Importancia de la vacunación pediátrica

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"Todos los niños necesitan ser vacunados, porque así podemos prevenir el desarrollo de enfermedades graves propias de la infancia, que anteriormente estaban relacionadas con niveles de mortalidad elevada y discapacidad. Gracias a ella se ha mejorado calidad de vida y sobrevida de estos pacientes, así como los estándares de salud para todos".

Así lo expresa la pediatra neonatóloga María Elisa Dejuane durante una entrevista concedida recientemente a SaludPanama.com en el marco de la Semana Mundial de la Inmunización.

"Vacunar es dar salud. Es un acto de amor hacia nuestros niños y al negarles ese derecho, porque la salud es un derecho, los ponemos en riesgos innecesarios sin una base científica, además de poder impactar sobre el resto de la sociedad", agrega.

¿Todos los niños pueden ser vacunados?
Actualmente, existen personas a favor y en contra de la vacunación, posición que toman en función de los beneficios y los riesgos de su aplicación. Nada tiene que ver con si el niño puede o no ser candidato a vacunación.

De acuerdo con Dejuane, todos los niños pueden ser vacunados. "Son muy raras las excepciones y estas están únicamente relacionadas con alergias específicas que tenga el niño a ciertos componentes e inmunodeficiencias, que no pueden recibir virus vivos o atenuados, para quienes existen opciones. Igualmente sucede con niños en quimioterapia, que su inmunidad está vulnerable y no deben recibir inmunizaciones. Estos son casos muy excepcionales y están vinculado a la salud del sistema inmune".

Las principales vacunas
Respecto a cuáles son las principales vacunas que debe recibir un niño antes de los cinco años, la pediatra neonatóloga señala que estas son: BCG y hepatitis B (al nacer); rotavirus, neumococo, tosferina, difteria, tétano, hepatitis B, haemophilus influenzae, polio inactivado (entre los 2 y 4 meses); tosferina, difteria, tétano, hepatitis B, haemophilus influenzae, polio inactivado (a lo 6 meses, junto con la primera dosis de influenza, la cual requiere un refuerzo al mes).

A partir del año, comienzan los refuerzos de estas primeras vacunas y la inclusión de otras: hepatitis A (al año de edad, con dos dosis en un intervalo de 6 meses); neumococo y MMR o SPR (sarampión, paperas y rubéola) e influenza para los que aún no la han recibido.

A los 15 meses, el niño debe recibir la vacuna contra la varicela, con un segundo refuerzo a los 4 años. Si se trata de un adolescente, que no ha recibido nunca ninguna dosis de varicela y no la ha padecido, a partir de lo 12 años se recomienda vacunar e igual aplicar 2 dosis. A los 18 meses, se deben aplicar los refuerzos de pentavalente (polio inactivado, tosferina, difteria, tétano, haemophilus influenzae) y la segunda dosis de hepatitis A y MMR o SPR.

Entre los 4 y 6 años de edad, la pediatra señala que se deben administrar los refuerzos de MMR, tetravalente (tosferina, difteria, tétano, polio inactivado) y segunda dosis de varicela.

A partir de los 9 años, tanto en varones como en niñas se aplican 2 dosis de vacuna contra VPH con espacio de 6 meses entre cada dosis y refuerzos de rubéola, sarampión, tétano, tosferina, difteria. Estos refuerzos abarcan hasta los 15 años. Además existen en el mercado vacunas contra meningoco.

En embarazadas se recomienda aplicación de DTaP e influenza, sobretodo para erradicar el estado de portador de la bordetella pertusis, enfermedad que ataca principalmente a los más pequeños y vulnerables.

Adicionalmente y de manera anual, se debe aplicar hasta los 5 años, la vacuna de influenza.

Luchando contra las enfermedades
"Las vacunas previenen múltiples enfermedades, algunas incluso considerándose erradicadas completamente gracias a las vacunas, como por ejemplo, la viruela, siendo una enfermedad con alta mortalidad y secuelas importantes en sus sobrevivientes como cicatrices y desfiguración", dice Dejuane.

La Tuberculosis meníngea y diseminada se previene con la BCG. También se puede prevenir la difteria, tétanos, tosferina, poliomyelitis, haemophilus influenzae, enfermedades propias de la infancia muy temprana, asociadas a parálisis, insuficiencia respiratoria grave, neumonía, meningitis, parálisis cerebral, epilepsia, retraso mental e incluso la muerte.

La aplicación de la vacuna para la Hepatitis B desde el nacimiento, se ha relacionado científicamente con una disminución importante de cáncer hepático en la vida adulta, asociado a esta infección.

La vacuna contra el Rotavirus evita diarreas profusas, deshidratación y shock en bebes más pequeños, mientras que la de la rubeola ayuda a prevenir la aparición de esta enfermedad, que está asociada a malformaciones congénitas, ceguera y sordera. El sarampión, en casos graves puede ser la causa de neumonías graves, encefalitis y cuadros degenerativos no reversibles por desmielinización y secuelas neurológicas.

Por otro lado, la paperas es otra de las enfermedades que se previenen mediante vacunación, siendo la esterilidad en varones su secuela más importante.

La varicela que puede ser considerada una enfermedad benigna de la infancia sin mayores repercusiones, en niños más grandes y adultos genera cuadros más severos, ausentismo escolar y laboral, mayores costos y se asocia a brotes de varicela zoster en adultos, ya que el virus permanece alojado por mucho tiempo en los ganglios.

La vacuna contra el meningococo previene la enfermedad asociada a esta bacteria, que produce cuadros severos con alta mortalidad y secuelas, ya sea meningococemia y/o meningitis bacteriana por este germen.

La vacuna más controvertida es la del papiloma virus, de las disponibles en el mercado, incluyen las cepas que más se relacionan con aquellas que causan displasia para luego evolucionan hacia cáncer cervicouterino, anal, faringe y laringe, principalmente, asociadas a actividad sexual durante la vida.

En resumen, la pediatra precisa que con las vacunas se previene muerte asociada a infecciones, mutilaciones, deformaciones, defectos congénitos, ceguera, sordera, retraso mental, esterilidad, enfermedades neurológicas, discapacidad, cáncer (específicamente hepático, cervical, laríngeo, anal, asociado a displasia por VPH, además de los costos económicos, sociales y emocionales relacionados a estas enfermedades claramente prevenibles.

"Los principales efectos secundarios son dolor local en el lugar de la aplicación, entumecimiento, eritema o enrojecimiento del área, limitación funcional transitoria de la extremidad, fiebre y malestar general, alergias a algunos de sus componentes, los cuales son pasajeros y representan un riesgo bajo y en muy baja prevalencia para los pacientes en comparación con sus beneficios, por lo que no hay razones de valor para no vacunar a un niño", agrega.

"El Programa Nacional de Inmunización en Panamá -y como panameños debemos sentirnos muy orgullosos-, es el más completo de la región y comparable en cobertura inclusive con los países de primer mundo, accesible a toda la infancia sin costos y con productos de alta calidad. Son pocas las modificaciones que a mi juicio requeriría, más que agregar la vacuna contra el meningococo para poblaciones en riesgo, lo cual beneficiaría a niños con enfermedades crónica, que los hace más vulnerables a enfermedades potencialmente graves", destaca.

SaludPanama.com

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