Niños desafiantes: ¿cómo enfrentarlos?


Como parte del crecimiento y desarrollo de los niños, surge alrededor del año y medio o dos años de edad las primeras manifestaciones de la identidad personal. Se trata de un fenómeno complejo en el que intervienen varios factores, desde las predisposiciones individuales hasta el desarrollo de diversas habilidades suscitadas en el proceso de socialización. En este proceso, se hace presente un patrón en el que la respuesta comúnmente expresada por el niño es un “no” a lo que se le pide.

Según la psicóloga Mariela Donato, esta fase es normal, forma parte de su ciclo evolutivo y suele remitir con los mecanismos socializadores y/o educativos que suelen usar los padres. Sin embargo, cuando pese a las normas que plantea cada sistema familiar se mantiene una insistencia de no hacer lo que los padres le dicen y además está acompañado de conducta hostil cuando se le pone límites, entonces podría ser un principio de una dificultad del niño de intolerancia a las reglas y normas. Asimismo, indica que existe un grupo de niños en los que la conducta es perseverante y el nivel de intensidad es mayor a lo esperado a su edad y/o su cultura.

“Aunque puede presentarse alrededor del año y medio y dos años, se torna más intenso a partir de los tres años de edad. Sí los métodos correctivos para modificar la intolerancia no funcionan y existen antecedentes de esta conducta en las edades antes mencionadas, alrededor de los 6 años y medio y 7 años de edad se debe considerar consultar a un especialista para determinar qué tipo de dificultad lleva al niño a seguir presentando conductas desafiantes y oposicionistas”, explica.

De acuerdo con Donato, estas manifestaciones desafiantes se observan más en niños que en niñas hasta aproximadamente la pubertad; no obstante, las tasas parecen igualarse más adelante, siempre que se trate de un diagnóstico claramente identificado.

¿Hasta dónde es normal?
La psicóloga señala que en la etapa pre-escolar, de dos a cinco años de edad, es normal que los niños tengan conductas oposicionistas, y es el proceso de socialización, de normas y reglas puestas en el hogar, el que permite al niño internalizar dichas normas de comportamiento y adecuarse al sistema socio cultural al que pertenece.

Alrededor de los seis años de edad, ya el niño entra en otro proceso de pensamiento, en el que debería responder adecuadamente a las normas que se le presenten tanto en el hogar como en la escuela, quienes también fungen como agentes socializadores.

“Si después de los seis años de edad y antes de los ocho años, el niño presenta un patrón de comportamiento recurrente y persistente de desafío a las órdenes de la figuras de autoridad
(primeramente de los padres), ignorando órdenes, discutiendo, mostrando hostilidad, podríamos estar frente a un trastorno conocido como Trastorno Negativista Desafiante”, precisa.

El Trastorno Negativista Desafiante se caracteriza por un patrón recurrente de conductas no cooperativas, negativas, desafiantes, irritables, pudiendo mostrar hostilidad por los padres, maestros y/o compañeros.

Ante cuestionamientos como ¿por qué ocurre?, ¿qué caracteriza al niño que desafía y cómo puede describirse su personalidad?, Donato enfatiza en que primero es necesario considerar tres factores: el niño, los padres y las normas y reglas.

Respecto al primero señala que todo niño nace con una combinación genética que obtiene de ambos padres, que deriva en un temperamento y base biológicamente predeterminada; que actúa con el entorno y tiene ya una predisposición biológica a responder de cierta manera; y que cuando se le da un orden tiene una tendencia biológica a responder y esto se da de manera creciente. El segundo factor se refiere a las características del padre y la madre: si son ansiosos, depresivos, autoritarios o sumisos; y el tercero, versa sobre las normas y reglas establecidas en cada hogar y los métodos de disciplina que se urilizan para corregir la conducta; si son muy rígidos, estrictos o permisivos.

“La característica principal de este niño es que se opone a todo, rompe constantemente las reglas, no tolera que se le dé órdenes, contesta, argumenta y sí se le dice ‘no’ se pone bravo. No entran en el orden de cómo hacer las cosas. Por ejemplo, llegan a la casa, no se bañan, no comen. En la escuela no le hacen caso al maestro, trasgreden los límites y pueden llegar al punto de irrespetar. Son niños impacientes, algunos ansiosos, impulsivos, con poca tolerancia a la frustración, de un estado de ánimo negativo, inconformes” acota.

“El niño siente que debe ser tratado como un par; es decir, quiere que sea tratado como un adulto, quiere que se le dé explicaciones. Además, pueden sentir un grado de frustración que lo sobre pasa cuando las cosas no se hacen a su manera y por esto, tornarse agresivos”, agrega.

La psicóloga destaca que sí se detecta a tiempo y el niño es evaluado por un profesional, puede determinarse si esta conducta iracible es una manifestación solapada de otro trastorno, como el Déficit de Atención, Trastorno del Aprendizaje o Trastorno de la Comunicación. La evaluación también provee información sobre si la dificultad se debe al niño o es un reflejo de su entorno y del sistema familiar. Por ejemplo, puede haber complicidad con uno de los padres o incongruencias al momento de poner los límites en el hogar.

Precisa además que los niños diagnosticados con el Trastorno Negativista Desafiante de no ser tratados a tiempo, pudiesen cursar en la adolescencia con un Trastorno Disocial.

Respecto a en qué momento la conducta debe ser motivo de preocupación, la psicóloga señala que los principales indicadores son: cuando los padres empiezan a utilizar un método de disciplina, pero ven que no funciona, cambiándolo constantemente hasta no saber cómo tratarlo; cuando ven cómo el niño no responde a los métodos que si le funcionan con sus otros hijos, cuando se reciben constantes quejas por parte del colegio y cuando se observa un deterioro en la relación con el niño.

“Los límites de ese desafío son el continuamente trasgredir las reglas, discutir, oponerse, retar, agredir. Cuando esto traspasa el hogar y se ve en otros escenarios, es más grave”, comenta Donato.

Respecto a qué hacer y cómo corregir la conducta (cuando no se trata de un trastorno), la especialista recomienda a los padres seguir los siguientes diez pasos.
1. Ponerse de acuerdo y establecer un nuevo sistema de reglas y normas. 
2. El nuevo sistema será el método de disciplina que utilizarán los padres, a través de acciones planeadas sobre las normas, rutinas, expectativas y consecuencias.
3. Explicarle al niño las conductas esperadas y las no deseadas, informándoselas a través una charla serena, incluyendo las consecuencias de no cumplirlas.
4. Elogiar aquellas conductas esperadas, cada vez que las presente.
5. Al disciplinar al niño, utilizar siempre un tono de voz amigable, pero firme. 
6. Sí tuvo un día difícil y está emocionalmente irritable, apóyese en el otro padre, al momento de disciplinar a su hijo.
7. Evite criticar al niño por todo lo que hace. Muéstrele conductas apropiadas.
8. Identifique las fortalezas de su hijo y apóyelo en lo que le gusta hacer. Comparta un poco más con él.
9. Cuando pasa una crisis, después que se tranquilizó converse con él, para saber qué le hizo perder el control. Ayúdelo a tomar conciencia cuando hace una conducta inapropiada. 
10. Bríndele su apoyo. Su amor lo ayudará a entender mejor las cosas.

Mg. Mariela Donato
Especialista en Psicología Clínica

Modificado por última vez elMartes, 17 Junio 2014 22:05
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