Los Médicos también son gente


Luis Santamaría es Socio Fundador de SaludPanama.com y Director General de todos sus canales de comunicación, incluyendo Web, Redes Sociales, Impreso y Televisión. Actualmente, administra la estrategia administrativa y de expansión comercial de Panasalud, S.A. y brinda consultoría de negocios en el sector salud para pequeñas empresas de servicios médicos.

Uno de los aspectos que más me llama la atención del comportamiento de muchos pacientes en Saludpanama.com es la expectativa que tienen estos con respecto a lo que los médicos y otros especialistas de la salud deberían ofrecerle. A resumidas cuentas, algunos tienen expectativas bastante excéntricas, cuando de solicitar servicios de salud se trata.

La mayoría de quienes buscan servicios de medicina y odontología en nuestros sistemas, lo hacen con el deseo de poner su salud en manos de alguien que pueda curarles. Muchas veces es suficiente la recomendación de un amigo, e incluso una buena publicidad, para que estos pacientes simplemente crean. Sin embargo, como les compartía, hay casos en los que nos cuesta un poco reaccionar.

Tenemos pacientes que necesitan ayuda de una especialista en nutrición, pero requieren que luzca prácticamente como modelo de fitness. "Si me puede mandar una foto de la licenciada por email, mejor", solicita una paciente. También tenemos pacientes que solicitan contacto con un pediatra "que esté disponible las 24 horas para consultas". Estos dos casos se suman a otros tantos, que juntos generan una lista de solicitudes especiales que en ocasiones pueden ser muy inusuales.

Lo que quiero destacar en este artículo, y lo hago desde mi perspectiva como paciente, es que a veces se nos olvida que los médicos son personas comúnes y corrientes, con la única salvedad de que eligieron una vida de servicio alrededor de las necesidades de salud del prójimo. De hecho, si existe alguna diferencia, en mi experiencia esa diferencia es que los especialistas de la salud sacrificaron mucho más tiempo de sus vidas para completar estudios y carreras profesionales extremadamente más complejas que las de quienes necesitamos de ellos.

El médico de hoy solía ser un muchacho adolescente que jugaba fútbol en la calle de al frente de su casa o una chica extrovertida que le encantaba bailar, quienes al llegar el momento de elegir una carrera profesional tomaron la determinación de aprender a curar. Al entrar a la universidad, su vida social colapsó. O se entregaban a los libros y a las enseñanzas de sus profesores, o se tendrían que ir. Afortunadamente para todos, no se fueron y hoy están a disposición de cientos que los necesitan.

El estudiante se convirtió en doctor en no menos que seis años de arduos estudios. Fue poco lo que salió de rumba y menos lo que se gastó en paseos y turismo. Conservó el idealismo de la adolescencia y lo canalizó junto con el resto de su energía en superar las duras pruebas emocionales que supone una carrera profesional que ocurre sobre el afilado borde que separa la vida y la muerte.

Al terminar sus estudios de medicina, continuó con una carrera de especialización, de unos tres años, que en la mayoría de las ocasiones le llevó lejos de casa, a interactuar con otras culturas y personas, bajo la pesada carga del trabajo pagado en calidad de aprendiz, y en las manos de mentores que no escatimaron oportunidades de llevarles a su punto de quiebra.

La competencia profesional en medicina es dura, no sólo porque son mentes educadas exigiendo cada una lo mejor y más grande de la otra, sino porque la principal competencia que tiene todo proveedor de salud es la enfermedad o padecimiento de los pacientes, que son el objeto de su trabajo. Cuando la incompetencia representa la pérdida de la vida del hijo, la madre, el hermano, la esposa o el mejor amigo de alguien, la incompetencia deja de ser una posibilidad y se convierte en un pecado capital.

Finalmente, luego de los treinta años, al menos cinco a siete años después de que otros profesionales vieron su primer dólar, el flamante especialista de la salud aparece en la escena profesional listo para ofrecer sus servicios a la población. A pesar de que generalmente se integran a la vida profesional en el sector público, nuestro sistema de salud privado les da una oportunidad, y sin embargo, el jóven especialista mantiene su enfoque idealista en la prestación de sus servicios a toda costa, sin importar el retorno que corresponde a la inversión de toda una vida en aprender a resolver un problema biológico que ha ocurrido en el cuerpo de alguien más.

Y durante todo este proceso, los médicos se han casado, tuvieron hijos, reveses comerciales, tarjetas de crédito con sobregiro, indigestiones, resfriados, neumáticos pinchados y largas filas en el banco, igual que todos los demás.

En mi vida profesional, durante la cual he trabajado casi estrictamente para los especialistas de la salud, he conocido todo tipo de doctores y sigo pensando que son gente muy especial. Hay doctores que actúan de manera altiva y rimbombante, altisonantes y ultra seguros de sí mismos, y que cuando entran al quirófano a realizar un procedimiento, lo primero que hacen es cerrar los ojos y orar por su trabajo y por la vida de su paciente. Les he visto en congresos en el extranjero, comiendo en restaurantes de tres estrellas, pero cuando el día de procedimientos es pesado, con una chicha y una empanada de la cafetería del hospital es suficiente, porque no hay tiempo para salir.

Cuando compramos servicios de salud, es bueno tener presente el hecho de que no le estamos comprando a máquinas o seres distintos a nosotros. Nuestras leyes y regulaciones son muy estrictas en lo que se refiere a otorgar una licencia de medicina, y nuestra propia idiosincrasia pone a la delantera del mercado a los especialistas de la salud que realmente se han ganado a sus pacientes con buenos resultados y el toque humano que es tan importante en la relación médico-paciente.

Más allá de los aspectos formales del profesional de la salud, cualquier otro juicio es discriminación. Al igual que sus pacientes, los médicos vienen en todas las tallas y de todos los colores. Algunos corren maratones y otros coleccionan vino. Otros, a quienes en lo personal considero que son los mejores, siguen siendo estudiantes y continúan gastando buena parte de lo que ganan en saber más y en comprender el misterio de la vida y la muerte. Sin esos estaríamos en problemas.

Al final del día, el muchacho que jugaba fútbol o la adolescente fashionista, que un día decidieron aislarse en sus estudios para llegar a ser "un doctor", a pesar de que ahora salvan vidas y curan heridas, siguen siendo personas. Se equivocan. Sangran. Se enferman. Mueren. A ellos también se les recuerda y extraña cuando ya no están, y esa similitud con Usted y conmigo es precisamente la cosa más valiosa en la prestación de los servicios de salud.

Así que recuérdelo cuando visite o busque a un doctor. Exíjale lo mejor, sí, pero no se olvide de lo más importante: mientras que a Usted como paciente y a los doctores no se les olvide que el que está del otro lado del escritorio en el consultorio también es un ser humano con deseos de tener una vida larga y feliz, todo estará muy bien.

Modificado por última vez elMiércoles, 05 Abril 2017 20:51
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