Maltrato infantil: daño psicológico de por vida


El maltrato infantil es una situación que lamentablemente ocurre desde tiempos antiguos y que sigue ocurriendo en muchas partes del mundo, situación de la cual Panamá no queda exento.

Entre enero y marzo de 2017, 588 casos de maltrato a niños y adolescentes se han registrado en el país, según cifras presentadas por la Fiscalía Especializada de Familia del Ministerio Público a inicios de abril, número que representan un aumento de los reportados en 2016, año que finalizó con 2 mil 312 casos registrados.

De acuerdo con la Fiscalía Especializada de Familia del Ministerio Público, en Panamá se reporta al menos un caso de maltrato infantil por día. El problema más grave del maltrato infantil es que en muchas ocasiones es una situación que tiende a ocultarse dentro de las familias, sin prestar atención a sus consecuencias, que no sólo son físicas sino también psicológicas, con importante impacto en la salud y bienestar de la persona maltratada.

La Organización Mundial para la Salud (OMS) define al maltrato infantil como “cualquier acción de abuso o desatención de la que son objetos los niños y adolescentes menores de 18 años, que perjudique su salud o su desarrollo”.

El maltrato infantil incluye maltrato físico, psicológico y sexual. En 1959, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) emite la Declaración de los Derechos Niñez, que incluye al maltrato como un delito penado, ya que deja serias secuelas con consecuencias médicas, sociales y psicológicas para el niño/a. En Panamá, el maltrato infantil es considerado un delito, con pena de prisión de entre 2 y 4 años, tiempo que puede llegar a 6 años dependiendo de las agravantes.

SaludPanama.com conversó con la magister en psicología clínica infantil Ana Gabriela Díaz sobre cuándo hablamos de maltrato, el impacto del mismo en el niño y su entorno y cómo identificarlo.

“El problema del maltrato infantil es que es una situación que tiende a ocultarse dentro de las familias. En ocasiones, incluso la sociedad suele justificar y normalizar este tipo de tratos hacia los niños/adolescentes al alegar que ‘a ellos también les pegaron y los trataron duro y no les paso nada’. Cuando la violencia física, psicológica o emocional alcanza niveles elevados y perjudiciales, ya estamos apuntando al maltrato”, expresa Díaz.

De acuerdo con la psicóloga clínica, cuando se habla de maltrato infantil no sólo se hace referencia al maltrato físico a menores, sino también al abuso sexual, a la negligencia y el abandono, a la explotación comercial y al maltrato psicológico o emocional. Por ende, el maltrato no tiene un espectro único en sí, sino que se divide en diferentes tipos de maltrato, todos con repercusiones negativas para el desarrollo y bienestar del niño o del adolescente.

En este sentido, existen establecidos cuatro tipos de maltrato infantil. Está el maltrato físico, que se define como “cualquier lesión física infringida al niño/a (hematomas, quemaduras, fracturas, u otras lesiones) mediante pinchazos, mordeduras, golpes, tirones de pelo, torceduras, quemaduras, u otros medios con que se lastime el niño”; y el abandono físico o negligencia, definido como “indiferencia o dejadez de las necesidades y cuidados básicos relacionados con la seguridad, higiene, alimentación, salud y educación del niño”.

Por otra parte, está el abuso sexual, que es el “uso del menor como objeto sexual, con contacto físico o sin él, por un agresor que intenta satisfacerse y que tiene mayor poder que el niño, físico, social y/o psicológico”; y por último, el maltrato psicológico o emocional, que se define como “conductas hacia el niño de hostilidad, desprecio, críticas o burlas para ridiculizarle, falta de respuesta ante sus necesidades de comunicación, entre otros”.

Maltrato psicológico y/o consecuencias psicológicas
Haciendo énfasis en el maltrato psicológico infantil, la magister en psicología infantil Ana Gabriela Díaz señala que son hechos o acciones que favorecen la depresión, desvalorización, humillación, miedos y sentimientos de culpa en el niño o adolescente.

En este sentido, puede haber tanto maltrato psicológico, como efectos psicológicos. Sin embargo, no se puede decir que el maltrato afecta la personalidad del niño, ya que según explica Díaz, no se nace con una personalidad específica formada, sino que esta se hace y se estructura a medida que el niño crece, madura y vive diferentes experiencias, y va almacenando información en su psiquismo, conforme se va desarrollando.

Lo que si es cierto es su impacto. “El maltrato infantil puede tener consecuencias psicológicas a corto y largo plazo. A corto plazo, se sabe que el maltrato causa ansiedad, depresión y temores intensos (pánico). A largo plazo, afecta el desarrollo cerebral y aumenta el riesgo de sufrir problemas conductuales, físicos y mentales, como por ejemplo trastornos alimentarios (anorexia, bulimia), consumo de tabaco, alcohol u otras drogas; intentos suicidas y comportamientos sexuales de alto riesgo, que provocan embarazos no deseados y contagio de enfermedades de transmisión sexual”, dice.

“Cuando un niño o adolescente es maltratado física y/o psicológicamente, suele ser propenso a volverse violento y a reflejar en los demás todo aquello que ha vivido. El maltrato sí afecta la psiquis del niño/adolescente y sí influye sobre la formación y desenvolvimiento de su personalidad, y en algunos casos incluso se pueden producir trastornos patológicos de personalidad y de estado de ánimo”, precisa.

Zonas de afectación
Díaz explica que desde el punto de vista psicológico, se afectan muchas áreas del desarrollo del niño: cognitivo, lingüístico, afectivo y social. Un niño que es maltratado puede desarrollar patrones de apego inseguros, poca autonomía, baja autoestima, dificultades de lenguaje, problemas conductuales como la agresividad, alteraciones del sueño (incluyendo pesadillas, insomnio, terrores nocturnos), adicción a drogas desde temprana edad, depresión, entre otros.

“Estadísticamente se dice que un tercio de los niños maltratados acaba siendo maltratador en el futuro. Es decir, que la violencia genera y educa más violencia. Igualmente, si no son ayudados a tiempo, desarrollan trastornos del estado de ánimo y de personalidad, cuyo pronóstico es reservado”, comenta.

Los signos del maltrato
Los signos del maltrato físico, de la negligencia y del abuso sexual suelen ser más evidentes que los del maltrato psicológico o emocional. Allí la importancia de poder interpretar actitudes.

La magister en psicología clínica infantil Ana Gabriela Díaz precisa que algunos indicadores o signos de maltrato psicológico o emocional son: 1) Se aprecian cambios radicales y repentinos en su comportamiento. Por ejemplo, niños o niñas que solían estar activos y alegres comienzan a mostrarse muy temerosos, callados y a buscar aislarse de sus pares o adultos, o por el contrario ahora se muestran con una inquietud motriz excesiva (hiperactividad), nerviosismo y conductas disruptivas como agresividad y rebeldía; 2) Suelen ser muy dependientes e inseguros producto de su baja autoestima, por lo que buscan siempre aprobación y aceptación por parte de las demás personas; 3) Adicional, esta situación influye significativamente sobre el rendimiento escolar el cuál tiende a bajar. Se trata de niños que faltan mucho a clases o llegan tarde constantemente y se observa una apariencia descuidada.

Manejo
“El tratamiento para el maltrato es complicado pero posible. Una vez que la persona, en este caso un niño o adolescente ha sido maltratado y expuesto a un abanico de síntomas y consecuencias, no hay vuelta atrás. El maltrato no tiene cura, el trauma permanece siempre, pero existen posibilidades de rehabilitación y mejoramiento para la víctima”, enfatiza Díaz.

Por lo general, según la paidopsicóloga, para atender estos casos se dispone de un equipo interdisciplinario, constituido por pediatras, psiquiatras, psicólogos, incluso jueces de menores, cuerpos policiales, trabajador social, etc.

“En el caso del papel del psicólogo, el tratamiento consiste en un programa de psicoterapia individual, a través del cual se utilizan diversas técnicas terapéuticas como la terapia de juego para trabajar con el niño en busca de su mejoría. También se insertan en grupos de apoyo con niños que han pasado por la misma situación”, explica.

Díaz destaca la importancia de buscar de inmediato ayuda de un especialista cuando se percibe alguno de los síntomas mencionados y/o cuando detecta golpes, moretones o lesiones físicas en el cuerpo del niño.

“Si lo hemos detectado, es vital detener esta situación y sacar al niño/adolescente del ambiente tóxico y amenazante, y ayudarlo acudiendo con los profesionales y autoridades pertinentes”, enfatiza.

Modificado por última vez elViernes, 26 Mayo 2017 11:34
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