Miopía: causas y tratamientos


La miopía es uno de los 4 defectos refractivos que tiene la visión y que puede desarrollar una persona a lo largo de su vida. 

En este caso, se denomina miopía al defecto refractivo se manifiesta en una persona cuando no puede enfocar bien su visión sobre la retina y percibe borroso los objetos lejanos. Se debe a que la imagen se forma delante de la retina, bien sea porque la córnea, el cristalino o ambos son muy potentes, o bien porque el ojo es más largo de lo normal.

Se considera que el origen de la miopía se encuentra en variaciones biológicas del sistema visual, que producen un fallo en la correlación entre los diferentes componentes del ojo (curvatura corneal, potencia del cristalino, longitud axial y profundidad de la cámara anterior). Por ello, es posible que pueda presentarse desde la infancia y que su grado aumente con el paso del tiempo al producirse cambios en la graduación del ojo.

Por regla general, la miopía tiende a estabilizarse a partir de los 18 años de edad. Puede también presentarse asociada a otros defectos refractivos, como el astigmatismo (astigmatismo miópico) y la presbicia o vista cansada.

Síntomas y causas
El principal síntoma de la miopía es la visión clara y detallada de los objetos cercanos, pero la visión borrosa o desenfocada de los objetos que se encuentran a una cierta distancia.

Otros síntomas pueden ser: Entornar los ojos para ver los objetos lejanos, acercarse a los objetos para verlos, fatiga visual y dolores de cabeza.

Además de los factores estructurales del sistema visual, señalados con anterioridad, la miopía puede deberse a otras circunstancias:

Genéticas: En muchos casos, la aparición de la miopía se vincula a factores hereditarios. El hijo de uno o ambos padres miopes tiene altas probabilidades de que también lo sea; sin embargo, es imposible predecir la aparición de este problema refractivo estudiando únicamente los antecedentes familiares.

Patológicas: Algunas enfermedades pueden producir miopía de forma temporal o permanente, como por ejemplo la diabetes, el queratocono o algunos tipos de cataratas.

Ambientales: De acuerdo con algunos estudios, trabajar con dispositivos electrónicos con una luz ambiental no adecuada o durante demasiado tiempo o desarrollar pocas actividades al aire libre (especialmente durante la infancia) pueden ser factores que estén involucrados con el proceso de aparición de la miopía.

Tóxicas: El consumo de ciertas sustancias puede provocar alteraciones temporales o definitivas del proceso de la visión.

Diagnóstico y opciones de corrección
El diagnóstico de la miopía se logra durante un exámen oftalmológico estándar, que suele incluir las siguientes pruebas: Examen de la refracción, evaluación de la agudeza visual, medición de la presión intraocular, análisis de la percepción cromática y visión binocular, examen del fondo de ojo (sobre todo de la retina), evaluación de la motilidad ocular (movimientos del ojo), por ejemplo, para conocer si el paciente tiene estrabismo.

La miopía no se trata, porque no es una enfermedad. Al tratarse de una condición, un defecto, debemos hablar más bien de opciones correctivas. Esto se logra a través de diferentes técnicas como Lasik, PRK/Lasek o implantación de una lente intraocular, dependiendo de las características fisiológicas de cada paciente.

El médico oftalmólogo es quien diagnostica y analiza las particularidades de esta condición, en cada paciente, durante la consulta y quien indica qué tipo de opción de corrección es la más adecuada para cada caso.

Por Dra. Maritza López - Oftalmología

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