Relación entre la grasa abdominal y las enfermedades cardiovasculares


Hoy día y con bastante frecuencia escuchamos a hombres y mujeres decir: “es una pancita. La pierdo con dieta y ejercicio”. Algunos de ellos, en efecto toman las medidas necesarias para perder esa grasa abdominal, mientras que otros, por el contrario llevan a cabo acciones que no hacen más que aumentar el tamaño de eso que al inicio era una  simple barriguita.

En la actualidad, la obesidad es considerada un problema de salud pública y tener “barriga” va más allá de un simple problema estético.

El último informe publicado por la Organización Mundial de la Salud, de junio de 2012, señala que la obesidad se duplicó entre 1980 y 2008 en todas las regiones del mundo. En el caso de Panamá, el informa da cuenta de que de los 3 millones y medio de habitantes, el 60.6% padece de sobrepeso; y el 25.4%, de obesidad.

Para el momento de la publicación del informe, especialistas consultados por diferentes medios de comunicación subrayaban que las cifras del organismo internacional correspondían a cuadros de cuatro con información de cuatro años antes, lo que reflejaría entonces una realidad más preocupantes, ya que a julio de 2012 las cifras serían mayores.

El organismo internacional alerta a las autoridades sanitarias de cada país sobre la importancia de poner mayor cuidado a los trastornos de la gordura que afecta la salud de manera drástica; sin embargo, en Panamá no existe una política o estrategia nacional contra esta afección, a pesar de que las propuestas se han hecho. En 2010, un diputado de la Asamblea Nacional propuso una ley para que el Estado operara a personas en estado de obesidad mórbida, la cual no fue aprobada. Resultados de diversos estudios conllevan a plantear la siguiente pregunta, cuya respuesta inmediata es casi alarmante: ¿Tienes  barriga prominente? Cuidado, tu salud está en riesgo.

Y es que está más que confirmada la relación que existe entre la grasa abdominal y el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

El índice cintura cadera o perímetro abdominal es una medida antropométrica que se utiliza para medir los niveles de grasa intra-abdominal y que a la vez es utilizado hoy día como un marcador de riesgo cardiovascular. Su lectura reflejaría qué tan peligrosa es esa “pancita” para la salud.

Se trata de un método sencillo que consiste en medir con un centímetro el diámetro abdominal. En el género masculino, el valor límite considerado normal sano es hasta 103 centímetros, mientras que en la mujer es hasta 88 centímetros. Valores ubicados por encima de estas cifras reflejarían el inicio de riesgos para la salud, conllevando a la necesidad de poner en marcha medidas dietéticas con eventual tratamiento médico.

Hoy, si se observa a los varones, en especial mayores de 40 años de edad, podrá verse un abdomen prominente con piernas delgadas y poca glúteo, debido a que tienen mayor concentración de grasa en abdomen, condición que es más frecuente –y más riesgosa- que en las mujeres, quienes presentan menos abdomen por la distribución natural de la grasa, que está dada a presentarse en caderas y piernas. En éste último caso, aunque tenga mayor índice de masa corporal y de grasa, si el diámetro abdominal está dentro de los límites tendría menos riesgo cardiovascular, considerando que no haya riesgos agregados.

Por otra parte, se conoce que las hormonas sexuales regulan la composición corporal, la distribución del tejido graso y la proporción de tejido muscular/masa grasa. Es por ello, que las mujeres que se encuentra en la etapa de la menopausia presentan un cambio de composición corporal: cambia el metabolismo de las lipoproteínas, el de los lípidos y comienzan a aumentar de peso. Esto refleja que el incremento del índice de masa corporal aumenta con la edad.

Un abdomen prominente, que incluye un aumento del diámetro de la cintura o acumulación de grasa en el abdomen, está reflejado en el incremento de la grasa intra-abdominal o llamada también grasa visceral (se acumula, en hígado, intestino, etc.), la cual puede medirse mediante la utilización de una tomografía o resonancia, e indica o no riesgo cardiovascular.

La relación y los riesgos

El cardiólogo Daniel Pichel explica que la grasa abdominal tiene muchos efectos metabólicos. “La acumulación de grasa abdominal es responsable de la resistencia a la insulina que, a su vez, aumenta la glucosa y la presión arterial, por ejemplo”.

Según el especialista, la obesidad abdominal es el elemento básico para el diagnostico del Síndrome Metabólico que comprende también incremento de los niveles de glucosa, elevación de presión arterial, aumento de de triglicéridos en la sangre y reducción de los valores de HDL.

Se denomina Síndrome Metabólico (también conocido como Síndrome X, Síndrome Plurimetabólico, Síndrome de Insulinorresistencia, Síndrome de Reaven o CHAOS en Australia) al conjunto de varias enfermedades o factores de riesgo en un mismo individuo que aumentan su probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular o diabetes mellitus.

En los Estados Unidos, de acuerdo con las definición de Síndrome metabólico hecha por la NCEP (siglas del inglés: National Cholesterol Education Program-Adult Treatment Panel III), alrededor del 25% de la población mayor de 20 años de edad padece del Síndrome metabólico, el punto en el que el individuo tiene la concomitante característica de obesidad central (localizada en el abdomen) y una resistencia a la insulina.

Respecto de los perfiles de la edad de los candidatos a padecer de Síndrome Metabólico, éste ha bajado. Antes se hablaba de pacientes cuyas edades superaban los 60 años, ahora el grupo de riesgo está situado en torno a los 35 años y esto parece deberse a que desde etapas muy tempranas de la vida, las personas adoptan malos hábitos de alimentación y escaso ejercicio físico.

En Panamá, en 2011, autoridades de salud y del Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá activaron la alarma al revelar a través de un estudio el incremento de entre 10 y 20% de casos de Síndrome Metabólico con altos niveles de colesterol, diabetes e hipertensión,  en una población que es obesa en 50 por ciento o proclive a la obesidad.

El doctor Pichel señala que la grasa abdominal requiere una medición compleja utilizando técnicas de tomografía y resonancia magnética.  Sin embargo, afirmas que la medición del perímetro abdominal tiene excelente correlación con la cantidad de grasa dentro del abdomen.

 “Si las mujeres tienen una cintura mayor de 88 cm y los hombres mayor de 103 cm, se considera que tiene aumento de grasa intra-abdominal.  En general, en la medida que aumenta la cantidad de grasa aumenta el riesgo cardiovascular, en ambos géneros.  Sin embargo, las mujeres tienden a tener mayor acumulación de grasa hacia las caderas y no hacia la cintura, por lo que el efecto sobre los riesgos cardiovasculares es menor”.

Por otra parte, reitera que la edad por sí misma es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares.  Precisa que la obesidad abdominal produce cambios metabólicos en personas a todas las edades.  “Incluso, se describen cuadros clínicos típicos de Síndrome Metabólico en adolescentes obesos.  Estos muchachos, tienen mayor incidencia de enfermedad cardiaca cuando llegan a la edad adulta”.

Prevención y tratamiento

Respeto a las posibilidades de reducir los riesgos una vez la persona decide reducir la grasa intra-abdominal, que ya superaba los valores límites, mediante dietas y ejercicios o tratamientos de otros tipos, Pichel asegura que son perfectamente alcanzables.

“La relación entre la cantidad de grasa abdominal y los riesgos cardiovasculares es tanto para el aumento como para la disminución. Con esto quiero decir que la reducción de grasa abdominal también reduce el riesgo de desarrollar eventos cardiovasculares. Sin embargo, hay que entender que una persona que ha tenido obesidad por mucho tiempo, que ha ocasionado acumulación de placa en las paredes arteriales, lograra frenar (al menos parcialmente) el progreso de la enfermedad.  Aunque es muy poco probable que se limpien las arterias”, señala.

La persona que sufre del Síndrome Metabólico tiende a tener daños en órganos como ojos, cerebro, vasos sanguíneos, riñón y corazón y la mala alimentación es el factor fundamental en el hecho de que la tasa de morbilidad por problemas cardiacos continúe en incremento.

El cardiólogo Daniel Pichel recalca que perder peso y hacer ejercicio regular son claves para evitar o controlar los efectos del Síndrome Metabólico.

Dentro de las medidas preventivas también se aconseja el consumo de verduras, leguminosas, ácidos grasos omega 3 y omega 6, perder peso y suspender las carnes, tomar leche sin lactosa, eliminar la grasa animal y la comida chatarra.

Cabe destacar que la obesidad tiene claramente una predisposición genética y, obviamente, esto favorece la aparición de complicaciones cardiovasculares.

Modificado por última vez elMiércoles, 10 Abril 2013 14:10
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