Trastorno bipolar: entre la dualidad emocional


El trastorno bipolar es una afección mental que se caracteriza por la presencia de episodios reiterados de alteración en el estado de ánimo y los niveles de actividad. La alteración consiste en una exaltación del estado de ánimo y un aumento de la vitalidad y del nivel de actividad (manía o hipomanía); que alterna con una disminución del estado de ánimo y un descenso de la vitalidad y de la actividad (depresión).

Uno de cada 100 adultos tendrá trastorno bipolar en algún momento de su vida. Generalmente, se inicia durante o después de la adolescencia; y en muy raras ocasiones, después de los 40 años de edad. Así lo explica la médico psiquiatra Heidi Saavedra, quien señala además que el trastorno bipolar afecta por igual a mujeres y hombres.

“Los episodios de manía comienzan normalmente de manera brusca y se prolongan durante un período de tiempo que oscila entre dos semanas y de cuatro a cinco meses. Las depresiones, por su parte, tienden a durar más, teniendo una duración media de aproximadamente seis meses y en muy raras ocasiones hasta de un año o más, excepto en personas edad avanzada”, explica.

“La frecuencia de los episodios y la forma de las recaídas y remisiones pueden ser muy variables, aunque las remisiones tienden a ser más cortas y las depresiones más frecuentes y prolongadas al sobrepasar la edad media de la vida”, agrega.

Tipos, causas y factores de riesgo
Según la psiquiatra Saavedra, el trastorno bipolar se clasifica en 4 tipos:
- Bipolar I: ha habido al menos una ‘subida’ o fase maníaca que ha durado más de una semana. Algunas personas tendrán solamente fases maníacas, aunque la mayoría tendrá también períodos de depresión.
- Bipolar II: si se tiene más de una fase depresiva severa, pero solamente fases maníacas moderadas (hipomanías).
- Ciclación rápida: si se tienen más de cuatro fases en un período de doce meses. Afecta 1 de cada 10 personas con trastorno bipolar y puede ocurrir con los tipos I y II.
- Ciclotimia: los cambios de estado de ánimo no son tan intensos como en el trastorno bipolar completo, pero pueden durar más, y puede convertirse en un trastorno bipolar.

Por otro lado, la médico psiquiatra señala que las investigaciones sugieren varios factores causales para el trastorno bipolar:
Factores genéticos: Los estudios han demostrado que los hijos nacidos de padres con trastorno bipolar tienen una probabilidad de 15 a 25% mayor de desarrollar esta enfermedad, en comparación con los individuos que no tienen antecedentes genéticos similares. Además, se piensa que los hijos cuyos padres tienen un trastorno bipolar, experimentan la aparición de los primeros síntomas 10 años antes que sus padres, en promedio.
Factores físicos: El desequilibrio químico en el cerebro es el factor más dominante en el desarrollo del trastorno bipolar. Los neurotransmisores son los químicos responsables de enviar mensajes a las distintas áreas del cerebro. Cuando ocurre un desequilibrio, el riesgo de que la persona experimente la aparición de los síntomas del trastorno bipolar se incrementa exponencialmente.

Factores ambientales: Los factores ambientales pueden jugar un papel en la aparición del trastorno bipolar cuando la persona tiene una predisposición genética a dicha enfermedad. Algunos de estos factores ambientales pueden darse cuando la persona experimenta un trauma, presenta cambios importantes en su vida o es la víctima de una situación continua de abuso y/o abandono. Adicionalmente, los cambios químicos que ocurren en el cerebro cuando un individuo abusa de las drogas y/o el alcohol pueden ocasionar la aparición de los síntomas de una manera más temprana o más rápida si dicha persona tiene una predisposición genética a esta enfermedad.

“Existen factores de riesgo para el desarrollo del trastorno bipolar: antecedentes familiares de una enfermedad mental, especialmente si existen antecedentes de trastorno bipolar o depresión; antecedentes personales o familiares de abuso de sustancias nociva, ser víctima de distintos tipos de abuso o abandono o experimentar trauma severo (cuando existe una predisposición genética a este trastorno). Acontecimientos estresantes, enfermedades físicas, el parto, medicinas como antidepresivos o esteroides, períodos de no poder dormir (insomnio) y el consumo de drogas psicoactivas pueden precipitar cambios en el estado de ánimo”, indica.

Síntomas
Los síntomas varían significativamente dependiendo de si la persona está teniendo un episodio de manía o un episodio depresivo. Adicionalmente, los síntomas generalmente se manifiestan de manera distinta en los adolescentes y los adultos.

En este sentido, “la fase depresiva se caracterizaría por cambios emocionales, sentimientos de depresión que no desaparecen, ganas de romper a llorar sin ningún motivo, perdida de interés, ser incapaz de disfrutar nada, inquietud y nerviosismo, pérdida de confianza en sí mismo, sentirse inútil, incapaz y sin esperanza, ideas de suicidio, ser incapaz de pensar positivamente o con esperanza, no poder tomar decisiones simples, dificultad para concentrarse, pérdida de apetito y de peso, dificultad en conciliar el sueño, despertarse más temprano de lo normal, sentirse agotado, pérdida de interés en el sexo, dificultad en empezar o acabar cosas, incluso tareas diarias”, explica Saavedra.

En el caso de la fase maniaca, la manía es un sentimiento de bienestar, energía y optimismo. Puede ser tan intensa que afecta la manera de pensar y de juzgar. Puedes creer cosas extrañas de ti mismo, tomar malas decisiones y comportarte de manera vergonzosa, dañina y a veces peligrosa. Como la depresión, puede hacer difícil o imposible afrontar el día a día de manera efectiva. Una fase maniaca puede afectar tanto a las relaciones personales como a la vida profesional. Cuando no es tan extrema, se llama hipomanía.

“Cuando se sufre manía, se pueden notar los siguientes cambios: estar muy feliz y excitable, sentirse irritable hacia otros que no comparten su optimismo., sentirse más importante de lo normal, estar lleno de ideas nuevas y emocionantes, ir de una idea a otra con rapidez, oír voces que otros no pueden oír, sentirse lleno de energía, no querer o ser incapaz de dormir, hipersexualidad, hacer planes grandiosos y poco realistas , estar muy activo, moviéndose rápidamente de un lado para otro, comportarse de manera distinta a lo normal, hablar con rapidez (a otras personas les cuesta entender de qué se está hablando), tomar decisiones extrañas sin darles la debida consideración, a veces con devastadoras consecuencias, derrochar dinero, tratar con exceso de confianza o criticar a otras personas, estar, en general, desinhibido", dice.

De acuerdo con Saavedra, el trastorno bipolar también tiene síntomas psicóticos, que se hacen presentes cuando la fase maníaca o depresiva es muy severa. En fases maníacas, los síntomas tienden a ser ideas grandiosas sobre sí mismo, que se tiene una misión importante que cumplir o que se poseen poderes y aptitudes especiales; mientras que en fases depresivas, se puede sentir que se es excepcionalmente culpable, que es peor que nadie, o incluso que se ha dejado de existir. En ambos casos, puede haber alucinaciones (se oyen, huelen, sienten o ven cosas que otros no perciben).

Tratamiento
La psiquiatra precisa que el objetivo principal en el tratamiento del trastorno bipolar es disminuir la frecuencia e intensidad de los episodios, ayudar a que la persona se desempeñe adecuadamente y disfrute la vida en casa y en el trabajo, y prevenir la autoagresión y el suicidio.

Las medicinas son una parte fundamental del tratamiento del trastorno bipolar. Las primeras medicinas utilizadas se denominan estabilizadores del estado de ánimo, las cuales ayudan a evitar los altibajos en el estado anímico y los cambios extremos en la actividad y el nivel de energía.

“Con medicinas, es posible que empiece a sentirse mejor. Para algunos, los síntomas de manía pueden sentirse bien, como resultado de esto, la persona puede verse tentado a dejar de tomar sus medicinas o cambiar la forma como las está tomando. Pero dejar de tomar sus medicinas o tomarlas de la manera incorrecta puede provocar que los síntomas reaparezcan o que lleguen a ser mucho peores. Por ello, no es recomendable que el paciente deje de tomar ni cambie las dosis de sus medicinas”, precisa.

De acuerdo con Saavedra, en el tratamiento juega un papel importante la familia y los amigos, ya que estos pueden ayudar a que el paciente se tome las medicinas de la manera correcta; es decir, en las dosis y horarios indicados. Asimismo, esta puede ayudar a verificar que los episodios de manía y depresión se traten tan pronto como sea posible. Si los estabilizadores del estado de ánimo no ayudan, el médico puede sugerir otras medicinas, como los antipsicóticos o los antidepresivos. El paciente necesitará hacer visitas regulares al psiquiatra para hablar acerca de sus medicinas y sus posibles efectos secundarios. Los exámenes de sangre a menudo también son necesarios.

Psicoterapia y programas de apoyo
En el tratamiento del trastorno bipolar incluye que el paciente se una a un grupo de apoyo, que puede ayudarle y a sus seres queridos, considerando que la participación de los familiares y cuidadores en su tratamiento puede ayudar a reducir la probabilidad de reaparición de los síntomas.

Las habilidades importantes que el paciente y los familiares puede aprender en estos programas incluyen:
• Cómo hacerle frente a los síntomas persistentes, incluso mientras esté tomando medicinas
• Cómo dormir bien y mantenerse alejado de las drogas psicoactivas
• Cómo tomar las medicinas correctamente y saber cómo manejar los efectos secundarios
• Cómo estar atento al retorno de los síntomas y saber qué hacer cuando estos reaparezcan
• Cómo averiguar qué desencadena los episodios y cómo evitar dichos desencadenantes

Asimismo, la psicoterapia con un profesional en salud mental puede ayudar a las personas que tienen trastorno bipolar.

Expectativas
“Los períodos de depresión o manía retornan en la mayoría de las personas, incluso con tratamiento. Las personas también pueden tener problemas con el alcohol o el abuso de drogas. Igualmente pueden tener problemas con las relaciones interpersonales, la escuela, el trabajo y las finanzas. El suicidio es un riesgo muy real tanto durante el estado de manía como durante la depresión. Las personas con trastorno bipolar que piensan o hablan respecto al suicidio necesitan atención de emergencia de inmediato”, enfatiza.

En este sentido, ante la presencia de síntomas de manía, impulso de hacerse daño o dañar a otros, sentimiento de desesperación o susto, percepción de realidades inexistentes y la incapacidad de salir de cada o cuidarse a sí mismo, es necesario acudir ante un especialista.

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