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Manuel Jaén y Pedro Echeverría: la cirugía cardiovascular no es un juego de niños

Manuel Jaén y Pedro Echeverría: la cirugía cardiovascular no es un juego de niños

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se entiende por enfermedades cardiovasculares (ECV) aquellas enfermedades que afectan el corazón y los vasos sanguíneos del cuerpo humanos.

Estas enfermedades son: la cardiopatía coronaria (enfermedad de los vasos sanguíneos que irrigan el músculo cardiaco o miocardio), las enfermedades cerebrovasculares  (enfermedades de los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro), las arteriopatías periféricas (enfermedades de los vasos sanguíneos que irrigan los miembros superiores e inferiores), la cardiopatía reumática (lesiones del miocardio y de las válvulas cardíacas debidas a la fiebre reumática, una enfermedad causada por bacterias denominadas estreptococos), las cardiopatías congénitas (malformaciones del corazón presentes desde el nacimiento),  y las trombosis venosas profundas y embolias pulmonares (coágulos de sangre  o trombos en las venas de las piernas, que pueden desprenderse, produciendo émbolos, y alojarse en los vasos del corazón y los pulmones).

En la actualidad, Panamá no cuenta con un estudio epidemiológico detallado de los registros de mortalidad por enfermedad cardiovascular. No obstante, indicadores de la base de datos del Sistema de Información de Enfermedades Cardiovasculares en Panamá  2001 – 2011, publicado por el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, dan cuenta de que las enfermedades cardiovasculares o circulatorias eran en 2011 la principal causa de muerte en el país.

Las mismas representaban el  27% del total de las muertes que por problemas de salud ocurrieron en Panamá durante ese año.  Segregando estas cifras, las enfermedades isquémicas del corazón  y la enfermedad cerebrovascular son la primera y segunda causa de muerte más frecuente, al representar el 9.9%  y 7.9% del total de las muertes, respectivamente.

Las enfermedades cardiovasculares pueden tener un origen congénito, como por ejemplo, mal formaciones cardíacas, o pueden ser adquiridas. Esta última tipología tiene como factores de riesgo preponderantes la herencia y los hábitos: nutricionales, consumo de tabaco y el sedentarismo.

Respecto a la prevalencia de los factores de riesgos, de acuerdo con los resultados del Prevalencia de Factores de Riesgo asociados a Enfermedad Cardiovascular (PREFEC), publicados en 2012, de una muestra de 3,590 personas evaluadas (1,074 hombres y 2,516 mujeres), mayores de 18 años de edad, el 6.4% había consumido productos del tabaco en los últimos 30 días, el 24.1% presentó prevalencia de presión alta, el 9.5% de diabetes mellitus, el 41.2% de hipercolesterolemia y el 27.1% de obesidad. Asimismo, el 12.5% de los encuestados realizaba poca o ninguna actividad física.

La anterior situación, aunado a la poca cultura de prevención del panameño en materia de salud,  ha traído como consecuencia el incremento de atención terciaria, ya que muchos de estos pacientes llegan a los consultorios especializados una vez presentan síntomas de alguna enfermedad cardiovascular, en ocasiones en estados ya avanzados.

El doctor Manuel Jaén, especialista en cirugía cardiovascular, torácica y vascular periférica, enfatiza en que la cirugía cardiovascular en Panamá  brinda cada día más soluciones a pacientes crónica y agudamente enfermos.

Por su parte, Pedro Echeverría, de igual especialidad y compañero de equipo de Jaén, asegura que el país cuenta con los profesionales y los equipos para atender a este significativo colectivo, ofreciéndole una atención personalizada, actualizada y de avanzada en cuanto a la tecnología, brindándoles a los mismos la posibilidad de hacerle frente a las enfermedades que padecen de la mejor manera, tratando de mejorar siempre su calidad de vida.

Una amistad que beneficia a terceros
Jaén y Echeverría no sólo trabajan juntos. A ellos los une una amistad de casi tres décadas.  Se conocieron en la Escuela de Medicina en la Universidad Nacional de Panamá y aunque cursaban años distintos compartían la pasión por esta carrera.  

La misma les volvió a unir cuando realizaban su internado entre 1989 y 1990 y posteriormente, durante cuatro años en cirugía general en el Santo Tomás y en la especialización en cardiovascular.

“En la medicina es más fácil tener colegas que tener amigos, y francamente al paso del tiempo, cuando ya no ejerzas la medicina, los colegas pasan. En ese momento,  sabrás si tenías o no amigos en este ámbito. En nuestro caso, creo que no hemos tenido que esperar a dejar de ejercer para darnos cuenta lo buenos amigos que somos”, cuenta Jaén.  

Para él, en el campo de la medicina y en especial en el de la cirugía cardiovascular, trabajar en equipo es indispensable. “Saber que se puede contar con un colega y estar disponible por sí éste necesita apoyo debe ser siempre la meta. El problema sobreviene cuando se piensa que eres mejor que tu compañero y cuando dejas de considerarte útil para considerarte importante”, precisa.

Por su parte, Echeverría afirma que la amistad que les une refuerza la cooperación entre ellos de cara a brindar una mejor atención a ciertos pacientes, que por su condición ameritan la participación de ambos como equipo integral.

“Nuestra amistad potencia los conocimientos y habilidades que cada uno tenemos de cara al diagnostico y tratamiento de pacientes con enfermedades cardiovasculares, que hoy representan la principal causa de muerte de los panameños.  Refuerza a su vez la confianza en las maneras de proceder, lo que a su vez redunda en beneficio del paciente que por ausencia de su médico principal debe continuar su tratamiento o ser monitoreado por el compañero”, señala Echeverría.

Ambos coinciden en que la medicina cardiovascular es cada día más innovadora, desde el aspecto de prevención hasta el del tratamiento. Por ello, consideran muy atinado pensar en  un centro cardiovascular, que aunque no se trate de una iniciativa nueva, para que el mismo funciones adecuadamente debe constituirse de un equipo con metas comunes.

Enfrentando esas dolorosas y poco estéticas várices
De acuerdo con diversos documentos médicos, la insuficiencia venosa crónica es una enfermedad vascular crónica,  caracterizada por la incapacidad que tienen la venas de retornar adecuadamente la sangre desde las piernas hacia el corazón, teniendo como factores de riesgos la obesidad, el sedentarismo, el género femenino,  la edad y la herencia, entre otras.  

La manifestación clínica, más habitual de esta patología son las conocidas varices: venas que se encuentran dilatadas de forma permanente y anormal y que no cumplen con su función, que es el retorno sanguíneo.

La insuficiencia venosa crónica tiene como componente etiopatogénico (causa principal del desarrollo de la patología) la hipertensión venosa, una enfermedad multifactorial, de alto componente hereditario y cuyos factores de riesgos favorecen la generación de varices.

De acuerdo con el doctor Manuel Jaén, especialista en cirugía cardiovascular, torácica y vascular periférico, la insuficiencia venosa crónica es una enfermedad crónica que afecta tanto a hombres como a mujeres, teniendo estas últimas una mayor incidencia.

“Suele ser una patología insidiosa; es  decir, que no muestra mayores síntomas y problemas hasta encontrarse en estado avanzado, como por ejemplo la presencia de úlceras, flebitis, tromboflebitis, cambios de coloración permanentes de la piel, erisipela,  entre otras. Por ello, en ocasiones los pacientes no le prestan atención tempranamente, lo cual genera complicaciones en la medida en que avanza la enfermedad”, explica.

Causas y síntomas
En un paciente sano, las válvulas de las venas profundas de la pierna mantienen el flujo de la sangre hacia el corazón, lo que evita que la misma se acumule en determinados lugares. En las venas varicosas o várices, estas válvulas están dañadas y en ocasiones, son inexistentes. Esta condición produce que las estas venas permanezcan llenas de sangre, principalmente al estar de pie.

La insuficiencia venosa crónica puede ocurrir debido a la obstrucción parcial de las venas o a las filtraciones de sangre alrededor de las válvulas venosas. Los principales factores de riesgo para el desarrollo de la misma son: la edad, ser de género femenino (debido a los niveles de la hormona progesterona), ser de estatura alta y factores genéticos.

Antecedentes de trombosis venosa profunda en las piernas,  obesidad, embarazo,  permanecer mucho tiempo de pie o sentado también pueden ser causantes de esta afección.

Un paciente con insuficiencia venosa crónica presenta como síntomas dolor intenso, pesadez o calambres; picazón u hormigueo e hinchazón en las piernas. Asimismo, el dolor empeora al ponerse de pie y mejora tras el levantamiento de las piernas.

El cuadro clínico también puede incluir enrojecimiento de piernas y tobillos, cambios en el color de la piel alrededor de los mismos, venas varicosas superficiales, engrosamiento y endurecimiento de la piel en las piernas y en los tobillos (lipodermatoesclerosis) y úlceras en las áreas ya citadas.

Tratamiento
El doctor Jaén señala que el manejo para tratar esta enfermedad depende del estadio; es decir, de la fase en la que se encuentre.  

Sin embargo, existen unas medidas que ayudan a mejorar la insuficiencia venosa como el uso de medias de descanso para disminuir la hinchazón, evitar estar de pie o sentado por períodos prolongados, al estar sentado mover ligeramente las piernas, lo cual ayudará a que la sangre de las venas retorne al corazón; y tener cuidado con las heridas sí las mismas presentan úlceras abiertas o infecciones.

Según el especialista, en algunos casos se puede recomendar la cirugía, la cual estaría dirigida a extirpar las venas varicosas, siempre que el paciente presente: dolor de piernas, que puede hacer que éstas se sientan pesadas o cansadas, úlceras o llagas en la piel causadas por flujo sanguíneo deficiente en las venas, y/o engrosamiento y endurecimiento de la piel de las piernas y los tobillos (lipodermatoesclerosis).

No obstante, “la tecnología avanza, y de ello es testigo la enfermedad venosa. Durante más de seis décadas, la safenectomia era el tratamiento a realizar en pacientes que padecían de insuficiencia venosa crónica en sus fases avanzadas y sintomáticas que requerían tratamiento quirúrgico.  Se trata de una  técnica efectiva ciertamente, pero dolorosa en ocasiones, de lenta recuperación y con necesidades de hospitalización, dependiendo de los casos”, señala el doctor.

Con la safenectomía se removía de manera completa la vena safena interna o externa a través de incisiones en la pierna e ingle del lado afectado en el paciente.

Hoy, los avances médicos permiten sellar ese reflujo, sin tener que eliminar la vena. Por ello, de acuerdo con Jaén, cuando no está documentada la necesidad de llevar a cabo una cirugía, la utilización de la radiofrecuencia continúa siendo una alternativa eficaz, ambulatoria e indolora, que provee al paciente de una inmediata recuperación, al realizarse sin incisiones.

Con la radiofrecuencia, se produce una lesión controlada sobre la vena que presenta la afección, la cual de manera progresiva se va fibrosando, retrayéndose en tamaño y secándose hasta desaparecer.

Este procedimiento, existente en el mercado desde hace más de 15 años, tiene unos resultados alentadores, cercanos al 99% de éxito.

“Las consideraciones estéticas siempre están presente en la insuficiencia venosa crónica, ya que los cambios que a la postre esta enfermedad puede ocasionar en la piel son antiestéticos”, enfatiza Jaén.

La arteriografía: pieza clave en el diagnostico de ECV
A juicio del doctor Echeverría: “Ningún paciente debe ser sometido a una amputación de extremidad o parte de esta, sin realizarle primero una arteriografía o un estudio vascular y haber sido evaluado por profesional idóneo y experto en esta materia”.

La arteriografía es un examen imagenológico de diagnóstico, que utiliza rayos X y un tinte especial para observar el árbol arterial de manera completa, permitiéndole al especialista cardiovascular identificar donde están las lesiones que causan los problemas que aquejan al paciente.

Echeverría explica que con los resultados de la arteriografía, se puede determinar sí existen opciones para el paciente que tiene –por ejemplo- arteriopatías periféricas, y por ende algún grado de compromiso en una o las dos extremidades inferiores.

“Usualmente existen opciones para estos pacientes, no siempre para evitar la amputación, pero sí para reducir el grado de magnitud de este procedimiento. Por ejemplo, a un paciente con una lesión en el muslo se puede colocar un stem en la arteria o dilatar la misma mediante el uso de un balón o angioplastia. Aunque de la rodilla para abajo presente una enfermedad que quizá no pueda ser tratada, gracias a esta intervención de revascularización cambiamos la opción de realizar una amputación por encima de la rodilla por una, quizá, a la altura del pie o de un dedo”, indica.

Frente a lo anterior, parece que la arteriografía es el gold standard para el diagnostico de afecciones vasculares, ya que al permitir visualizar todo el árbol arterial, brinda también la posibilidad de detectar otras lesiones o afecciones por las cuales el paciente no había llegado a consulta o que incluso, no las había reportado al momento de la entrevista.

Según el doctor, entre el 10 y el 30% de los pacientes que padecen enfermedad arterial periférica, presentan además afección vascular de otros territorios, como el corazón y las arterias del cerebro.

Asimismo, el 10% de los pacientes que tienen enfermedad coronaria, tienen a su vez aneurismas de aorta, mientras que entre el  10 y el 15% de los pacientes que con afecciones coronarias, tiene afección carotidia; es decir, de la circulación que va hacia el cerebro.

“Independientemente de cuál sea el territorio, el paciente que se vea en consultorio por una afección vascular debe ser evaluado de manera integral. Se debe revisar cómo están los pulsos, los lechos vasculares superiores e inferiores, y además hacer un estudio para revisar como está la circulación que va hacia el cerebro, es decir, la circulación carotidia”, señala.   

“No porque el paciente llegó con una dolencia en las piernas, nos vamos a olvidar de revisarle el corazón, porque entonces, cuando lo sometas a una operación en las piernas, el paciente –por ejemplo- se te infarta porque nunca se le preguntó si quiera si le dolía el pecho cuando hacia ejercicio o cuando caminaba. Estas afecciones pueden estar relacionadas y no respectan territorios, por ello hay que evaluar al paciente cardiovascular como un todo”, agrega.

El tratamiento varía dependiendo de lo comprometido que esté el paciente y puede ir desde un simple tratamiento médico conservador que incluye medicación, dieta especial o balanceada, control de la azúcar, rutinas de ejercicios, hasta tratamiento endovasculares que contemplan el uso de balones de dilatación (angioplastías) o colocación de stem, y la cirugía. Esta última, estaría dirigida a la remoción de coágulos que obstruyen las arterias de la extremidad o la colocación de bypass a diferentes arterias del sistema.

Los tratamientos o terapias endovenosas se realizan de manera ambulatoria, con anestesia local y sedación. “Por tratarse de tratarse de procedimientos con menor grado de invasión, la recuperación del paciente es mucho más rápida, permitiéndole al mismo regresar a sus rutinas prontamente”, señala Echeverría.

Por otra parte, el doctor indica que en el caso de las enfermedades cardiovasculares, la atención del paciente debe ser integral; es decir, que incluye no sólo el diagnostico, sino también el tratamiento y la rehabilitación y que de este conjunto de acciones y su efectividad depende se mejore o no la calidad de vida del paciente.

“Como en toda enfermedad, el paciente juega un papel importante en su recuperación. Nada se logra con un diagnostico efectivo, si posteriormente el paciente no colabora con lo que al mismo le corresponde cumplir durante el periodo de tratamiento y el de recuperación. De ellos también depende mejorar sus condiciones de vida”, destaca.

No obstante, en vista de que las enfermedades cardiovasculares a pesar de poder entrar en periodos de remisión no son curables, el especialista enfatiza en el papel que juega la prevención en el desarrollo de las mismas y control de sus consecuencias.

“Para no llegar a la condición que en el campo de las enfermedades cardiovasculares llamamos la tormenta perfecta -mayor de 50 años, fumador, hipertenso, hipercolesterolemio, obeso y sedentario- es necesario cuidarse desde muchos años antes. Nuestro error está en no darle importancia a la prevención. No se trata de ir al médico una vez al año nada más. Es tomarnos el tiempo necesario para hacernos todos los chequeos correspondientes a determinar con certeza cuáles son nuestras condiciones de salud”, precisa.

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Modificado por última vez elLunes, 16 Junio 2014 11:26
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