¿Cómo identifico sí mi hijo es sordo?


La mayoría de los niños oyen bien desde su nacimiento, capacidad que les permite aprender a hablar y a desarrollar el lenguaje al imitar las voces de las personas que les rodean. No obstante, existe un porcentaje significativo de niños que nacen con pérdida auditiva.

“Aproximadamente, de dos a tres de cada mil recién nacidos tienen pérdida auditiva parcial o total y otros tanto pierden la audición durante los primeros años de vida, lo que afectivamente impacta en el desarrollo del habla y el lenguaje. Para que estos niños tengan la oportunidad de desarrollar el habla y el lenguaje de la misma forma que los niños oyentes, es muy importante realizar un diagnóstico temprano e iniciar la intervención  correspondiente al menos a los seis meses de edad”, explica la fonoaudióloga Susan Nicolle Cortés.

De aquí deriva la importancia de realizarse a todos los recién nacidos el llamando tamizaje auditivo neonatal, además de cumplir con el seguimiento auditivo a los seis y doce meses de edad.

La sordera –también llamada Hipoacusia- es una disminución en la capacidad auditiva, cuyo nivel y tipología la clasifica en tres tipos:

Conductiva: se refiere a cuando el sonido no logra ingresar al oído interno.  Algunas de  las causas de la hipoacusia conductiva son la otitis media (infección del oído medio), acumulación de cera y malformaciones del pabellón auricular o del oído medio.

Neurosensorial: se refiere a cuando la pérdida de audición se debe a lesiones en el oído interno, condición que puede ser causada  por síndromes genéticos, virus, medicamentos ototóxicos, prematuridad, hipoxia perinatal y enfermedades como toxomoplamosis, rubiola, sifilis, herpes (que en caso de haberlas padecido la madre, pueden afectar la audición del niño).

Mixta: se refiere a la presencia de una condición combinada, de la hipoacusia conductiva y la neurosensorial, la cual implica daños tanto en el oído externo o medio como en el interno.

“Existen también diferentes grados de pérdida auditiva. Esta puede ser  leve, moderada, severa y grave. Cabe mencionar que las pérdidas auditivas leves o las unilaterales (de un solo oído) pueden pasar desapercibidas en los niños pequeños”, precisa la especialista.

¿De qué sospechar?
Algunas conductas que pueden hacer pensar que ese niño o niña podría no estar escuchando bien son:Al hablar se debe elevar el tono de voz para que el niño (a) le atienda.

- Escucha música o mira la televisión a volumen elevado.
- Tiene dificultad para escuchar las indicaciones de la maestra.
- Se coloca el teléfono siempre en un solo oído.
- Si es un bebé, no responde a los estímulos sonoros.
- No balbucea y emite  ruidos como gritos.
- No desarrolla el lenguaje de acuerdo a lo esperado para su edad.
- No busca la fuente del sonido.
- Cuando está dormido no se despierta antes ruidos fuertes.

De acuerdo con Cortés, los factores de riesgo para padecer de hipoacusia pueden ser tanto hereditarios como adquiridos. Sin embargo, “la mayoría de los niños con sordera, no tienen ningún factor de riesgo que haga sospechar de pérdida auditiva, por esto la importancia de realizar el tamizaje auditivo neonatal a todos los recién nacidos”.

Dentro de los factores de riesgo para sordera se pueden mencionar:

- Historia familiar de hipoacusia congénita.
- Prematuridad.
- Recién nacido de muy bajo peso (menor de 1500 gramos)
- Ingreso a la sala de cuidados intensivos neonatales por más de  5 días.
- Ventilación mecánica.
- Hiperbilirrubinemia, que requiera transfusión sanguínea.
- Aplicación de medicamentos ototóxicos.
- Asfixia perinatal.
- Infecciones intrauterinas como: citomegalovirus, herpes, sífilis, rubeola, herpes, toxoplasmosis, sida.
- Malformaciones craneofaciales, incluyendo anomalías morfológicas del pabellón auricular, conducto auditivo externo, apéndices auriculares y fístulas.
- Síndromes o cromosopatias asociadas a hipoacusia.
- Enfermedades neuro-degenerativas.
- Infecciones post-natales como meningitis bacteriana.
- Traumas craneoencefálicos, especialmente las fracturas de base de cráneo y hueso temporal que requieren hospitalización.
- Quimioterapia.
- Exposición a niveles elevados de ruido.

 “La hipoacusia en la infancia, cuando no es diagnosticada y tratada tempranamente trae grande repercusiones sobre el desarrollo del habla y el lenguaje, dejando secuelas permanentes que afectan al desarrollo cognitivo, adquisición de aprendizajes,  proceso madurativo del niño, sociabilización y autoestima, convirtiéndose en un problema para el niño y sus familiares”, enfatiza la fonoaudióloga.

El impacto de la afección también viene dado por la comorbilidad de la enfermedad.  Y es que las pérdidas auditivas pueden presentarse acompañadas de otras afecciones como, por ejemplo, síndromes genéticos, malformaciones craneofaciales, ceguera, trastornos neurológicos y mentales, por sólo citar algunos.

Diagnóstico y tratamiento
Según Cortés, en los últimos años se ha enfatizado mucho más en la importancia de la detección temprana de las pérdidas auditivas, lográndose una concienciación a nivel público y privado. Este logro permite que en la actualidad se lleve a cabo el tamizaje auditivo neonatal a recién nacidos sanos y en riesgo en la mayoría de los hospitales de tercer nivel de Panamá, los cuales cuentan con los equipos y los profesionales capacitados para ello, así como centros y clínicas privadas, a los cuales las personas también puede acudir para realizarse pruebas auditivas.

Respecto al diagnóstico, existen dos métodos para evaluar la audición, cuya utilización depende de si el niño es sano o tiene condiciones de riesgo. Ambos son pruebas muy seguras, indoloras, rápidas de realizar y que no ameritan la colaboración del bebé.

La primera prueba, denominada Emisiones Otoacústica, es un estudio que mide la función del órgano de la audición. Se trata de un método muy confiable para evaluar la audición en recién nacidos sanos.

El segundo, denominado Potenciales Evocados Auditivos de Tallo Cerebral, es un método que evalúa la vía auditiva a través de ondas cerebrales. Este estudio es recomendado en recién nacidos con factores de riesgo para sordera y en aquellos bebés sanos que no hayan pasado satisfactoriamente las emisiones otoacústicas.

“Cuando se trata de pérdidas auditivas neurosensoriales, asociadas a cualquiera de los factores de riesgo que hemos mencionado, no existe posibilidad de recuperar la audición; sin embargo, el tratamiento oportuno les da la oportunidad a los niños sordos, de desarrollar todas sus capacidades como niños  oyentes”, enfatiza Cortés.

Panamá cuenta con diferentes entidades sin fines de lucro que  ofrecen atención a niños con discapacidad auditiva. También existen clínicas y centros privados que trabajan en el tratamiento de los niños con pérdida auditiva.

Indicadores de desarrollo  normal de la audición y del habla:

De 0-3 meses
- Se sobresalta o pestañea ante sonidos fuertes.
- Se despierta frente a sonidos fuertes.
- Se calma cuando escucha la voz de la mamá.

De 3- 5 meses
- Gira los ojos o la cabeza para buscar la fuente de sonido.
- Responde a la voz de los padres, aunque no pueda verlos.
- Le gustan los juguetes con sonidos.
- Comienza a balbucear.

6 meses
- Responde a su nombre.
- Gira la cabeza hacia la fuente sonora.
- Comienza a imitar los sonidos del habla.

10 - 12 meses
- Comprende y sigue instrucciones simples.
- Le entrega un juguete cuando usted se lo pide, sin señalar el objeto.
- Imita sonidos del habla de otras personas.

13 – 18 meses
- Utiliza entre 3- 20 palabras.
- Señala entre 1 y 3 partes del cuerpo cuando se le pide.

19 – 24 meses
- Une 2 palabras para formar frases cortas (dame más).
- Comprende y sigue órdenes de 2 pasos (trae tu maleta).
- Señala al menos 5 partes del cuerpo.
- Responde a preguntas de tipo “sí” o “no”.

Modificado por última vez elViernes, 26 Septiembre 2014 13:41
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