El aneurisma de aorta abdominal es una enfermedad que puede avanzar durante años sin producir señales evidentes. Precisamente por eso, uno de los mayores retos que enfrentamos es identificarlo antes de que alcance un tamaño en el que pueda romperse y convertirse en una emergencia potencialmente mortal.
La aorta es la arteria principal del cuerpo humano. Recibe la sangre impulsada por el corazón y la distribuye a través de sus segmentos torácico y abdominal. Como cualquier otra estructura del organismo, su pared puede enfermarse y debilitarse progresivamente.
Cuando esto sucede, la arteria puede perder su forma tubular normal y comenzar a dilatarse hasta formar lo que conocemos como un aneurisma. En el abdomen, una de las localizaciones frecuentes es el segmento de la aorta situado por debajo de las arterias renales.
El principal problema del aneurisma de aorta abdominal es que puede crecer sin que la persona sepa que lo tiene.
A medida que aumenta su diámetro, también aumenta la preocupación por una eventual ruptura. Cuando un aneurisma se rompe, puede producir una hemorragia masiva y dejar muy poco tiempo para actuar. Algunos pacientes logran llegar a un centro hospitalario y recibir tratamiento de emergencia, pero en otros casos la evolución puede ser extremadamente rápida.
Por eso, el objetivo no debe ser esperar a que aparezca una complicación. Debemos intentar encontrar la enfermedad antes.
Durante muchos años, las recomendaciones de screening se han concentrado principalmente en determinados grupos de adultos mayores, particularmente personas fumadoras o con antecedentes familiares de aneurisma.
Sin embargo, la evidencia ha comenzado a plantearnos una pregunta importante: ¿son suficientes estos criterios para identificar a todas las personas que podrían desarrollar la enfermedad?
Un estudio publicado en 2020 y comentado durante nuestra entrevista analizó retrospectivamente a más de 55 mil pacientes que habían sido intervenidos por aneurisma de aorta abdominal en hospitales de Estados Unidos y Canadá.
Los investigadores evaluaron cuántos de esos pacientes habrían sido identificados previamente utilizando los criterios establecidos para screening. Los resultados llamaron la atención: aproximadamente un tercio habría podido pasar inadvertido. Incluso aplicando los criterios más estrictos considerados en el análisis, alrededor de una cuarta parte de los pacientes no habría cumplido inicialmente con las condiciones establecidas para ser estudiados.
Esto no significa que todas las personas necesiten realizarse estudios indiscriminadamente. Significa que debemos mirar con mayor atención a cada paciente, sus antecedentes y sus factores de riesgo.
La edad continúa siendo importante, pero la evaluación del riesgo no debería limitarse únicamente a cumplir determinada cantidad de años.
Conocer qué ha ocurrido en la familia puede aportar información muy valiosa. Un antecedente de aneurisma debe llamar nuestra atención, al igual que la presencia de condiciones capaces de afectar progresivamente la salud arterial.
La hipertensión arterial, por ejemplo, merece especial vigilancia. Hoy también encontramos pacientes relativamente jóvenes con factores de riesgo cardiovascular que anteriormente asociábamos con edades más avanzadas.
La epidemiología de distintas enfermedades está cambiando y la medicina debe adaptarse. La intención no es alarmar, sino aprender a identificar mejor a quienes podrían beneficiarse de una evaluación temprana.
Una de las grandes ventajas del screening del aneurisma de aorta abdominal es que puede realizarse mediante un estudio relativamente sencillo: el ultrasonido abdominal.
No requiere radiación ni la administración de medio de contraste y permite observar la aorta y medir su diámetro. Para mejorar la visualización se recomienda que el paciente acuda en ayuno, ya que la aorta se encuentra detrás de los intestinos y la presencia de alimentos o gases puede dificultar la imagen.
Si el estudio muestra una dilatación, el ultrasonido también puede utilizarse para realizar controles posteriores y valorar su evolución y velocidad de crecimiento.
Cuando el aneurisma alcanza dimensiones que hacen necesario considerar tratamiento, se requieren estudios adicionales, como una tomografía, que permiten definir con mayor precisión la anatomía y planificar el procedimiento que corresponda.
Encontrar un aneurisma no significa necesariamente que el paciente tenga que ser intervenido inmediatamente.
Dependiendo de su tamaño y características, puede establecerse vigilancia periódica. Esto permite observar su comportamiento y decidir el momento apropiado para actuar en caso de ser necesario.
La diferencia fundamental es que ya sabemos que existe.
En lugar de descubrirlo durante una ruptura o una emergencia, podemos vigilarlo, estudiarlo y tomar decisiones de manera planificada.
En Latinoamérica también se están desarrollando esfuerzos para aumentar la conciencia sobre esta enfermedad. La Sociedad de Cirujanos Endovasculares de Latinoamérica (CELA) impulsó la creación del Día Latinoamericano del Aneurisma de Aorta, conmemorado el 7 de septiembre, como una iniciativa destinada a educar, promover la detección y fortalecer el conocimiento sobre la enfermedad.
Panamá forma parte de este proceso de crecimiento y colaboración regional, que también permite que los especialistas compartamos conocimientos y continuemos avanzando en el manejo de las enfermedades de la aorta.
Nuestro objetivo debe ser cada vez más preventivo.
El aneurisma de aorta abdominal puede ser una enfermedad grave, pero tenemos una herramienta fundamental a nuestro favor: la posibilidad de buscarlo antes de que se convierta en una emergencia.
Conocer los antecedentes familiares, controlar los factores de riesgo y conversar con el especialista sobre la conveniencia de realizar un screening puede hacer una diferencia enorme.
Porque cuando hablamos de aneurisma de aorta abdominal, detectar a tiempo puede significar salvar una vida.