Niño obeso. ¿Quién es el responsable?


Uno de cada diez niños panameños es obeso y dos de cada diez tienen sobrepeso. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Mucho, pero de quién es realmente la responsabilidad: colegio, comunidad, gobierno o de los padres. A pesar de qué todos tengan responsabilidad, la principal de ellas es de los padres. El papel de la familia es crucial para controlar desde la infancia los hábitos alimenticios de los niños y poder así luchar contra esta condición, considerada hoy en día una epidemia.

Entonces, ¿qué responsabilidad tienen la mamá y el papá en el desarrollo de la obesidad infantil? La obesidad y el sobrepeso son perjudiciales para la salud, tanto por sí mismas, como por ser factores predisponentes para otras enfermedades crónicas, que acortan la esperanza de vida. Además, las personas obesas, en especial los niños, pueden sufrir el rechazo social y discriminación.

La alimentación poco saludable y no practicar actividad física con regularidad son las principales causas del desarrollo de la obesidad, y de otras enfermedades asociadas a esta. Pero el problema suele ser más grave en niños y adolescentes, si no se toman medidas a tiempo sobre sus hábitos, incrementando con ello su predisposición a desarrollar estas enfermedades aún siendo niño, como la diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares.

Dentro de las recomendaciones o pautas básicas de nutrición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) están: fomentar la práctica deportiva, inculcar la importancia de un desayuno completo, aumentar la ingesta de frutas y verduras, reducir el consumo de grasas, azúcares y sal; se debe agregar: pregonar con el ejemplo y tomar decisiones a tiempo.

La responsabilidad de los padres y cuidadores
La familia (padres, hermanos y abuelos) es el modelo fundamental para los niños y sus hábitos serán los que asuman como normales al verlos en ellos, por lo que está en las manos de los adultos hacer los esfuerzos necesarios para que estos hábitos sean los adecuados o mejorarlos, si en determinado momento no son correctos.

Algunos de estos hábitos son:
- Comer más fruta y verdura: hasta alcanzar la frecuencia recomendada de “5 al día”.
- Hacer las tres comidas principales (desayuno, comida y cena) en familia: es la mejor manera de supervisar a nuestros hijos y enseñarles a disfrutar de la comida.
- Desayunar variado (frutas, lácteos e hidratos de carbono integrales) y sin prisas. Los niños han de ir a clase llenos de energía.
- Cambia el orden de los factores en las comidas: modera los platos principales y potencia los habituales secundarios (purés de verduras, sopas y ensaladas)
- Hacer deporte en familia: montar en bicicleta, caminar, nadar, practicar senderismo, entre otros.

Respecto a la actividad física: siempre desde un enfoque positivo. La actividad física tiene múltiples beneficios. Si te acostumbras a hacer ejercicio todos los días mejorarás fuerza, elasticidad, resistencia y vitalidad.

Los padres también requieren de una guía, porque cada persona es diferente, incluyendo los niños, quienes no sólo tienen una contextura física propia, sino unos requerimientos diferentes si consideramos la edad, sus actividades diarias; y, por ende, requerimientos nutricionales. Por lo tanto, tomar la decisión como padre de ayudar a su hijo al acudir ante un pediatra nutriólogo, para obtener esta guía, es de mucho valor.

Inculcar pautas para una alimentación equilibrada y un estilo de vida sano está en nuestras manos. Dar ejemplo comiendo bien y haciendo deporte, hará que nuestros niños lo asuman como normal y adopten hábitos saludables para toda la vida.

Por Dra. Judith Ho – Pediatra Nutrióloga

Modificado por última vez elMiércoles, 03 Abril 2019 19:32

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