La resistencia a la insulina y la Ateroesclerosis


Las cardiopatías isquémicas son una de las principales causas de muerte en Panamá, con una prevalencia y tasa en aumento anual constante.

La causa más frecuente es la ateroesclerosis, y aunque su génesis no es claro por completo, se conoce que existen diferentes factores de riesgo para su desarrollo, siendo uno de ellos la resistencia a la insulina, relación que ha sido comprobada en diversos estudios científicos.

En presencia de resistencia a la insulina, la vía de señalización de las MAP quinasas responde normalmente a la insulina en células vasculares, con estímulo de la migración y proliferación celular, lo que conduce a aterosclerosis.

La diabetes
La diabetes es una enfermedad crónica que se desarrolla cuando el páncreas no produce insulina suficiente o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce. La insulina es una hormona que regula el azúcar en la sangre. El efecto de la diabetes no controlada es la hiperglucemia (aumento del azúcar en la sangre), que con el tiempo daña gravemente muchos órganos y sistemas, especialmente los nervios y los vasos sanguíneos.

De acuerdo con documentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de personas con diabetes ha aumentado de 108 millones en 1980 a 422 millones en 2014, la prevalencia promedio mundial de la diabetes en adultos (mayores de 18 años) es del 8.5%, cifra que es mayor en los países de ingresos medios y bajos, entre estos Panamá.

Asimismo, se estima que, en 2015, fallecieron 1,6 millones de personas como consecuencia directa de la diabetes, cifra que ha bajado -por un mejor manejo de la enfermedad- en comparación con los 2,2 millones de muertes en 2012. Según proyecciones de la OMS, la diabetes será la séptima causa de mortalidad en 2030.

La DM tipo 2 aparece en los pacientes formando parte de un síndrome más completo denominado síndrome metabólico, el cual puede describirse como la agrupación, en un mismo sujeto, de alteraciones metabólicas y vasculares o hemodinámicas que acompa- ñan a la resistencia a la acción de la insulina.

El síndrome de insulinorresistencia se asocia con un estado inflamatorio crónico y de disfunción endotelial, de evolución continua y progresiva, que confiere al paciente una alta predisposición de riesgo metabólico para desarrollar prediabetes y DM tipo 2, así como un alto riesgo aterosclerótico, que se expresa en la asociación a enfermedad car- diovascular y cerebrovascular, con una alta morbilidad y mortalidad.

En estos pacientes, la aterosclerosis comienza aceleradamente desde los estadios prediabéticos, y progresa silenciosamente por décadas antes que ocurran eventos clínicos como el infarto del miocardio o el accidente cerebrovascular. De hecho, muchos pacientes presentan una enfermedad aterosclerótica avanzada cuando se realiza el diagnóstico de DM.

El colesterol y los triglicéridos
Los lípidos son grasas que forman parte de los seres vivos. El colesterol es un lípido muy importante, que se utiliza para renovar la envoltura de las células del organismo para producir hormonas –como el cortisol o las hormonas sexuales- y para producir la bilis, que facilita la absorción de las grasas en el intestino.

El colesterol se encuentra solamente en alimentos de origen animal, como los lácteos, la carne de todos los animales y la yema de huevo. Ningún producto vegetal tiene colesterol. Sin embargo, el colesterol que ingerimos con los alimentos no es esencial, porque nuestro cuerpo produce la cantidad que necesitamos.

Existen diversas clases de colesterol, siendo los más importantes:

El colesterol “malo” (C-LDL, colesterol de baja densidad): Lleva la grasa a los tejidos y cuando está en exceso deposita gran cantidad de colesterol en las arterias.
El colesterol “bueno” (C-HDL, colesterol de alta densidad): Se le llama así porque es la fracción que retira el colesterol de las arterias y con lo cual se previenen enfermedades.

Los triglicéridos, por su lado, son otro tipo de lípidos utilizados como fuente de energía. Unos son fabricados en el organismo a partir de los azúcares y otros, ingeridos en la alimentación diaria. Cuando comemos más de lo que gastamos en la actividad física, los triglicéridos almacenan esa energía en el tejido graso del cuerpo, con el consiguiente aumento de peso.

Por su lado, los triglicéridos pueden estar formados por tres tipos de grasa:

Grasa saturada: Generalmente de origen animal, aunque algunos vegetales como el coco o los palmitos la contienen. Indirectamente hace subir el colesterol de la sangre.
Grasa monoinsaturada: Generalmente de origen vegetal (por ejemplo, en el aceite de oliva o el aguacate). Hace disminuir el colesterol de la sangre.
Grasa polinsaturada: De origen vegetal (por ejemplo, los granos) y también de los animales marinos. Una variedad de esta grasa son los llamados ácidos omega3, que brindan protección contra los ataques cardiacos.

El principal efecto del colesterol y los triglicéridos altos es la hipertensión arterial. Las placas de grasa se acumulan en el interior de las arterias, lo que dificulta el paso de la sangre a través de las arterias, y de manera crónica puede ocasionar infarto cerebral o cardiaco.

Generalmente, las personas con obesidad o sobrepeso suelen tener los niveles de colesterol elevado; no obstante, existen también casos de personas que, siendo delgadas, con antecedentes hereditarios de colesterol o triglicéridos altos, pueden presentarlo, así como las personas diabéticas.

Los niveles altos de colesterol y triglicéridos, generalmente no causan molestias directas, pero son un factor de riesgo de daño a las arterias del cerebro, corazón, las vísceras abdominales y los miembros inferiores. El paciente con colesterol elevado puede sufrir de angina de pecho, infarto en el corazón, derrame cerebral o problemas circulatorios en las piernas, que le conducirán a diversos grados de invalidez y en muchos casos a la muerte, que puede presentarse en forma repentina.

En general, se puede tratar la diabetes y los niveles de colesterol, para evitar o retrasar sus consecuencias. Todo esto puede lograrse en la mayoría de los casos a través de la modificación de la dieta y la inclusión de actividad física. Otras personas, deberán incluso agregar el consumo de medicamentos. Siempre de la mano de la guía y supervisión de un especialista.

Por Dra. Guadalupe Pérez – Endocrinología

Modificado por última vez elMiércoles, 27 Febrero 2019 15:15

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