Dermatitis atópica: síntomas y tratamiento

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La dermatitis atópica es una condición cada vez más frecuente, a pesar de que sigue siendo de amplio desconocimiento por la población. Muchos pueden padecerla y la perciben como un simple cuadro alérgico.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica y recurrente de la piel, que cursa en forma de brotes. Es de carácter hereditario, lo que quiere decir que tiene un componente genético y que se hereda, pero sobre el que, además, intervienen otros factores desencadenantes, como la contaminación, la exposición al sol, entre otros.

Algunos estudios clínicos han demostrado que pacientes con antecedentes familiares de un progenitor con dermatitis atópica, tiene 50% de probabilidades de padecerlas; porcentaje que se eleva a 80% cuando la herencia proviene de padre y madre.

La dermatitis atópica es una patología que debe ser diagnosticada por un médico dermatólogo. Genéticamente, estos pacientes presentan específicamente una alteración en una proteína estructural (filagrina), que impide la formación de las células de la piel de manera correcta. Asimismo, tiene una alteración en la cantidad y calidad del “cemento” que una a estas células, llamado cemento intercorneocitario.

El resultado de esto es una piel inestable en su función como barrera, permitiendo la pérdida de agua, lo que se traduce en deshidratación y lo que permite la entrada de agentes irritantes (polución, partículas, virus, bacterias, polen) al organismo, que son los responsables de la reacción inflamatoria que se produce por parte de la piel y, como consecuencia, producen picor.

¿Cómo sabemos que tenemos dermatitis atópica?
Los síntomas de la dermatitis atópica son muy llamativos: piel seca (escamosa), áspera, con eccema, inflamación y picor. En algunos casos, puede haber sobreinfección de las zonas afectadas.

Por su carácter hereditario, la patología suele comenzar en el primer año de vida y más frecuentemente a partir del segundo mes. Las lesiones en los bebés suelen presentarse inicialmente en la frente y en las mejillas, en los pliegues auriculares y en el cuero cabelludo.

Cuando el niño crece, las lesiones se localizan frecuentemente en los pliegues detrás de las rodillas y codos, axilas, ingles, muñecas, pliegue auricular, párpados o región peri bucal.

En adultos, por el contrario, el prurito puede dar lugar a liquenificaciones crónicas.

¿Cual sería el tratamiento?
El tratamiento para la dermatitis atópica es inicialmente farmacológico y es recetado por el médico dermatólogo. Algunos de los medicamentos a utilizar son los corticoides, como la hidrocortisona, para controlar los brotes; los antibióticos para el control de las infecciones y los inmunodepresores tópicos, que controlan las reacciones del sistema inmunológico.

El paciente también puede necesitar tratamiento sistémico con antihistamínicos en caso de prurito intenso; y para los casos más graves, se pueden utilizar corticoides e inmunosupresores por vía oral.

Por otro lado, es importante saber que el tratamiento médico se debe acompañar siempre con el tratamiento dermocosmético, el cual juega hoy un papel muy importante en el proceso de reparación de la función barrera de la piel, al nutrirla e hidratarla. Su objetivo es espaciar los brotes.

Recomendaciones
Una vez diagnosticada la enfermedad y durante el periodo entre las consultas de control, el paciente puede seguir las siguientes recomendaciones:

- Baños cortos con agua templada y con productos syndet (sin detergente), que limpian sin agredir la piel. En el mercado hay geles y también oleogeles que, además de limpiar, hidratan desde el primer momento del baño.
- Es aconsejable no utilizar esponja, para no alterar más la piel y secar a pequeños golpecitos con la toalla.
- Nutrir la piel varias veces al día con cremas emolientes. No sólo tenemos que hidratar la piel, sino también aportar nutrición. Lo ideal sería aplicar los productos dos veces al día, pero si sólo lo vamos a hacer una vez, pues que sea inmediatamente después del baño. Para esto, en el mercado existes productos ideados específicamente para piel atópica con diferentes texturas para poder escoger en función de la época del año y del estado de la piel (brote o interbrote).
- La protección solar es indispensable. Si todas las pieles hay que protegerlas del sol, estas mucho más. Existen en el mercado protecciones solares específicos para este tipo de pieles que no sólo protegen, sino que además tratan y previenen de los factores desencadenantes.
- Consumo de complementos orales a base de omega3, vitaminas, polifenoles, flavonoides, fenoles simples y ortodifenoles de la aceituna, con elevado poder antioxidante que van a mejorar el estado de la piel, reduciendo picor, inflamación y enrojecimiento.

Un diagnóstico certero y una atención continúa por parte del paciente y del médico, mejora la calidad de vida no sólo de estos pacientes, sino también para el entorno familiar.

Por Dra. Dalila Mirones – Dermatología

Modificado por última vez elMartes, 29 Enero 2019 19:09
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