La práctica de los primeros auxilios

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En la mayoría de las situaciones en las que se necesitan primeros auxilios, no habrá peligros que amenacen la vida de la persona. Generalmente se atenderá a un herido consciente, cuya recuperación de una herida menor o de una enfermedad no ofrece dudas. El objetivo en todos los casos debe ser el de actuar de acuerdo con un plan, determinar qué le ocurre a la víctima y ofrecerle un tratamiento rápido y correcto de una forma metódica.

De acuerdo con el documento Guía Práctica Primeros Auxilios y Emergencias, publicado por el diario El Nacional y avalado por Sociedad Venezolana de Cruz Roja, en la práctica de los primeros auxilios lo primero que hay que hacer es valorar la situación.

La primera responsabilidad del socorrista es asegurarse que la zona sea segura. “Peligros como el tráfico que pasa puede afrontarse simplemente, pero allí donde el peligro sea demasiado grande o inminente, quizá tenga que trasladar al herido, incluso con el riesgo de agravar su estado. Hágalo sólo si fuera seguro acercarse a él. No puede ayudar a nadie si usted mismo resultara herido. Sólo cuando la víctima esté a salvo puede empezar a tratar la enfermedad o herida”, señala el documento.

Se le llama socorrista a la persona que está presente o cerca en el momento del accidente y que asume las responsabilidades de valorar la situación con rapidez y seguridad, solicita la ayuda apropiada, protege de posibles riesgos al herido y a otros presentes; identifica en la medida de lo posible, la herida o naturaleza de la enfermedad que afecta a la persona; aplica a cada herido el tratamiento precoz y apropiado, tratando primero el trastorno más grave; dispone el traslado del herido a un hospital, dejándolo al cuidado de un médico o lo traslada a su casa; permanece con el herid hasta que sea atendido adecuadamente; informa de sus observaciones a quienes se hagan cargo del herido y ofrece auxilio si es necesario; impide en lo posible la infección entre el herido y su persona.

Una vez que el socorrista está convencido de que es segura la atención, el siguiente paso dentro de la valoración inicial es realizar un examen rápido a la víctima. A través de esta evaluación se debe comprobar todos los trastornos amenazadores para la vida que requieran de primeros auxilios urgentes.

Las comprobaciones que deben realizarse son:

Comprobar la conciencia: si la víctima no responde al hablarle, puede estar inconsciente. Trate de obtener una respuesta. De contrario, solicite ayuda de inmediato.

Abrir las vías respiratorias: las vías respiratorias puede estar bloqueadas por la lengua, que cae hacia atrás. Para abrir las vías respiratorias, eche la cabeza para atrás, retire toda obstrucción evidente y levante la barbilla.
Compruebe la respiración: una vez abiertas las vías respiratorias de la víctima, determine si respira. Si es así, colóquelo en la postura de recuperación. De lo contrario, insúflele vigorosamente dos respiraciones.

Compruebe si hay signos de circulación: Observe, escuche y papel para detectar si hay circulación, tos, movimiento, color normal o cualquier otro signo vital, durante más de 10 segundos.

Compruebe las hemorragias: la pérdida grave de sangre reduce la circulación a los órganos vitales y puede causar un grave estado de shock. Controle las hemorragias graves en cuanto haya establecido la respiración y la circulación. Eleve la parte del cuerpo afectada por la hemorragia si fuera posible. Si continúa brotando sangre, aplique compresión directa sobre la herida.

Establecer un diagnóstico
Una vez realizada la valoración inicial y con la seguridad de que la víctima no corre peligro inmediato, es necesario establecer un diagnóstico, que generalmente incluye un examen físico meticuloso, la historia, pistas externas, circunstancias, así como señales y síntomas.

La historia se refiere al cómo se produjo el accidente, cómo se mantuvo al herido o cómo se inició y continuó la enfermedad, incluido cualquier trastorno previo.

“Interrogue al herido, pero si estuviera inconsciente, hable con todo aquel que haya sido testigo y que pueda dar información útil (…). Procure hacerse una idea completa de lo ocurrido”, indica la guía.

En este sentido, recomienda que el socorrista tenga en cuenta aspectos como: la última vez que la víctima comió o bebió, si la víctima sufría de alguna enfermedad o tomaba algún tipo de medicamento, la cantidad de fuerza aplicada y cómo se aplicó al cuerpo, el ambiente al que estuvo expuesto al víctima (caliente, cargado, frío, lluvia, viento); la edad y estado de salud de víctima; determinar quién es la víctima, donde reside y con quién; la hora en que sufrió la herida o accidente y hora a la que se realizó el examen.

Si la víctima no puede cooperar o esta inconsciente, se deben buscar pistas externas que pueden estar en la indumentaria de la misma: por ejemplo, medicamentos, tarjeta de citas; medallas o carnet que reflejen historial de alergias, enfermedad cardíaca, diabetes o epilepsia.

Cada herida y enfermedad se manifiesta de forma característica, lo cual ayuda a identificar y establecer el diagnóstico. Esta características se dividen en dos grupos: signos y síntomas, algunos de los cuales no son evidentes y suelen ser pasados por alto.

“Los síntomas son sensaciones que experimenta la víctima y que puede describir si está consciente. (…) Si el dolor no deriva de una herida, descubra cómo y dónde se inició. El dolor grave en un lugar puede enmascarar un herida más grave  pero menos dolorosa en otro”, señala el documento.

De acuerdo con la Guía de Primeros Auxilios y Emergencias, si la víctima está consciente, debe ser evaluada en la misma posición en que se le encontró y si está inconsciente, debe procederse primero a abrir las vías respiratorias, siguiendo los pasos señalados anteriormente.

Utilice sus sentidos; vista, olfato, tacto y oído para  asegurarse de detectar cualquier hinchazón o irregularidad, o un lugar sensible.

Observe el rostro de la victima en busca de expresiones de dolor o ansiedad, palpe a lo largo de los dos lados del cuerpo al mismo tiempo y siempre examine de la cabeza hacia los pies. Pida a la victima que le describa cualquier sensación que le produzca  el tacto realizado, si siente dolor, que tipo de dolor es y si afecta sus movimientos. Pregunte si hay otros síntomas como náuseas, mareo, sensación de calor o frío, debilidad o ser.

Todos los síntomas deben ser valorados y confirmados, en busca de  signos de heridas o enfermedad.

Respecto a los signos, identifique hemorragias, decoloración o deformidad. Perciba la fuerza y el ritmo del pulso y escuche la respiración. Palpe con suavidad las partes del cuerpo que sean dolorosas, percibiendo así sensibilidad o la variación en la alineación de un hueso. Revisa si la víctima es incapaz de realizar una función normal, como por ejemplo mover una extremidad.

Una vez valorada la situación y establecido el diagnóstico, proceda a dar o solicitar el tratamiento posterior. “Cada trastorno debe tratarse metódicamente y con calma, por orden de prioridad. Tranquilice al herido y escuche lo que éste le diga. No lo interrogue, no permite que sea rodeado por la gente y evite moverlo innecesariamente.

Permanezca con el herido hasta que llegue la ayuda y según su valoración:

- Llame a un médico.
- Llame a una ambulancia o disponga de un trasporte hacia un hospital.
- Transmita el cuidado del herido a un médico, enfermero o ambulancia.
- Lleve al herido a una casa o abrigo cercano para que allí espere la ayuda médica.
- Permita que el herido regrese a casa, de ser posible acompañado.
- Aconseje al herido que vea a un médico.

 

Modificado por última vez elJueves, 11 Septiembre 2014 14:42
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