¡Mi hijo no quiere ir a la escuela! ¿Qué hago?


Si nos ponemos en el lugar de nuestros hijos, todos en algún momento de nuestra escolaridad no tuvimos ganas ni motivación por ir a la escuela. Ante estas eventualidades, se debe tener en cuenta que para un niño el entorno familiar es dónde se siente más cómodo, relajado y protegido, mientras que la escuela es en sí un contexto más exigente, estructurado y rígido.

En la escuela, el niño debe desenvolverse sin la protección y seguridad que sus padres y familiares cercanos le brindan, por lo que es razonable que en ocasiones esto le resulte difícil y sencillamente trate de evitarlo. Esto puede ocurrir en cualquier momento; sin embargo, la experiencia indica que es más común en niños entre 5 y 7 años de edad, y de entre los 10 y 13 años de edad, que son momentos en que estos enfrentan nuevos retos y cambios.

Cuando un niño llora y patalea, expresando que no quiere o no le gusta ir a la escuela, muchos padres se preocupan y no saben cómo actuar. La verdad es que la causa o motivo por el cual los niños no quieren ir a la escuela puede ser muy variado. Entre los motivos más comunes encontramos:

- Aún se encuentra en un periodo de adaptación (algunos niños se adaptan fácilmente, mientras que otros tardan semanas).

- Siente mucho cansancio (se acuesta tarde y no descansa lo suficiente o le da pereza)

- Acoso escolar (algún compañero le pega, lo intimidada o lo hace sentir incómodo)

- Ansiedad (temor y nervios ante la separación de sus padres y ante lo desconocido)

- Tiene temores específicos (por alguna experiencia en particular que vivió por ejemplo)

- Falta de motivación escolar (poco interés, apatía, aburrimiento)

- Dificultades de relación o interacción social entre pares (escasas habilidades sociales y de convivencia)

- Alta exigencia académica (estrés por contenidos muy difíciles o cuando el colegio le está pidiendo más de lo que el niño es capaz de procesar y entender en algún momento)

- Dificultades académicas (cognitivas, lingüísticas, sensoriales, etc.)

- Acontecimientos recientes y relevantes como el divorcio de los padres, el nacimiento de un hermano, un cambio de domicilio o país, la muerte de algún familiar, entre otros.

Cuando el no querer ir a la escuela es un evento esporádico, la manera adecuada de ayudar a tu niño es inicialmente conversando con él sobre el tema, intercambiando emociones y validando lo que está sintiendo. Luego hacerle entender la importancia de ir a la escuela y darle la tranquilidad y confianza de que juntos buscarán la forma de solucionar el problema.

Si en cambio, el problema se intensifica y persiste en el tiempo, existen determinadas señales que te ayudarán a detectar qué le está sucediendo al niño. En ese caso, con la ayuda de un psicólogo clínico o especialista infanto-juvenil y la colaboración de sus maestras podrás explorar, comprender y brindarle la ayuda oportuna que necesita.

Por Mg. Ana Gabriela Díaz Lamboglia – Psicología Clínica Infanto-juvenil

Modificado por última vez elMiércoles, 18 Abril 2018 19:03
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