Dedo en gatillo: una lesión común por sobreuso


La tendosinovitis estenosante, comúnmente llamada dedo en gatillo, se refiere a la afección de una de las poleas (polea A1) de la mano, a través de las cuales transcurren los tendones flexores, que debido a una inflamación crónica y el engrosamiento posterior de la misma limita el movimiento del dedo.

“Al no permitir el deslizamiento del tendón, el dedo se traba en posición de flexión, como cuando presionas un gatillo. Por ello su nombre”, explica el ortopeda Juan Carlos Romero.

Esta afección se presenta mayormente en personas que realizan trabajos finos con las manos o de escritorio; sin embargo, se trata de una lesión multifactorial, ya sea por el tipo de labor, microtraumas y sobreuso, más frecuente en mujeres, con edades comprendidas entre los 40 y 60 años.

Según Romero, el Dedo en gatillo puede ocurrir en cualquier dedo de la mano, pero es más común en el dedo medio y el anular.

“No existe una etiología determinada para el dedo en gatillo; no obstante, existen factores de riesgo como el sexo femenino, la edad, el tipo de trabajo, la diabetes y artritis reumatoide”, señala.

Síntomas, diagnóstico y tratamiento
De acuerdo con el ortopeda, los síntomas inician de manera progresiva, sin antecedente de trauma o lesión previa. El paciente suele sentir dolor a la flexión o extensión del dedo afectado, un bulto doloroso en la palma (a nivel del pliegue palmar distal), inflamación y el bloqueo en flexión o resorte del dedo que presenta la lesión. En casos severos es imposible extender el dedo.

Respecto al diagnóstico de esta patología, el especialista señala que es totalmente clínico y no requiere de ningún tipo de estudio de imagenología.

El tratamiento inicial, por su parte, consiste en reposo, analgésicos-antiinflamatorios y terapia física o rehabilitación (sobre todo en casos leves), con un alto porcentaje de mejoría a las pocas semanas.

En caso de no mejorar, Romero explica que pasa a considerarse el uso de infiltración con corticoides, explicándole primero al paciente que el principal objetivo es eliminar el dolor y la inflamación, pero que el bloqueo puede persistir en menor o mayor grado, aunque ya sin dolor.

Si después de todo este tratamiento, el dolor y la limitación persisten o si el engatillamiento residual limita las funciones laborales o de la vida diaria, se puede proceder a la cirugía, previa conversación con el paciente.

“El procedimiento quirúrgico consiste en la liberación de la polea A1. La misma se realiza de manera ambulatoria. Es un procedimiento relativamente sencillo, pero igual tiene sus complicaciones, como la rigidez, extensión incompleta, liberación excesiva, infección”, indica.

Romero enfatiza en la importancia de realizar siempre una programa de rehabilitación postoperatoria, terapia física y ocupacional, con la que se alcanzaría una mejoría total a las pocas semanas y en casos más severos, hasta seis meses después.

“Generalmente, por no ser una lesión peligrosa, estos pacientes tienen buen pronóstico funcional, con cualquiera de los tratamientos que resulte exitoso”, precisa.

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