El infarto renal: condición infra diagnosticada


El infarto renal es uno de los problemas más graves y por desgracia frecuentes que afectan a los riñones, por lo que es necesario conocer sus síntomas y las formas de prevenirlo.Se trata de una patología de diagnóstico infrecuente, cuya incidencia real es probablemente superior a la detectada, y que asocia una evolución desfavorable en un alto porcentaje de casos. Los riñones se encargan de varias funciones en el cuerpo para mantener la sangre limpia y químicamente equilibrada. Mantenerlos sanos es muy importante para estar bien.

De acuerdo con publicaciones de Mayo Clic, en su sitio web oficial, el infarto renal es una alteración que tiene lugar en los riñones, en la que el tejido que lo forma se daña debido a niveles insuficientes de oxígeno. 

"La interrupción del flujo sanguíneo a estos órganos puede ser causado por varios factores. Uno de ellos es el cierre espontáneo del vaso sanguíneo o un desgarro en las paredes de los vasos sanguíneos de la zona. También puede deberse a un coágulo o trombo que de desplace por la arteria y llegue a taparlo. El coágulo puede provenir de las arterias del corazón o formarse ahí mismo como consecuencia de una lesión", dice el texto. 

Clasificación
Clínicamente, de acuerdo con algunos documentos médicos publicados en la Revista Nefrología de la Sociedad Española de Nefrología, se distinguen dos tipos de infarto renal:

1. Hemorrágico: El infarto renal hemorrágico ocurre cuando una vena renal es afectada, causando que la sangre deje de fluir y no pueda ser renovada debido a un nivel de oxígeno insuficiente.

2. Isquémico: Este tipo de infarto renal ocurre cuando la alteración tiene lugar en una arteria renal.

La etiología más frecuente es la isquémica o embólica, seguida de la trombosis o hemorrágica.

De acuerdo con la publicacion, las consecuencias de este problema son graves, ya que impiden que los riñones pueden realizar sus funciones metabólicas actuales. Las células no obtienen energía suficiente para mantenerse vivas y el tejido renal comienza a dañarse gravemente. Se acumula el dióxido de carbono (CO2) en el cuerpo, que es una sustancia muy tóxica para las células, causando que el tejido llegue a morir y no se cumplan las funciones como desechar las toxinas a través de la orina. 

Síntomas, causas y factores de riesgo
Debido a que su sintomatología es bastante inespecífica, se dificulta el diagnóstico precoz. Según la Revista Nefrología de la Sociedad Española de Nefrología, las personas que sufren un caso de infarto renal pueden presentar los siguientes síntomas: dolor intenso lumbar o abdominal, náuseas y vómitos, fiebre, sangre en la orina (hematuria) e insuficiencia renal aguda.

Tiene una presentación clínica variable, aunque la forma más frecuente de comienzo es un dolor profundo y repentino en el flanco o fosa renal, por lo que en un principio se diagnostica como cólico renal, lo que lleva al infra diagnóstico. 

Respecto a los factores de riesgo para el desarrollo de esta condición, los más importantes son el tabaquismo, el colesterol alto o dislipidemia, tener sobrepeso e hipertensión. Otras causas son los traumatismos previos, los estados de hipercoagulabilidad, las anomalías vasculares y las drogas.

Diagnóstico y tratamiento
La revista especializada también señala que el infarto renal es una causa poco frecuente de dolor abdominal, con una incidencia del 1,4% en Latinoamérica y Europa, siendo una entidad infradiagnosticada. Esto es debido a que existe un aumento progresivo de la población mayor de 65 años de edad y una alta prevalencia de enfermedad cardiovascular en la población general. Es más frecuente en la mujer durante la sextagésina década de la vida.

En este sentido, advierte que se debe sospechar en todo paciente con antecedentes de arritmias cardíacas o enfermedad valvular, que acudan al cuarto de urgencias por dolor abdominal agudo y que además presenten elevación de la lactato-deshidrogenasa (LDH) y alteración en el sedimento urinario.

Para todos los casos, el procedimiento diagnóstico estándar es la tomografía axial computerizada (TAC) abdominal con contraste. También puede realizarse un ecodoppler, gammagrafía o arteriografía.

En relación con el tratamiento, este es bastante controvertido y se basa en la anticoagulación, la fibrinólisis y la cirugía de revascularización. La fibrinólisis sólo sería útil si se aplica en las primeras 3 horas, que es cuando el tejido isquémico aún es viable. La cirugía de revascularización estaría indicada en los casos de origen traumático, en los infartos renales bilaterales o en los que ocurren en pacientes monorrenos o con riñón único funcionante. En el resto de los casos el tratamiento se basa en la anticoagulación. Está también está indicada como tratamiento profiláctico para prevenir nuevos eventos, por ello siempre se debe asociar a las diferentes opciones terapéuticas.

Modificado por última vez elLunes, 28 Enero 2019 15:01
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