Hay personas que ignoran el dolor porque están demasiado ocupadas. Otras porque creen que es normal. Algunas porque continúan funcionando, trabajando o incluso practicando deporte a un nivel elevado y asumen que mientras puedan seguir adelante, no existe un problema real.
Sin embargo, el dolor tiene una función muy importante: comunicar que algo necesita atención.
Ese fue uno de los mensajes centrales de la conversación sostenida entre la Lic. Lizbeth Vallecilla, fisioterapeuta; su padre, Alex Vallecilla; la periodista Lorena Martínez; y el Dr. Andrés Báez, especialista en cirugía de columna.
Aunque las historias de Lizbeth y Alex son diferentes, ambas tienen un elemento en común: escuchar las señales del cuerpo a tiempo les permitió recuperar calidad de vida y volver a realizar actividades que parecían imposibles.
Cuando ayudar a alguien termina revelando una lesiónLa historia de la Lic. Lizbeth Vallecilla comenzó durante su trabajo como fisioterapeuta. Al intentar evitar que un paciente sufriera una caída, realizó un movimiento que terminó provocando una lesión importante en su columna lumbar.
Lo que inicialmente parecía un episodio de dolor terminó revelando una hernia de disco y otras alteraciones que afectaban significativamente su movilidad y bienestar.
A pesar de ser profesional de la rehabilitación y conocer ampliamente el funcionamiento del cuerpo humano, la situación llegó a un punto en el que el dolor limitaba actividades básicas de la vida diaria.
Tras una evaluación completa y los estudios correspondientes, fue atendida por el Dr. Andrés Báez mediante una cirugía mínimamente invasiva de columna.
La recuperación no solo le permitió regresar a sus actividades habituales. También provocó un cambio profundo en su estilo de vida.
Una decisión que transformó el futuroDurante su proceso de recuperación, el Dr. Báez le transmitió una idea sencilla pero poderosa: si quería conservar una buena calidad de vida y proteger su columna a largo plazo, debía incorporar el ejercicio como parte permanente de su rutina.
Aquellas palabras marcaron un antes y un después.
Paradójicamente, quien hoy participa en maratones y mantiene una vida físicamente activa reconoce que antes de su cirugía prácticamente no realizaba ejercicio.
Su experiencia demuestra que un tratamiento exitoso no termina en el quirófano. La verdadera transformación ocurre cuando el paciente adopta hábitos que favorecen su salud durante los años siguientes.
El error de pensar que el dolor es normalLa experiencia de Alex Vallecilla, padre de Lizbeth, ofrece otra perspectiva igualmente importante.
A diferencia de su hija, su problema no comenzó por un accidente puntual. Con el tiempo fue desarrollando dolor lumbar progresivo hasta el punto de dificultar actividades tan simples como conducir, caminar o desempeñar sus labores diarias.
Como ocurre con muchas personas, el cuerpo llevaba tiempo enviando señales.
El problema es que solemos aprender a convivir con ellas.
Se ajustan las rutinas. Se reducen actividades. Se modifican movimientos. Se toman analgésicos ocasionales. Y poco a poco el dolor deja de verse como una advertencia para convertirse en una supuesta normalidad.
Cuando finalmente buscó atención especializada, los estudios revelaron alteraciones estructurales importantes en la columna que requerían un tratamiento específico.
Según explicó el Dr. Andrés Báez durante la conversación, cada paciente presenta una realidad distinta. Mientras algunos casos pueden resolverse con procedimientos mínimamente invasivos, otros requieren intervenciones más complejas para estabilizar la columna y devolver funcionalidad al paciente.
Lo importante es que el diagnóstico correcto permite tomar decisiones basadas en evidencia y no en suposiciones.
El deporte no siempre protege del problemaExiste una creencia frecuente de que una persona físicamente activa está protegida frente a los problemas de columna.
La realidad es más compleja.
El ejercicio aporta enormes beneficios para la salud, pero no vuelve al cuerpo inmune a lesiones, desgaste articular o alteraciones estructurales.
De hecho, uno de los aspectos más interesantes de esta conversación es que tanto Lizbeth como Alex son personas vinculadas al mundo de las carreras y las maratones.
Su experiencia demuestra que mantener un alto nivel de actividad física no elimina la necesidad de escuchar al cuerpo cuando aparecen síntomas persistentes.
El rendimiento deportivo no debe convertirse en una razón para ignorar el dolor.
Escuchar antes de que el problema avanceUno de los mayores aprendizajes que deja este encuentro es que el dolor no debe verse únicamente como una molestia.
Es un mecanismo de comunicación.
Cuando aparece de forma persistente, limita actividades, interfiere con el sueño, modifica la movilidad o afecta la calidad de vida, merece una evaluación adecuada.
En muchos casos, una consulta oportuna puede evitar años de sufrimiento innecesario.
Y cuando existe una condición que requiere tratamiento, identificarla a tiempo suele ampliar las opciones disponibles y mejorar los resultados.
Calidad de vida como objetivoLa medicina moderna no busca únicamente aliviar síntomas. Busca devolver funcionalidad, independencia y bienestar.
Las experiencias compartidas por la Lic. Lizbeth Vallecilla y el Sr. Alex Vallecilla reflejan precisamente eso: dos personas con diagnósticos distintos, tratamientos distintos y circunstancias distintas, pero con un resultado común.
Porque vivir con dolor no siempre es inevitable.
Muchas veces es simplemente una señal de que ha llegado el momento de escuchar lo que el cuerpo intenta decir.
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