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Hoy se cumplen 100 años de la primera transfusión de sangre segura entre humanos


El 9 de noviembre de 1914 se llevó a cabo en la ciudad argentina de Buenos Aires, la primera transfusión de sangre exitosa entre humanos.

Hace 100 años, el médico y científico Luis Agote logró realizar una transfusión segura al utilizar una técnica que consistió en evitar la coagulación de la sangre extraída del cuerpo de una persona, mediante la adición de citrato de sodio.

Este logro permitió salvar millones de vidas durante la Primera Guerra Mundial. Asimismo, dio paso a nuevos horizontes en la evolución de la medicina en el ámbito mundial.

La evolución del método
Diversas fuentes históricas y otras que reseñan este hecho, como Wikipedia, señalan que de acuerdo con el historiador Stefano Infessura el primer intento de transfusión sanguínea habría ocurrido en el siglo XV.

El historiador habría reseñado que en 1492, el Papa Inocencio VIII cayó en coma y se le administró la sangre de tres niños vía oral a sugerencia del médico, ya que para ese momento, la circulación sanguínea aún desconocida. A los niños de 10 años de edad se les habría prometido pagarles con sendos ducados de oro; sin embargo, tanto el Papa como los menores fallecieron.

El 15 de junio de 1667, se habría realizado la primera transfusión de sangre exitosa a un ser humano. Esta fue administrada por el doctor francés Jean-Baptiste Denys, quien mediante cánulas creadas con plumas de aves, le transfundió a un joven enfermo de sífilis sangre de oveja. Lastimosamente, dicho paciente falleció. El doctor francés habría descrito el caso con la siguiente acotación: «Estaba en el proceso exitoso de recibir la transfusión (…) pero algunos minutos después su brazo se calentó, su pulso aceleró, el sudor brotó sobre su frente, se quejaba de fuertes dolores en los riñones y en el estómago, su orina era oscura, negra de hecho (…) luego murió».

Durante la primera década del siglo XIX, se identificaron los diferentes tipos de sangre, y que la incompatibilidad entre la sangre del donante y del receptor podía causar la muerte.  El patólogo y biólogo austriaco Karl Landsteiner descubrió que las personas tenían diferente tipo de sangre y que las transfusiones no eran compatibles entre personas de diferente tipo. En 1901 describió el sistema de ABO y en 1940 el sistema Rh. Se le concedió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en el año 1930.

El método de conservación de sangre humana para su uso diferido en transfusiones, mediante la adición de citrato de sodio, fue desarrollado por el médico argentino Luis Agote en 1914.

A fines de la década de 1930 e inicios de la de 1940, la investigación del médico estadounidense Charles Drew llevó al descubrimiento de que la sangre podía ser separada en plasma sanguíneo y células rojas, y de que el plasma podía ser congelado separadamente. La sangre almacenada de este manera duraba más tiempo y era menos propensa a contaminarse.

La donación y la transfusión
La transfusión de sangre tiene su base en la acción de donación, que es de donde se obtiene el recurso, en este caso sangre, para realizar la transfusión.

Según la Organización Mundial de la Salud, un país necesita anualmente colectar sangre equivalente a entre el 3% y el 5% de su población, para contar así con un abastecimiento adecuado.

“Panamá, al igual que la mayoría de los países de América Latina y el Caribe colecta tan sólo el equivalente al 1,4% de su población. Adicional a esto, en el caso de Panamá, sólo el 5.9% de lo colectado proviene de donaciones voluntarias no remuneradas”, comenta el Dr. Arturo Rebollón, de Sangre Panamá.

Por otra parte, el Sistema Nacional Sangre Segura, perteneciente al Ministerio de Salud, reportó en 2011 54,427 donaciones, una cifra que aunque no es suficiente va a en aumento.

Cabe destacar que las unidades de sangre colectadas han aumentado 30% a nivel nacional desde el 2006. Sin embargo, son muchos los mitos que giran alrededor de la donación de sangre y que hoy limitan la participación voluntaria y por ende reducen el impacto de tan importante acción.

La donación de sangre no debe limitarse a la necesidad cubrir una demanda individual, sino a la necesidad de proveerle al país de los recursos sanguíneos necesarios para solventar emergencias de todo tipo, incluyendo las producidas por desastres naturales.

Es por ello que Rebollón enfatiza en la necesidad que hay de “crear conciencia y sensibilizar a la población de la importancia de la donación voluntaria y periódica de sangre en nuestro país”.

“Debemos lograr un incremento sustancial y consistente en las donaciones voluntarias de sangre para las necesidades del país, abastecer las reservas en los bancos de sangre del país y fomentar la cultura de donación voluntaria de sangre en la población panameña”, agrega.

“Donar sangre es donar vida. Cuando lo haces, regalas vida y eso te hace ser un héroe. Cada uno de nosotros, con su donación, puede salvar hasta tres vidas. El impacto es muy grande, pero el desconocimiento nos aleja de esta realidad. Es necesario que esto cambie”, precisa Rebollón.

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