Muchas personas que padecen de várices o arañitas vasculares recurren a pastillas y cremas con la esperanza de eliminar estas alteraciones. Sin embargo, una pregunta frecuente en la consulta es: ¿por qué siguen apareciendo nuevas várices si estoy tomando medicamentos?
La respuesta está en comprender qué pueden hacer realmente estos tratamientos y por qué el manejo de la insuficiencia venosa requiere mucho más que una pastilla.
Los venotónicos son medicamentos utilizados como complemento en el tratamiento de la insuficiencia venosa. Su función consiste en actuar sobre las paredes de los vasos sanguíneos, ayudando a disminuir la inflamación y mejorar su tono, lo que puede favorecer el funcionamiento de las válvulas venosas y aliviar los síntomas.
Su desarrollo tiene una historia interesante. Desde los siglos XIX y XX se conocían las propiedades de plantas como el castaño de Indias y el ruscus para aliviar molestias en las piernas.
Posteriormente, los avances científicos permitieron aislar moléculas como la diosmina, que actualmente se utiliza en combinación con hesperidina. Mediante procesos como la micronización y purificación, se ha logrado mejorar su absorción y aprovechamiento por el organismo.
Estos avances han permitido disponer de medicamentos que ayudan a controlar los síntomas de la enfermedad venosa, aunque tienen limitaciones importantes.
Uno de los conceptos más importantes es que los medicamentos venotónicos no hacen desaparecer las venas enfermas ni modifican su estructura anatómica.
Las venas forman parte de una extensa red de vasos sanguíneos. Cuando sus válvulas dejan de funcionar correctamente, permiten que parte de la sangre retroceda, generando reflujo, aumento de la presión venosa e inflamación.
Los medicamentos pueden contribuir a disminuir estas molestias, pero no reparan por sí solos las estructuras que ya presentan daño.
Lo mismo ocurre con las cremas de aplicación tópica. Aunque algunos productos pueden proporcionar alivio localizado, no tienen la capacidad de eliminar una vena dilatada o corregir las válvulas dañadas.
No todos los pacientes acuden a consulta porque observan várices visibles. En muchos casos, las molestias son las que motivan la búsqueda de atención médica.
Entre los síntomas que la Dra. Ibarra encuentra frecuentemente están los calambres nocturnos.
Durante el día, permanecer mucho tiempo de pie, sentado o sin suficiente movimiento puede dificultar el retorno de la sangre desde las piernas hacia el corazón, especialmente cuando las válvulas venosas no funcionan adecuadamente.
Esta situación favorece la acumulación de presión e inflamación en las extremidades inferiores y puede contribuir a las molestias que aparecen durante el descanso nocturno.
Aunque los calambres pueden tener distintas causas, cuando son persistentes o se acompañan de otras molestias en las piernas, conviene buscar una evaluación médica.
La insuficiencia venosa no se trata únicamente con medicamentos. Para establecer un manejo adecuado, el especialista necesita conocer el estado real del sistema venoso del paciente.
La evaluación incluye el examen físico y, cuando está indicado, un ultrasonido Doppler que permite estudiar el funcionamiento de las venas, identificar el reflujo y determinar la extensión del problema.
A partir de estos resultados se establece un plan individualizado que puede incluir medicamentos para el alivio de los síntomas y procedimientos dirigidos a tratar las venas afectadas.
Los venotónicos son una ayuda dentro del tratamiento, no un sustituto de las intervenciones necesarias para corregir el daño venoso.
Sí. Aunque se corrijan las venas enfermas, otras que actualmente funcionan adecuadamente pueden deteriorarse con el paso de los años.
El envejecimiento y los cambios naturales del organismo continúan, por lo que no es posible garantizar que nunca aparezcan nuevas várices.
El propósito del tratamiento es corregir el daño existente, aliviar las molestias y ofrecer al paciente una mejor calidad de vida a largo plazo.
Reconocer las molestias, acudir a una evaluación especializada y mantener el seguimiento médico permite identificar oportunamente los problemas venosos y evitar que evolucionen hacia situaciones más complicadas.
La Dra. Flora Ibarra destaca la importancia de prestar atención a los cambios del cuerpo y mantener controles periódicos de salud, especialmente después de los 50 años, sin olvidar que las personas más jóvenes también pueden necesitar evaluación.
La conclusión es clara: las pastillas para las venas sí pueden funcionar para aliviar síntomas, pero no eliminan las várices. El tratamiento efectivo comienza con un diagnóstico adecuado y un plan integral adaptado a las necesidades de cada paciente.
La Dra. Flora Ibarra profundiza en este tema durante su participación en el podcast de SaludPanama, donde explica cómo funcionan los medicamentos venotónicos, cuáles son sus limitaciones y por qué el seguimiento especializado resulta fundamental para la salud vascular.