Incontinencia Urinaria Femenina

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La incontinencia urinaria se define como la pérdida involuntaria de orina, que es objetivamente demostrable y que trae consigo problemas asociados a la higiene y a la interacción social.

En las mujeres, se pueden presentar tres tipos de incontinencia: la de esfuerzo, por urgencia y la mixta. Esta afección puede asociarse a prolapsos de los órganos pélvicos como la vejiga, intestino, recto y el útero.

La incontinencia por esfuerzo tiene asociación con actividades que produzcan estrés o pujo abdominal (toser, estornudar, hacer ejercicios, cargar peso), mientras que la incontinencia por urgencia es aquella en la que se produce pérdida de orina incontrolable y súbita, con urgencia o apuro para orinar. Por último, la incontinencia mixta es una mezcla de las dos previas y es la que presentan la mayoría de las mujeres.

Algunas cifras indican que la incontinencia urinaria tiene una morbilidad que oscila entre el 5% y el 72% de la población femenina.

Causas y diagnóstico

Anatómicamente, con factores de riesgo se produce hipermobilidad uretral, asociado a pérdida del soporte pélvico (músculos y fascias que sostienen los órganos pélvicos primordialmente el elevador del ano), descendiendo la uretra y ocurriendo la apertura de la misma. La otra causa es la deficiencia intrínseca del esfínter urinario, que se asocia a lesiones por cirugías, cicatrización, radiación y cambios seniles.

Entre los factores de riesgos de la incontinencia urinaria están: edad avanzada, menopausia, falta de estrógenos, multiparidad, partos dificultosos por productos grandes, cirugías pélvicas, radioterapia, prolapsos genitales y problemas neurológicos.

Respecto al diagnóstico, la historia clínica es el pilar angular para establecer el tipo de incontinencia que presenta la paciente, identificar los factores de riesgo asociados a la afección, cuantificar el número de toallas sanitarias que se utilizan durante el día (severidad del escape urinario), la ingesta de medicamentos, así como la presencia de enfermedades previas.

El examen médico es también importante. Debe realizarse una evaluación neurológica con énfasis en los reflejos pélvicos. El examen pélvico y vaginal evidenciará el escape de orine al reír o toser. Será evidente la hipermobilidad uretral y prolapsos genitales (cistocele-vejiga, rectocele-recto y enterocele-intestinos, y en algunos casos prolapsos completos que incluyen el útero).

La realización de urinálisis y urocultivo son de suma importancia para identificar infecciones y sangrados anormales. Por su lado, la cistoscopia, un estudio endoscópico de la vejiga, es relevante al permitir evidenciar el escape de orina, la motilidad uretral, estenosis de la uretra y los prolapsos de órganos pélvicos. La Urodinamia es otro estudio que nos permite conocer con valores el estado de la función de la vejiga, como la sensibilidad, la capacidad elástica, las respuestas de la vejiga al llenado y la capacidad vesical.

Una vez establecido el diagnóstico disponemos de tratamientos médicos y quirúrgicos.

Tratamiento

Cabe destacar que entre el 50 y 60% de las incontinencias leves mejoran. Las medidas médicas incluyen tratar las causas corregibles (sobrepeso y déficit estrogénicos), aplicar terapia conductual para orinar programadamente en intervalos; realizar ejercicios pélvicos o de Kegel, consumir medicamentos como estrógenos vaginales-orales, medicamentos tipo pseudoefedrina y antidepresivos y colocación pesarios vaginales, que dan soporte y generan oclusión uretral.

Pero es el tratamiento quirúrgico el que brinda resultados más exitosos y sostenidos. Dentro de este campo, los procesos son los abordajes abdominales, que son procedimientos de suspensión vesicouretrales reposicionado el cuello vesical y la uretra al pubis, con o sin malla laparoscópicos o con robot; y los abordajes vaginales -preferidos en la actualidad-, que con o sin malla restauran el soporte pélvico, corrigiendo el escape urinario.

Existe información confusa sobre la utilización de mallas, debido a la gran variedad de dispositivos comerciales y a la apertura de varias especialidades para la colocación de las mismas.

La FDA recomienda que la mejor elección quirúrgica sea por un cirujano urólogo o ginecólogo capacitado en la aplicación específica en cada dispositivo de malla, con un consentimiento informado, fundamentado en guías de manejo, y considerando los pro-contras de la aplicación de mallas, garantizando resultados y disminuir complicaciones.

Dr. Gustavo Espino
Especialista en Urología

Modificado por última vez elJueves, 16 Enero 2014 12:35
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