El cerebro y el autismo


El Trastorno del Espectro Autista es un desorden que afecta el desarrollo cerebral–neurodesarrollo, produciendo dificultades en la comunicación, en la interacción social y en la capacidad de adaptación en un contexto situacional por la peculiar forma de procesar la información sensorial del entorno que rodea a estos niños.

En sus orígenes conceptuales fue definido por la tríada de Wing, que se caracteriza por alteraciones básicas en tres áreas de la conducta:
1. Interacción social recíproca (dificultades para relacionarse.
2. Comunicación y lenguaje.
3. Patrones de conducta y actividades e intereses restringidos, repetitivos y estereotipados.

Estas alteraciones traen como consecuencia, una serie de síntomas, que desde etapas muy tempranas de la vida, son motivo de preocupación para los padres y cuidadores de los niños afectados. Entre los síntomas más destacados y que motivan la consulta al neuropediatra, se encuentran: apego inusual a los objetos, ausencia de mirada conjunta y referencial, pobreza de juego compartido, alteraciones en el desarrollo del lenguaje gestual y verbal, conducta llamativamente hiperactiva o por lo contrario, extremadamente pasiva, falta de respuesta cuando se le llama por su nombre, llanto o rabietas sin causal aparente, hiper o hiposensibilidad a los estímulos auditivos o táctiles, entre otros.

¿Emocional o biológico?
El Trastorno del Espectro Autista es un trastorno neurobiológico que ha diferencia de otros trastornos, por lo complejo de su etiología, no puede situarse como consecuencia de una lesión cerebral estructural puntual, si no como un trastorno de índole multifactorial por alteraciones en la interconectividad neuronal. Si analizamos este concepto de multiplicidad etiológica, entonces lo podemos extrapolar al término, “espectro” por la diferente intensidad en que los síntomas pueden presentarse entre diferentes niños con la misma condición, e incluso un mismo individuo en diferentes etapas de su vida. En base al conocimiento de las alteraciones en la interconectividad neuronal, se ha dejado de considerar al autismo como un trastorno emocional y se le ha comenzado a ver como un trastorno neurobiológico.

La afectación en la vertiente comprensiva y expresiva del lenguaje, repercute considerablemente en la capacidad social de todo ser humano, en el contexto de que el lenguaje es nuestra herramienta de comunicación masiva. El nivel de afectación del lenguaje y que aspecto del mismo esté afectado (fonológico, sintáctico, semántico, pragmático), definirá que tanto pueda evidenciarse para el entorno el compromiso del lenguaje.

Por otro lado, el 70% de los niños con autismo tienen asociada una afectación cognitiva de mayor o menor grado, y la aparición de convulsiones y epilepsia es mucho más frecuente en esta población. Un ejemplo claro de cómo estas alteraciones a nivel de las redes neuronales, afectan circuitos eléctricos y funciones cerebrales como atención, memoria, velocidad de procesamiento, etc.

Las personas con autismo también suelen tener dificultades en el procesamiento cerebral de la información visual, auditiva, vestibular, propioceptiva o táctil, sin que podamos evidenciar alteraciones en las pruebas de visión, audición o somatosensoriales que evalúan órganos receptores. En este sentido, los síntomas del autismo podrían estar relacionados con alteraciones de la corteza cerebral, que está implicada en las funciones de asociación, de integración de información sensorial.

Por otra parte, lesiones graves de la corteza cerebral –como las debidas a un daño cerebral por traumatismo, lesiones isquémicas-vasculares o infecciones, también pueden causar autismo. No obstante, en estos casos hay un patrón lesional bien conocido en el que la sustancia blanca cerebral también está dañada.

Podemos decir que el autismo es un problema cerebral, que afecta diversas funciones: motricidad, lenguaje, cognición, memoria, percepción, atención. Actualmente el Trastorno del Espectro Autista, se encuentra ubicado como un Trastorno del Neurodesarrollo (DSM-5 /CIE-11).

Algunos de los hallazgos físicos encontrados en esta población, es la macrocefalia (1: 5 niños con autismo presenta macrocefalia a los 4 años de edad), sin embargo, este mayor tamaño del cráneo ya no está presente en la adolescencia. Este sobrecrecimiento del cerebro se debe a la proliferación de las conexiones entre las neuronas, lo que hace que la corteza cerebral vaya haciéndose cada vez más gruesa y la sustancia blanca subyacente también. Diferentes estudios de resonancia magnética hechos a niños con autismo, demuestran que el incremento de crecimiento craneal se correlaciona con un mayor grosor de la sustancia gris y de la sustancia blanca.

Durante la etapa prenatal del desarrollo cerebral, primero se generan nuevas neuronas que después deben migrar hacia su lugar definitivo para formar las diferentes estructuras del sistema nervioso –cerebro, cerebelo, tronco encefálico, médula espinal y nervios periféricos– que no acabarán de crecer hasta años después del nacimiento.

Los estudios cerebrales necrópsicos de personas con autismo han permitido identificar alteraciones en la corteza cerebral, cerebelo y estructuras subcorticales; principalmente defectos en la migración neuronal, que interfiere en la formación de redes cerebrales y dificulta la comunicación entre neuronas de las distintas áreas, lo que confirma que el autismo tiene un origen prenatal precoz, y probablemente genético.

Diagnóstico
Los lineamientos estandarizados desarrollados para el diagnóstico del autismo involucran dos niveles de evaluación.

Evaluación de nivel uno, a realizarse en todos aquellos que acuden a consulta de pediatría, durante sus primeros dos años de vida, y en quienes se buscan los siguientes déficits del desarrollo:

Ningún contacto visual a los 3 a 4 meses
- Ausencia de sonrisa social a los 2 meses
- No balbucea, señala, ni hace gestos a la edad de 12 meses
- No dice una sola palabra a la edad de 16 meses
- Ninguna expresión espontánea de dos palabras (no ecolálico, o no está simplemente repitiendo los sonidos de otros) a la edad de 24 meses
- Pérdida de cualquier destreza del lenguaje o destreza social a cualquier edad

El segundo nivel de evaluación, se trata de identificar la existencia de retraso del desarrollo. Incluye procedimietos más formales como la evaluación por subespecialistas (neuropediatría y paidopsiquiatría), historia clínica detallada y examen físico, pruebas complementarias solicitadas en base a la evaluación médica: genéticas, metabólicas, electrofisiológicas, tomografía cerebral, resonancia magnética cerebral y pruebas psicológicas.

Respecto al tratamiento, este está enfocado en la psicoeducación, ya que el autismo no tiene cura. Se busca lograr la inserción adecuada de esta persona a la sociedad, facilitando su desenvolvimiento en ella, mediante terapias de aprendizaje, lenguaje y conductual. La medicación es también útil para tratar algunos síntomas del autismo, en algunos niños.

Si su niño presenta algunos de los síntomas y signos asociados a el Trastorno del Espectro Autista, siempre consulte con el médico de su hijo para definir un diagnóstico y para obtener más orientación.

Por Dra. Erika Muñoz - Neurologia Pediátrica

Modificado por última vez elLunes, 29 Abril 2019 11:28

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