Los equipos electrónicos y los niños

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Muchos decimos que los niños de hoy nacieron con un “chip” diferente, tratando de referirnos a sus capacidades – que parecieran venir ya programadas- para dominar con facilidad y de manera autodidacta cualquier equipo electrónico como tabletas, celulares, consolas y computadoras. Es tanto así, que es común ver niños de tan sólo 2 ó 3 años con los celulares y las tabletas de sus padres en las manos; y a niños de 6 con equipos similares, ya de su propiedad.

Su uso cada vez más frecuente en la actualidad no sólo se debe a esa capacidad, sino a la decisión que parecen haber tomado los padres de hoy, de tratar de brindar entretenimiento a sus hijos a través de estos equipos, sin cuestionar previamente si esto es positivo para ellos. En este sentido, cabe la pregunta ¿pueden los equipos electrónicos influir en el desarrollo de la psique de un niño?, ¿cómo? De acuerdo con la magister en psicología clínica infantil Ana Gabriela Díaz Lamboglia la respuesta es un rotundo si.

“Por supuesto que los equipos electrónicos influyen en el desarrollo cerebral de un niño. De hecho puede beneficiarlo o perjudicarlo dependiendo de buen uso o abuso de los mismos. Así como toda experiencia que tiene el niño se convierte en aprendizaje, de la misma manera los equipos electrónicos ofrecen al niño un sinfín de oportunidades para ampliar sus conocimientos y destrezas. Sin embargo, el manejo y uso de los mismos debe ser regulado y supervisado por los adultos responsables de la crianza del niño, ya que de no ser así, las consecuencias pueden ser negativas sobre todas las áreas de desarrollo: cognitivo, emocional, social”, señala.

Los efectos
Para Díaz Lamboglia, las posibilidades de que los equipos electrónicos puedan traer consigo consecuencias negativas y perjudiciales para el desarrollo del niño, se debe principalmente al abuso, uso inadecuado y excesivo de estos dispositivos. Estos daños no sólo son físicos, entre los que están los dolores de espalda y de cabeza, los problemas de visión y mayor riesgo de obesidad (por el sedentarismo); sino también de tipo cognitivo, emocional y social, como la dificultad para prestar atención y concentrarse en tareas, un mayor nivel de agresividad e impulsividad, disminución de la capacidad de autorregularse (controlar las propias conductas y emociones, tendiendo a explotar con episodios de ira, llanto, etc.), baja tolerancia a la frustración, trastornos del sueño (insomnio durante la noche, pesadillas), sensación de cansancio durante la jornada escolar, bajo rendimiento académico (si el uso que le da el niño es prioritario a sus responsabilidades escolares) y dificultades con las habilidades sociales (ya que se enfoca en el dispositivo y deja de relacionarse con su entorno).

“Durante la infancia los niños se ubican en una etapa en la que están aprendiendo a relacionarse y vincularse con los demás. Al darles una tableta o un celular, a edades tan tempranas, los limitamos a que desarrollen estas habilidades básicas. Al utilizar cualquier tecnología rompemos toda comunicación con quienes tenemos alrededor. Por ende, al estar ‘ensimismado’ no hay posibilidad de poner en marcha la empatía, el diálogo y la interacción social. Es más, al utilizarlo desmedidamente, el niño se acostumbra a la satisfacción inmediata, ya que en un click puede conseguir y lograr todo lo que él quiera de manera instantánea”, explica.

Según la psicóloga clínica, este escenario crea un conflicto con la realidad y, por ende, los niños se afectan emocionalmente, porque es evidente que en este mundo todo tiene su tiempo y hay que tener paciencia. Además algunos no desarrollan la capacidad de resolver problemas, ya que si pierden en un juego o se aburren de ver un video simplemente, lo cierran con un click o empiezan otro juego sin tener que pensar y analizar más allá. La experta enfatiza en que esto último es de gran importancia para el desarrollo adecuado de un niño.

Respecto al impacto del uso de los dispositivos electrónicos en el desarrollo cognitivo, Díaz Lamboglia afirma que estos pueden ayudar asó como afectar. Estos equipos puede ayudar a la capacidad cognitiva cuando se utiliza por un tiempo prudente según la edad del niño y cuando el contenido al que se accede es acorde para su edad. También cuando se trata de temas culturales, educativos, pedagógicos. Afirma que hoy día, existen muy buenas opciones de contenido beneficioso para los pequeños de la casa.

Asimismo, puede impactar negativamente la capacidad cognitiva cuando el tiempo de uso es excesivo, cuando el contenido al que accede el niño es inapropiado y perjudicial para su edad, cuando no hay control y supervisión del manejo que este mismo les da a los equipos. “Esto ocurre porque todo dispositivo electrónico está repleto de estímulos visuales y auditivos que van a alta velocidad. Esto estimula y excita al cerebro a un nivel tan elevado, que a la larga puede ser perjudicial sobre todo para la atención, concentración y memoria. Por eso, se recomienda un tiempo prudente y controlado de uso según la edad del niño”, indica.

Díaz Lamboglia señala que no todo es negativo. Asegura que existen muchos juegos interactivos adecuados para la etapa infantil, que son una excelente herramienta motivadoras de aprendizaje y para reforzar conocimientos académicos o para aprender sobre temas nuevos; y que dependiendo del juego o actividad que se elija, se pueden desarrollar diferentes habilidades y procesos cognitivos (lenguaje, memoria, pensamiento, etc.), además de ser un opción de entretenimiento y ocio, si se usa adecuadamente.

Recomendaciones
Respecto a desde qué edad puede un niño utilizar equipos electrónicos (tabletas, celulares, consolas portátiles, laptop, computadora, etcétera) y por cuánto tiempo, la especialista se refiere a las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, que establece que los niños de 0 a 2 años de edad no deben tener ningún contacto con dispositivos portátiles, porque durante esta etapa el bebé debe desarrollar la motricidad gruesa (correr, gatear, saltar, trepar) y se da el inicio del desarrollo del lenguaje y al estar en continuo contacto con un dispositivo electrónico se limita la capacidad del niño para explorar y relacionarse el medio o entorno.

La organización definió también que los niños de entre 3 y 5 años de edad (niños en educación preescolar) deben usar los dispositivos electrónicos por un máximo de media hora diaria (30 minutos); mientras que los de entre 6 y 15 años de edad, una hora y media diaria (90 minutos), y los 16 años de edad en adelante hasta 2 horas al día (120 minutos).

“Siempre y a todas las edades (niños y adolescentes), deben utilizarlo bajo la vigilancia y supervisión de los padres o adultos responsables del cuidado del niño o adolescente”, precisa.

Modificado por última vez elLunes, 21 Agosto 2017 15:11
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