El cáncer de cérvix es una de las enfermedades con mayor potencial de prevención en la medicina moderna. Según explica el Dr. Roberto Lewis, hoy contamos con herramientas suficientes para reducir su incidencia de forma significativa, e incluso acercarnos a su erradicación si se aplican correctamente.
El principal factor asociado a este cáncer es el Virus del Papiloma Humano (VPH), una infección común pero prevenible. La vacunación temprana, idealmente antes del inicio de la vida sexual, permite proteger contra los tipos de virus responsables de la mayoría de los casos de cáncer cervical. Sin embargo, también puede aplicarse en la edad adulta, ofreciendo beneficios importantes.
Además de la vacuna, el seguimiento ginecológico regular es fundamental. El papanicolau (PAP) permite detectar cambios celulares en etapas tempranas, incluso antes de que aparezcan síntomas. Esto es clave, ya que las lesiones iniciales suelen ser completamente asintomáticas.
Un punto importante que aclara el especialista es que el PAP no detecta directamente el virus, sino las alteraciones celulares que este produce. Por eso, una prueba normal no excluye la posibilidad de infección, y el seguimiento periódico sigue siendo indispensable.
También existen estudios complementarios como la genotipificación del VPH, que permite identificar los tipos específicos del virus presentes en el organismo. Esta información ayuda a personalizar el seguimiento y evaluar el riesgo de progresión hacia lesiones de mayor gravedad.
La prevención del cáncer de cérvix es, en gran medida, una responsabilidad compartida. Vacunación, controles regulares y educación son las herramientas que permiten actuar a tiempo. Como destaca el Dr. Lewis, detectar una lesión temprana es prácticamente evitar un cáncer en el futuro.
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