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Insuficiencia renal crónica

Insuficiencia renal crónica

La insuficiencia renal crónica, también conocida como falla renal o insuficiencia de los riñones, es una afección caracteriza por la pérdida lenta de la función de los riñones con el paso del tiempo. El principal trabajo de estos órganos es eliminar los desechos y el exceso de agua del cuerpo.

Clínicamente se refiere pérdida de las funciones del riñón, que vienen reflejadas como un deterioro progresivo, durante más de tres meses, y generalmente irreversible, del filtrado glomerular por debajo de 60 ml/min/1.73 m2 o por la lesión de los riñones en su estructura.

El filtrado glomerular es el volumen de plasma necesario para depurar una sustancia cuando es filtrada por el riñón. Habitualmente nos da idea de la cantidad o porcentaje de riñón deteriorado, pues está directamente relacionado con este deterioro de la depuración renal.

Como consecuencia de este filtrado insuficiente, se produce una acumulación de sustancias nitrogenadas en la sangre, especialmente urea y sus derivados, y una elevación de la creatinina plasmática, que es lo que se detecta en los análisis de sangre. Esta situación desemboca en lo que se conoce como uremia o síndrome urémico.

“Los riñones sanos limpian la sangre al eliminar el exceso de líquido, minerales y desechos. También producen hormonas que mantienen sus huesos fuertes y la sangre sana. Sin embargo, cuando los riñones están lesionados, no funcionan correctamente. Esta situación conlleva a que se acumulen desechos peligrosos en el organismo y entre sus consecuencias está la elevación de la presión arterial, la retención de líquido y la producción insuficiente de glóbulos rojos. La presencia de estos tres síntomas reflejan una condición que llamamos insuficiencia renal”, explica el médico nefrólogo Ovidio De Freitas.

“Es importante saber que la progresión de la insuficiencia renal provoca la muerte del paciente si no se suple la función renal, ya que no se eliminarían las sustancias toxicas que normalmente desecha el riñón”, añade.

Se estima que en torno al 10% de la población padece algún grado de enfermedad renal crónica, si bien existe una mayor incidencia en la población anciana, llegando al 20-25% de los mayores de 65 años. Esto se debe, no solo al envejecimiento sino a las enfermedades que son reconocidas como causas y que son más prevalentes en este rango de edad.

Causas y factores de riesgo
“En algunos casos, se desconoce cuál es el mecanismo que ha dado origen a la insuficiencia renal; si embargo, sus causas o enfermedades más frecuentemente asociadas al desarrollo de la enfermedad renal crónica son la diabetes, la glomerulonefritis, la vasculitis, la poliquistosis renal y el uso de ciertos fármacos, principalmente el uso crónico de antiinflamatorios no esteroideos y algunos antibióticos”, indica el De Freitas.

La diabetes constituye la principal causa de fallo renal crónico. Datos de la Federación Internacional de la Diabetes dan cuenta de que hasta en un tercio de los pacientes diabéticos, tanto en la diabetes tipo I como en la II, terminan con una situación de insuficiencia renal crónica.

La glomerulonefritis son otras causas de la ERC, a veces hereditarias como en el síndrome de Alport, otras por virus como los de hepatitis B y C o el VIH, otras por enfermedades por depósito como el mieloma o la amiloidosis. La vasculitis, por su parte, son procesos autoinmunes que atacan especialmente a los vasos sanguíneos que nutren vísceras como el riñón, destacando el lupus, granulomatosis de Wegener, Goodpasture, etcétera.

Bibliografía médica, como por ejemplo la publica por MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, describe también algunos factores de
riesgo para el desarrollo a largo plazo de insuficiencia renal crónica. Los más conocidos son: hipertensión arterial y alteraciones vasculares, dislipemias (altos niveles de colesterol o triglicéridos en la sangre), antecedentes familiares, litiasis o piedras en los riñones o en uréteres, obstrucciones del sistema urinario, benignas o malignas, edad por encima de 65 años, tumores e infecciones como las sepsis.

Signos y síntomas
Los síntomas más frecuentes de la insuficiencia renal crónica, clasificados según los órganos que se ven afectados son:

Aparato digestivo: anorexia, vómitos matutinos, aliento urémico, característico por tener olor a pescado o amoniaco, debido a la acumulación de sustancias que deberían ser excretadas por la orina, diarreas, hemorragia digestiva y úlceras, y obstrucciones.

Aparato cardiovascular: hipertensión arterial (complicación más frecuente), aterosclerosis generalizada, (el infarto agudo de miocardio es la causa más frecuente de muerte en estos enfermos) e insuficiencia cardiaca, debida a la retención de líquidos.

Sistema nervioso: polineuropatía urémica: dolor agudo principalmente en los pies, que con el tiempo evoluciona a debilidad y atrofia muscular; encefalopatía urémica: somnolencia, confusión y, a veces, convulsiones, coma y muerte; y demencia dialítica por acumulación de aluminio: alteración del estado mental y la memoria, que puede llevar a la muerte si no se corrige; síndrome de desequilibrio: cuando hay diálisis rápidas o con líquido de diálisis inadecuado. puede ocasionar la muerte y debe repetirse la sesión de diálisis de forma adecuada.

Piel: picor, coloración amarillenta por la acumulación de unas sustancias llamadas urocromos, alteración en la curación de las heridas y escarcha urémica (restos de polvo blanco tras sudar, debido a la elevada concentración de urea en el sudor).

Sistema endocrino (alteraciones hormonales): Ausencia de menstruación, Impotencia y Disminución de la libido.

Sangre periférica: Anemia, Infecciones y Hemorragias.

Trastornos metabólicos: Hiperglucemia por intolerancia a la glucosa, Aumento de los triglicéridos y Descenso de las HDL (colesterol bueno).

Trastornos pulmonares: Edema pulmonar, con alteración de la función respiratoria y Pleuritis: complicación terminal, que consiste en inflamación de la pleura, que es la capa que recubre los pulmones.

Trastornos reumatológicos: Debilidad muscular y Artritis.

Trastornos del agua y la sal: En fases iniciales puede haber pérdidas de sodio y agua, al haber problemas para concentrar la orina. Sin embargo, en fases avanzadas puede ocurrir lo contrario, es decir, retención y aumento de sodio y agua

Alteraciones en los iones corporales: Aumento del potasio, aunque se mantiene normal hasta fases muy avanzadas, y el calcio disminuye, lo cual tiene repercusión sobre los huesos, pudiendo producir una asociación de patologías denominada osteodistrofia renal, que engloba afecciones como osteoporosis, osteomalacia (enfermedad caracterizada por el reblandecimiento de los huesos por una calcificación defectuosa), osteítis fibrosa quística (el hueso es sustituido por tejido fibroso), osteoesclerosis (proliferación de tejido conjuntivo) y alteraciones del crecimiento óseo. La osteomalacia y la osteítis fibrosa quística provocan una tendencia a las fracturas espontáneas, resultando las costillas los huesos más afectados.

Diagnóstico y exámenes
Se establecen cinco fases de la enfermedad renal crónica, definidas por el filtrado glomerular, siendo el estadio final un filtrado menor de 15, suponiendo la necesidad de diálisis por ausencia casi total de cualquier funcionamiento de los riñones. Su detección precoz y, en lo posible, su prevención son de vital importancia por la cantidad de enfermedades asociadas y por los altos costes económicos y el deterioro de la calidad de vida en sus fases finales.

El diagnóstico de la insuficiencia renal crónica se basa en las manifestaciones clínicas que presenta el paciente, así como en las alteraciones que se pueden apreciar en los análisis de sangre, que consisten en:

• Un aumento de la urea por encima de 40 mg/dl.
• Un aumento de la creatinina por encima de 1,2 mg/dl
• Un deterioro del filtrado glomerular por debajo de 60 ml/min/1.73 m2. Inicialmente este parámetro puede estar normal y solo hacerse evidente su disminución en las fases avanzadas.
• Una disminución de los niveles de hemoglobina, hematocrito, sodio y calcio, y un incremento de fósforo, potasio y magnesio, así como de la hormona paratiroidea (PTH).

Asimismo deberá realizarse un análisis de orina donde podremos obtener datos como la presencia de sangre, de microcristales, proteínas, células, y realizar una determinación del índice albúmina/creatinina. También es de utilidad la recogida de orina de 24 h para una determinación más exacta y con valor diagnóstico y pronóstico de algunas proteínas e iones.

En una prueba de imagen (ecografía), se aprecia que el riñón ha disminuido de tamaño y presenta una alteración en su estructura habitual. Se observa un adelgazamiento de la corteza renal y puede ser útil para el diagnóstico de posibles causas como las litiasis, algunos tumores, quistes, etcétera. Mediante la ecografía doppler se determina el flujo sanguíneo tanto en la arteria renal como en la vena, permitiendo estimar una posible estrechez en el aporte sanguíneo.

Tratamiento
El especialista señala que si los riñones fallan, el paciente necesitará de un tratamiento para reemplazar las funciones que estos órganos realizan normalmente. Entre las opciones de tratamiento están la diálisis o el trasplante renal, dependiendo de la severidad del caso. Cada tratamiento tiene sus beneficios y desventajas.

Independientemente del tratamiento que al paciente corresponda, este incluye algunos cambios a su estilo de vida, entre los que está el tipo de alimentación, la realización de alguna rutina de ejercicios y la planificación de sus actividades. “Con la ayuda de los profesionales de la salud, la familia y los amigos, la mayoría de las personas con insuficiencia renal pueden llevar una vida plena y activa”, dice De Freitas.

“Además de la enfermedad renal primaria, hay otros factores que influyen en la progresión de la insuficiencia renal crónica, como la hipertensión arterial no controlada, las infecciones urinarias, la obstrucción de la vía urinaria, y la ingestión importante de analgésicos, entre otros. La insuficiencia renal crónica no tiene curación en la actualidad y, en general, la enfermedad avanza aunque se mantengan bajo control los factores de riesgo”, señala el nefrólogo De Freitas.

El tratamiento de la insuficiencia renal crónica, por lo tanto, se orienta principalmente intentar neutralizar el daño existente en el momento del diagnóstico, evitar los factores asociados a la insuficiencia renal, que puedan provocar y potenciar las lesiones renales anteriormente citadas; evitar los factores que provocan esclerosis glomerular, como el exceso de proteínas y la hiperglucemia y, de esta manera, retrasar la evolución de la enfermedad; ir tratando los síntomas y afecciones que aparezcan a medida que progresa la insuficiencia renal.

Por otro lado, es fundamental llevar un control de la nutrición en la insuficiencia renal. La conducta alimentaria en este caso busca ralentizar la progresión de la insuficiencia renal y mejorar la sintomatología urémica reduciendo la ingesta de proteínas y normalizar el equilibrio interno ajustando la ingesta de agua, electrólitos y minerales, y restaurar y mantener un buen estado nutricional. Las pautas básicas de esta conducta incluyen controlar y reducir normalmente la ingesta de fósforo, proteínas, potasio (en fases avanzadas), así como controlar y administrar la cantidad de calcio, fósforo, bicarbonato, hierro (en ocasiones se necesita eritropoyetina, más conocida como 'EPO', para controlar la anemia) y el control de la HTA; muy importante para evitar la progresión de la enfermedad.

“El Tratamiento sustitutivo de la función renal permite la supervivencia cuando la función renal aun con las medidas anteriormente indicadas es prácticamente inexistente y el paciente presenta síntomas de deterioro avanzado”, señala el médico.

La hemodiálisis es una técnica de depuración extracorpórea que consiste en poner en contacto, a través de una membrana semipermeable, la sangre con un líquido que contribuye a que se depure y se desprenda del agua excedente y de los solutos urémicos (toxinas que se acumulan como consecuencia de la disminución del filtrado glomerular). Suele practicarse tres veces por semana durante 3-5 horas por sesión, dependiendo del paciente y su situación individual.

Trasplante renal, por su lado, es el tratamiento de elección de la insuficiencia renal crónica, aunque para ello es necesario que haya un órgano disponible. España es actualmente el país en el que más trasplantes renales se practican al año, y se realizan principalmente con órganos procedentes de donante cadáver, aunque cada vez se extiende más la práctica de utilizar riñones procedentes de donante vivo (normalmente un pariente del enfermo). Es preciso que el donante (cadáver en la mayoría de los casos) no presente infecciones, cáncer, alteraciones renales, hipertensión arterial grave, ni sea portador del VIH.

“La insuficiencia renal se puede prevenir. Para mantener la salud de los riñones y evitar la aparición de insuficiencia renal es importante seguir una dieta equilibrada, beber diariamente entre 1,5 y 2 litros de agua, reducir el consumo de alcohol, y realizar ejercicio con regularidad”, enfatiza De Freitas.

Modificado por última vez elJueves, 03 Agosto 2017 14:01
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