bajados a la realidad están íntimamente ligados e influyen  entre sí.

La pobreza y la educación
El desarrollo humano de un país es medido por diversos entes y mediante distintos indicadores, entre estos la salud, la educación y el estándar de vida como principales dimensiones y, bajo estas, lo indicadores de pobreza y educación son dos piezas claves del rompecabezas del desarrollo.

Sí se considera que de acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) en 2012 el 16% de la población total de Panamá vivía en estado de pobreza general y pobreza extrema, la situación que hoy vive la mujer panameña podría tener su origen en el estándar de vida.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el índice de feminidad en pobreza rural panameña en 2010 era de 199.4, lo que significa que este colectivo sobrevivía con un máximo de dos dólares por día, producto de la difícil o escasa puesta en marcha de acciones para la generación de ingresos.

La pobreza general y extrema es la principal causa de la inaccesibilidad a la educación. La falta de recursos limita la posibilidad de cubrir los gastos básicos que escolaridad requiere; y limita también la provisión de una alimentación adecuada, que brinde los nutrientes necesarios para retener los conocimientos y habilidades que la educación enseña.

Por otra parte, en 2011 el 35.7% de la población total de Panamá era rural, de acuerdo con el informe denominado Estimación de la población total en la República, según área, provincia y comarca indígena 2007-2011 del INEC.

Muchas de estas comunidades rurales, principalmente las que constituyen las comarcas indígenas, reflejan altos índices de pobreza por encontrarse en zonas aisladas de difícil acceso, lo que redunda, a su vez, en la inaccesibilidad a educación de calidad.

Sobrellevado esto; es decir, logrado el acceso a la educación, bien sea mediante soluciones propias o aportadas por el Estado, las cifras del Informe Situación Educativa de los Jóvenes Diciembre 2012 del MEF dan cuenta de que el promedio de escolaridad de las zonas rurales es de 8.8 (años) y en las urbanas de 12 (años).

Las principales causas de deserción escolar son la necesidad de trabajo para la obtención de ingresos, la permanencia en casa para la realización de oficios del hogar y la maternidad adolescente.

Según el Ministerio de Educación (Meduca), al cierre de 2012 el 69.2% de la población escolar culminó el ciclo completo de educación pre-media y 62.3% el de educación media.

La pobreza también influye en el acceso a la educación superior, debido a la falta de recursos o producto de la deserción escolar a los niveles de educación inferior.

Cifras del Informe Situación Cultural 2010 del INEC señalan que por cada hombre tres mujeres se matriculan en instituciones de educación superior, con un egreso femenino de 64.36%.

Salud reproductiva
De acuerdo con cifras del Meduca, en 2012 se reportaron 1,282 embarazos en pre-media y media y 30 en primaria. Sobre este aspecto, según el Ministerio de Salud (Minsa), en 2010 el 33% de las jóvenes de áreas rurales menores de 15 años de edad terminan embarazadas, mientras que una de cada seis en el rango de los 15 a 19 años de edad llevaba también un embarazo no deseado.

Otro dato impactante de este ámbito son las nuevas mujeres, de 19 años de edad, que en el Censo de 2010 realizado por la Contraloría General de la República reportaron ser madres de nueve hijos cada una.

Por otra lado, un informe publicado por el Minsa en su sitio web oficial señala que en 2011 la tasa de recién nacidos de bajo peso era de 8,3%, y de 16.7% y 80.5% las tasas de mortalidad infantil de menores de cinco años y de mortalidad materna, respectivamente, por cada mil nacimientos vivos.

Estos informes no pueden esconder que en Panamá el tema de la salud sexual y reproductiva es un problema de salud pública.

Y es que no sólo se trata de embarazos no deseados, sino también de las enfermedades de transmisión sexual.

En 2011, el Minsa reportó 713 casos de VIH/Sida, con una tasa de 19.1% por cada mil habitantes. Asimismo, un informe de 2010 señalaba que alrededor del 20% de los casos de VIH correspondía a jóvenes de entre 10 y 19 años de edad.

En cuanto a otras morbilidades de enfermedades de transmisión sexual en la mujer panameña, en 2010 el Instituto Gorgas realizó un estudio con 450 mujeres, de las cuales 225 resultaron positivas con el virus del papiloma humano, lo que es igual a una de cada dos mujeres.

Mercado laboral y empoderamiento
Algunos indicadores muestran la confianza que se le tiene a la mujer en el campo del emprendimiento.

El compromiso de las mujeres con la atención de las necesidades inherentes al hogar y la familia lleva a muchas de ellas a liderar proyectos de emprendimiento y a obtener con relativa facilidad el apoyo económico necesario para la puesta en marcha de los mismos por parte de instituciones financieras.

Por ejemplo, 58% de los microcréditos otorgados en 2012 por la Fundación Microfinanzas, cuya participación en Panamá se desarrolla a través de Microserfin, tienen a una mujer como líder de proyecto. Sin embargo, esta realidad no es la misma cuando de contrataciones laborales se habla.

El crecimiento constante de Panamá y los proyectos de inversión pública y privada que actualmente se llevan a cabo han generado miles de puestos de trabajo, lo que ha llevado al país a la situación de pleno empleo, con una tasa de desempleo que no supera el 4%. A pesar de ello, el Banco Mundial, a través del informe Mejores Empleos en Panamá: El Rol del Capital Humano, señaló que en 2011 la tasa de desempleo de las mujeres era mayor que la de los hombres, de aproximadamente 5%.

Con este dato coinciden los resultados de la Encuesta de Propósitos Múltiples del INEC, que además refleja que se trata de una cifra que se ha mantenido durante los siguientes dos años en 5.9% para marzo de 2012 y 5.3% para marzo de 2013.

Por otra parte, según la CEPAL, el salario de una mujer equivale apenas a 70% del salario de un hombre, en iguales condiciones de educación y trabajo.

Esta desigualdad influye en la permanencia de la mujer en el ámbito laboral, quien lo abandona para ocupar posiciones como amas de casa o profesionales en campos de acción menos exigentes e influyentes. En marzo de 2013, cifras del INEC reflejaban que las mujeres representaban 72,2% de la población económicamente no activa.

Esta situación conlleva, a su vez, a que continúe bajo el índice de empoderamiento de las mujeres; es decir, el porcentaje de mujeres en posiciones –públicas o privadas- de influencia, como son los puestos parlamentarios, ministeriales y de gobernabilidad en el ámbito público, así como los directivos y gerenciales en el ámbito privado.

En Panamá, solo 8% de las curules de la Asamblea Nacional son ocupados por mujeres.

La posible solución
Los índices de pobreza general y extrema, el limitado acceso a la educación, la poca o ineficiente educación sexual y reproductiva y sus consecuencias, la desigualdad en el ámbito laboral y la falta de empoderamiento reducen al mínimo los aportes que las mujeres pueden hacerle a la sociedad.

Hasta hoy, parece ser que las autoridades políticas no han conseguido –o no les ha interesado-  generar un acceso igualitario en lo que respecta a la calidad de la educación para las familias más pobres del país, incluyendo la educación superior, a la cual estas mismas familias no pueden acceder por falta de recursos.

Las cifras de embarazos adolescentes y los índices de mortalidad materno-infantil reflejan que en Panamá la salud reproductiva es un problema de salud pública, que amerita que sea mejor entendido y, por ende, atendido.

El problema parece tener su origen en la falta o inadecuada educación sexual y reproductiva, ámbito que en el país parece ser tabú para el Ministerio de Educación, ente que a pesar de tuvo a una mujer a la cabeza, prefiere hacerle frente al tema a través de los padres de familia y no a través de las propias aulas.

Pero la responsabilidad de la educación sexual y reproductiva no puede ser únicamente de los padres de familia, sobre todo cuando 29% de los hogares en Panamá tiene a una mujer como principal y único proveedor familiar, según el Censo 2010 de la Contraloría General de la República.

Por otra parte, aunque no represente seguridad alguna, que el Ministerio de Salud pase a ser liderado por una mujer pudiera representar un reacomodo de sus acciones, de cara a mejorar la situación de la salud reproductiva de la panameña.

Asimismo, igualar las condiciones laborales de la mujer a las del hombre permitiría una mayor participación de las primeras en los ámbitos de acción más influyentes de las políticas de desarrollo del país, entre estos los cargos públicos.

No se trata de buscar el simple protagonismo femenino. Se trata más bien de otorgar confianza en esa persona que por condición natural protege lo que es suyo y no busca más que el desarrollo y sostenibilidad de lo que le rodea.

Apostar por la mujer es apostar por el futuro y el comienzo está en la educación. No obstante, mientras los gobiernos no planifiquen una igualdad en la educación desde las bases, no existirá la superación de la pobreza y el círculo seguirá proyectándose por siempre.

Modificado por última vez elDomingo, 08 Marzo 2015 14:58
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